-Soliloquios de El Soñante-

“Cuentos de los Arboles”

“La Eternidad de las Flores: El fin”

Poco a poco el avatar de Elune dio luz a toda La Arboleda de las Lunas, dejando la noche tan clara como en un plenilunio, y así terminaba la batalla; Inirion y Aunrae habían acabado con la amenaza y ahora era tiempo de recuperar sus fuerzas, los Arbóreos se sabían vencedores gracias a su unión y fraternidad, y la Diosa Madre ahora podría bendecirlos con su eterna luz.

A pesar de que la guerra contra la Diosa Fluvial se había llevado a muchos Arbóreos y a otros inocentes, había valido la pena para acabar con la enemiga eterna de Elune, esa misma noche fueron enterrados la armadura de Paladín y el bastón de Tanavar al lado de las tumbas de otros ancestros Arbóreos como Obito e Ithilior.

La paz había sido restaurada y ahora todos podrían vivir la eternidad de las flores.

Sin embargo Inírion, a pesar de estar rodeados de sus primos y tíos se sentía realmente solo, había perdido en la guerra a su Padre y su Abuelo, la noche siguiente al final de la guerra todos los Arbóreos sobrevivientes fueron reunidos en el centro de La Arboleda, ahí el Avatar de la Diosa se hizo presente por última vez para realizar el último acto de esa guerra y el primero de la nueva época que recién comenzaba para los suyos.
-Inírion, no estés más triste, recuerda que todo lo que forma parte sucede por una razón, mi hijo Tanavar está ahora conmigo, ya no como parte del Sueño Esmeralda sino como parte de mi propia esencia, y sepan todos que siempre podrán volver a verlo, cuando en el cielo nocturno yo los acompañe, ahí estará él, tan cálido y amistoso como siempre; y a ti Inírion descendiente directo de él te corresponde guiar a los tuyos a épocas nuevas. Era necesario que salieras aquel día del que creías tu hogar, para encontrar éste lugar que es tu verdadera casa, tu verdadera familia. 

Del avatar de Elune nació un brazo de luz que toco por un momento el báculo de Inírion y después desapareció.
-Sé que sabrás conducir a los Arbóreos hacia la grandeza que está preparada para todos ustedes.

Después, Elune desapareció dejando tras de sí una estela brillante que poco a poco se esparció por sobre toda La Arboleda de las Lunas, así ella retornaba a su ambiente pacificador y misterioso, el poder de la Redentora ahora se encargaba de devolver a su última casa la grandeza de las épocas argentas, cuando Tanavar Oakwalker gobernaba sobre sus hijos.

FIN


“La Eternidad de las Flores: La última estocada II”

Confused comenzó una batalla mágica con Annawen. Los rayos de ambas chocaban entre sí, provocando una luz cegadora que detuvo al resto de guerreros. Sin embargo, Aunrae no necesitaba ver para luchar. Su ahora conmocionado corazón la impulsó a atacar directamente a la elfa.
Dio un salto y con sus cimitarras delante de ella cortó la cabeza de la sacerdotisa.

El cráneo de la enemiga rodó por el piso, y su cuerpo se vio aniquilado por el rayo oscuro y potente de la drow. 

Pero ese no era el fin. De la cabeza de la sacerdotisa emanó una neblina, hasta que la cabeza se desintegró completamente transformada en el vapor de agua. 
De aquel gas la voz de Torothal se oyó con fuerza, entre quejas y maldiciones.

-¡Y ahora, ustedes serán mis victimas!- gritó finalmente la Diosa fluvial e intento fusionarse con el cuerpo de Inírion.

El Kaldorei rechazó la neblina y comenzó a cantar, una melodía que no recordaba pero llevaba en su corazón desde siempre. Sintió el poder de la Redentora fluir por su cuerpo, una luz incuantificable que lo atravesaba y se enfrentaba directamente con su enemiga.
Por su lado, Torothal se aprovechaba del alma de Annawen que aún poseía en su neblina. Con ella se encargaba de lanzar su lluvia asesina que se enfrentaba con la luz lunar del elfo nocturno.

