-Soliloquios de El Soñante-

“La Eternidad de las Flores: La Venganza I”

Una estruendosa risa se oía por los pasillos del castillo. El cielo estaba gris, y el humo del volcán parecía mimetizarse con él.

El Rey de Cronopía era cruel y despiadado, humillaba constantemente a sus esclavos, súbditos, e incluso a los que habían creado con él aquel lugar.

-¿Quién es el Elfo Oscuro más poderoso de la tierra?- se preguntaba constantemente, y se respondía, como un loco -Yo, por supuesto-

Solía latigar a quienes desobedecieran su palabra, escupir en la cara de quien le traía un alimento que no era de su gusto, entre otras faltas a la educación y el protocolo. 

Los habitantes lo maldecían a él, y a Lolth, por ser la Diosa del zángano que llamaban Rey. Y por esto mismo la Diosa Araña se había molestado. La desgracia había llegado a sus tierras, cargadas de arañas y monstruos de la Antípoda Oscura. 
Sin embargo, el poder que ya tenía Chaman le permitía rechazar y contra atacar a las criaturas que aparecían en el horizonte de sus dominios. 

***

Lo primero que apareció ante los ojos de los Elfos -tras dejar el desierto- fue el volcán. Que el cielo estuviera nublado hubiera parecido cómodo para ellos, excepto porque a pesar de no hacer calor, la luz era mucho más molesta que con un día soleado.

“Aunrae” escucho la joven, deteniéndose al instante. “Chaman es peligroso, mas no invencible… Él lucha como tú, con dos cimitarras. Lo tienes que sorprender y humillar, que toda su sangre alimente mi hambre.” 
Una sonrisa se dibujo en su rostro, esbozó un sí con los labios, sin dejar escapar sonido alguno de su boca y retomó la marcha.

El Kaldorei la miro extrañado y le preguntó que había sucedido, pero ella sólo sonreía y le contestaba: “nada”.

Al salir el sol, se tenían a pocos metros de la puerta. Los árboles secos hacían que la podredumbre del lugar se hiciera más notoria. 

-Inírion, ve por la puerta principal. Intenta entrar de forma pacífica, yo iré por las murallas- indicó la Drow.

El muchacho asintió y comenzó a caminar. Ella corrió hacia un costado del muro. 

-Lolth- pronunció.

De inmediato comenzó a levitar, hasta llegar la cima del muro. Allí unos soldados perdían el tiempo con dados, sin percatarse de la presencia de su nueva acompañante. 
Ella les saltó encima y le cortó la cabeza a dos. Al tercero lo atravesó con la cimitarra de su mano derecha. 
Tras ella se lanzaron otros cinco soldados que venían de otro sector del muro, de los cuales partió en dos a los primeros, extendiendo sus brazos hacia los lados, luego los junto para cortar la cabeza del tercero. El cuarto venía con la espada en alto, preparándola para aterrizar en la cabeza de Aunrae. Ella lo paró con la cimitarra izquierda, y con la derecha lo atravesó. El último intentó huir, pero de un salto se puso frente a él, soltó las cimitarras y comenzó a estrangularlo con su mano izquierda, soltándolo sólo cuando sus dedos se toparon con el pulgar, y el cuerpo ya estaba inerte.

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