Más allá, los arboreos acabaron con los sacerdotes restantes, quienes cayeron muertos ante sus pies. Inírion miró a sus primos y recordó aquella frase que había oído desde siempre: “encontraran todo lo que necesiten” . En ese instante sintió algo activarse en su mente. Su mano izquierda agarró la daga lunar de su escondite y tomándola con ambas manos siguió cantando. 
Terminada una estrofa, tomó con su diestra el arma y la lanzó contra la neblina. Al chocar ambas, cientos de destellos de luz se esparcieron en todas direcciones. 

De pronto, la luz se devolvió a su lugar de origen y la oscuridad se apoderó del lunar, siendo sólo iluminado por el avatar de Elunen.


“La Eternidad de las Flores: La última estocada I”

El corazón de Annawen fue teñido completamente por el odio de Torothal. Las esperanzas de recuperar su alma fueron abruptamente destruidas en el momento en que la locura y las ideas retorcidas de su mente colapsaron, dejándola en un estado desquiciado. Ahora, ella era la victima directa de Torothal, y así mismo la diosa había sido absorbida por el cuerpo y alma de la elfa. Ambas eran una sola.

Los arboreos, juntos ahora, tomaron una posición defensiva que intentaba cubrir todos los flancos. A su vez, los sacerdotes que sobrevivieron a la matanza de las drow se pusieron al rededor de la elfa para protegerla.

La batalla comenzó como un océano de luces que se dispersaban al chocar unas contra otras, pasando de un color a otro. Todos los elfos presentes utilizaban sus poderes para contrarrestar el ataque enemigo, aumentando a cada instante el nivel de los hechizos.

Un sacerdote cayó muerto al ser alcanzado por un rayo oscuro de Confused, al tiempo que un ataque enemigo alcanzaba la pierna de Nykolas, provocándole una quemadura. Inírion junto a su abuelo lanzaron un hechizo que derribó a dos sacerdotes más, pero el ataque de los restantes mantenía ocupados a los otros arboreos.

Annawen, quien había estado preparándose, lanzó una poderosa lluvia sobre Tanavar, quien ante el contacto con cada gota parecía desaparecer un poco más. El ataque se transformó en un poderoso granizo que se encargó de destruir el cuerpo del elfo nocturno. El kaldorei, al verse en las últimas, envió todas sus esperanzas a su nieto, mirándolo con una confianza nunca antes vista al tiempo de morir.

En ese momento, Inírion viéndolo a los ojos, recordó la muerte de su padre.

Racconto – INICIO

Al llegar a su cabaña el joven Inírion se encuentra con una gran sorpresa, las ventanas permanecen a oscuras y no se nota actividad alguna al interior de ella.
-¿Qué sucede aquí? –Se detiene de golpe y comienza a caminar sigilosamente hasta lograr llegar a la puerta de su casa, entonces entra y comienza a buscar el rastro de algún intruso en ella pero no encuentra nada salvo a su padre tirada a la mitad de la sala- ¡Padre!, ¿Qué sucedió?, ¿Quién te hizo esto?
-Calma hijo –Dijo tosiendo con su voz grave el viejo Ithilior- no ha sucedido nada que no debiera pasar, ningún enemigo ha pisado nuestro hogar, es solo, que tu padre esta tan viejo que la Redentora lo llama justo ahora a su suave yugo.
-No padre, aún no es tiempo de que te marches, por favor, padre, dime que te quedarás conmigo, te necesito aquí para poder seguir, la vida aquí es demasiado dura para continuar viviéndola yo mismo.
-Eres tan cálido como lo era mi Padre durante las épocas grandes de La Arboleda de las Lunas, justo como lo recuerdo…ahora, podré reencontrarme con él ahí y podre revivir aquellas hermosas épocas en que tu –una grave tos interrumpió al viejo Elfo Nocturno causando un gran terror en su hijo, pero después de unos segundos pudo continuar- en que tu apenas eras un niño hijo, ¿Lo recuerdas?
-Si Padre, recuerdo como jugueteaba con mis primos y como el abuelo nos protegía y nos contaba historias fantásticas de su juventud, acerca del gran amor de la Diosa y de la eternidad Arbórea.
-Es justo ahí a donde iré, al Sueño Esmeralda para unirme con los míos y poder descansar en presencia de la Dama Blanca. –En ese justo momento los grandes ojos azules de Ithilior se cubren de una oscura sombra y su espíritu abandona su antiguo cuerpo, que sin el comienza disolverse en el aire-
-¡Padreee! No me dejes, ¡No! –Inírión lanza un gran lamento al ver la muerte de su padre en sus brazos y al no poder retener su cuerpo entre sus dedos-

Racconto – FIN

Los ojos del gran líder de la Arboleada de las Lunas infunde en cada corazón una emoción similar, un sentimiento de pérdida unido al deber de terminar la lucha y vencer. Como una cuchilla, y al mismo tiempo, Aunrae revive la muerte del propio padre.

Racconto – INICIO

Una neblina sobrenatural en el aire oculta todo de la mirada de ambos y solo se logra escuchar sobre el viento un sonido parecido a un gran río caminando sobre las piedras de su cauce, y entonces la Drow sabe que algo malo ocurre.

A lo lejos se escuchan navajas traspasando la carne de un viejo Drow, y la sangre corriendo sobre el césped nevado que recubre el suelo, el inmenso blanco del despoblado se impregna entonces de un guinda profundo, y sobre el cuerpo del muerto se escribe con una daga una runa en forma de nube, entonces los asesinos escapan cubiertos por la neblina sin que Aunrae o Inírion puedan verlos, luego el despoblado queda despejado y ante los ojos purpura de Aunrae aparece el cadáver de su padre.

-Padre, no –Dice Aunrae.

Racconto – FIN

 


“La Eternidad de las Flores: Río y Luna IX”

-Annawen, ¿me escuchas?- escuchó a lo lejos una voz.

-¿Nos recuerdas?- le preguntó una sombra blanca. 

Se encontraba en un extraño sitio, de un verde grisáceo, árboles y arbustos en ese tono, y un cielo oscuro. ¿Dónde se hallaba? ¿Quién era?

-Annawen- pronunció una sombra negra que se hallaba junto a la blanca.
-Yo…- respondió la elfa.
-Escucha, nosotros somos Inírion Oakwalker y Aunrae Duredspar, nos conocimos cuando fuimos a tu pueblo, ¿recuerdas?- indicó la sombra blanca.

-Annawen, ¡es una trampa!- oyó de nuevo la voz.

-Nosotros luchamos para que no destruyan nuestro hogar ni nuestras vidas, es por eso que matamos a todos los que se opusieron a ello, incluyendo a Narat- siguió la sombra negra.
-Narat…- balbuceó.

Flash Back – INICIO

La Drow tomó la empuñadura de una cimitarra. 

-Disculpa la molestia, pero, ¿Quién eres?- cuestionó Aunrae.
-Annawen del clan Inf. Pero la pregunta es, ¿Quiénes son ustedes, extranjeros?-

Flash Back – FIN

-Annawen, vuelve a ti- ordenó la voz -ellos mataron todo aquello que nos importaba-

-Detén esta tontería- replicó la sombra negra que tomaba la figura de la drow, sin cambiar su color.
-Libérate del poder de Torothal- rogó Inírion, quien se veía nítido. 

Flash Back – INICIO

-Este es el templo de la Diosa de los Ríos y las Lluvias, nuestra protectora ante las amenazas.- sentenció Annawen.

***

-Annawen, entra al templo- escucharon una voz que parecía provenir de entre el río.
-Gran Sacerdotisa, ¿qué ocurre?- preguntó asustada la Elfa Silvana.
-Has traído al enemigo a la puerta de tu casa, debo eliminarlos para nuestra salvación antes de que nuestra Todopoderosa Diosa no se enfade- le explicó la voz.

Flash Back – FIN

-¡REGRESA!- gritó la voz.

-Déjala, esta guerra no tiene sentido- dijo suavemente el elfo nocturno.
-La sangre de tu pueblo ha sido derramada en esta tontería, ¿te dejarás matar por el sueño de odio de tu Diosa?- cuestionó la drow.
-Yo… Ustedes…- la elfa silvana no sabía que pensar, remolinos de ideas revolvían su mente en un retorcido nudo que sería imposible desenredar.

Flash Back – INICIO

Narat se acercó a él con el tridente en la mano que le quedaba buena. 

-¿Vas a traicionarme tu también o te unirás a nuestra causa?- le preguntó la sirena.
-Yo…- tartamudeó, levantando el báculo -yo no te permitiré matarnos- dijo decidido al tiempo que apuntaba a la Sacerdotisa. 

Una luz blanca salió del arma y aterrizó en Narat, haciéndola desintegrarse lentamente.

-¡Traidor!- gritó la sirena -¡Torothal los perseguirá hasta el final!-

Flash Back – FIN

-Mataron a Narat… Son el enemigo- dijo al tiempo que sus ojos se humedecían.
-¡ANNAWEN!-

La elfa silvana se libró de la ilusión que Aunrae e Inírion le habían generado. Desgraciadamente su plan de salvarla de las garras de Torothal no funcionaron, destruyendo todas las esperanzas de liberar su corazón del odio engendrado por la Diosa fluvial.


“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VIII”

Acabaron con todos los asesinos y la espesa bruma comenzó a disiparse lentamente, al tiempo que los Arbóreos comenzaban a reconfortarse unos a otros pensando que lo peor ya había terminado, estaban todos reunidos a excepción de Paladín que había caído valientemente en la defensa de su hogar y de Tanavar e Inírion de quienes no tenían las más mínimas señales.

Abruptamente el cielo de La Arboleda se partió y de él cayo un enorme rayo justo enfrente de los Arbóreos, electrificando a todos y haciéndolos caer inconscientes al suelo, de ese enorme rayo apareció Annawen acompañada de los pocos Sacerdotes Fluviales que sobrevivieron a la batalla.
-Elune, la poderosa Diosa de los Arbóreos –Dijo con una potente voz Torothal por medio de su avatar viviente-
-Tú, traidora, asesina y mentirosa, sal de mi hogar ahora mismo –Le respondió rápidamente el avatar de Elune que nacía del núcleo de La Arboleda-
-¿Creíste que podías detenerme con los pobres mortales que te sirven?, eso jamás será posible, pues aunque hace muchas décadas hayas descubierto a Narat mi espía en tu hogar y aún cuando hayas creado ese ridículo plan con Tanavar y Confused para dispersar a tus hijos por todo el orbe, aún cuando lograste engañar a todos con el odio hacia esa Drow imbécil, no pudiste detenerme jamás y nunca podrás hacerlo Diosa Luna, porque mi poder no conoce fin y ahora, esta noche será la última en que los mortales verán una Luna aparecer en el cielo, porque esto termina aquí.

Annawen levanto su báculo en contra del Avatar de Elune para lanzarle una última magia, pero entonces desde la Luna Nueva que estaba en el manto nocturno bajó un claro rayo de Luna sobre el centro de La Arboleda, cegando a Annawen y a los sacerdotes que la rodeaban, aparecieron Tanavar e Inírion quien tenía en sus manos su gran bastón, una vez Annawen recobró la vista pudo ver a ambos Kaldoreis frente de ella.

-¿Qué?, ¿Qué rayos hacen aquí? Se supone que todos los Arbóreos fueron acabados por el ejército y por la mano poderosa de Torothal.
-Jamás podrás acabar con el espíritu incansable de los Arbóreos de Elune –Le respondió Tanavar quien al pisar el suelo de La Arboleda había recuperado la juventud que poseía en las épocas en que gobernaba a la comunidad-
Acto seguido Inírion levanto su báculo y de él emanaron luces brillantes que buscaron velozmente los cuerpos de los Arbóreos que yacían en el suelo, todos lograron despertar de su inconsciencia y al ver a los enemigos tan cerca tomaron posiciones defensivas.

-¡Así deba acabar con la vida de cada uno de ustedes con mis propias manos, esto terminará aquí y ahora! –Grito Annawen al tiempo que mando a los Sacerdotes atacar inmediatamente a la defensa Arbórea-


“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VII”

-Por aquí- indicó Aunrae a su abuela, mientras saltaba de un Ent a otro que se encontraba a su derecha.

La anciana drow seguía el paso de su nieta, imitando casi todos sus movimientos. Se acercaban raudamente a los sacerdotes dirigidos por Annawen, sin preocuparse por otra cosa que eliminar la ofensiva enemiga. Saltaban de rama en rama y corrían por las copas de aquellos incinerados Ents que aún luchaban por la Arboleada.

Annawen por su parte se encargaba de dirigir los hechizos en una u otra dirección, y con cual o tal magnitud. Su malicia había aumentado exponencialmente desde su encuentro con los jóvenes elfos. Torothal había recubierto su corazón con una capa oscura ante la pérdida de su anterior sacerdotisa, Narat.

Las elfas oscuras se escondieron tras los primeros Ents de la linea de ataque del ejercito. Allí inspeccionaron el área objetivo y planificaron sus estrategias. Aunrae de un salto se puso tras los sacerdotes, mientras que su abuela se ponía al frente de los Ents para enfrentar directamente.

Confused lanzó esferas de energía de distintos colores sobre el enemigo, matando a aquellos que no alcanzaron a protegerse. Por su parte, la joven drow asesinaba con el filo de sus cimitarras a cuanto sacerdote se encontraba delante de ella. Cuando la anciana notó que dejaban de morir, reforzó su ataque con un rayo oscuro que salió de sus manos, el cual mató una gran parte del ejercito. 
Cuando sólo restaban unos 5 elfos y su líder, todos se esfumaron a través de la neblina. 

Ambas elfas al notarlo decidieron volver con el resto de los arboreos.

Por su lado, el resto de la comunidad contrarrestaba el ataque de los asesinos fluviales. Todos habían sido atacados, y de un modo u otro habían sido salvados -fuera por su propia habilidad o por la ayuda de un amigo-.

Pero, de pronto, se decidieron a atacar a todos a la vez, generando una batalla que parecía tener en desventaja a los hijos de Elunen. 

Confused apareció antes de que dieran fin a la vida de Nuty, mató al asesino que le atacaba y se puso a la ardilla en el hombro. Aunrae mató a otro par con sus armas, mientras se preparaba para recibir a otros asesinos que se atrevieran a aparecer. El resto de los arboreos acabó con su oponente en un plazo no mayor al que apareció otra tropa de asesinos, listos para acabar con sus vidas.

Nyko atravesó con su espada al encapuchado que tenía enfrente, sin embargo este alcanzó a herirle el brazo izquierdo, dejándolo inutilizable. Genova, al notarlo, corrió a su lado para apoyarlo en un futuro ataque.
Por su parte, Koehnes y Nuron peleaban como pareja, espalda con espalda, de manera que ninguno fuera atacado por sorpresa. Ambos tenían sus dagas amarradas a la cintura, con el arco tensado para cualquier situación.
Gil con su báculo presto a defenderse, parecía un maestro invencible. Mas su cuerpo estaba lleno de rasgaduras y pequeñas magulladuras que le deterioraban la capacidad de combate. 

El cansancio se apoderaba de los arboreos, cada instante consumía sus fuerzas más y más.


“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VI”

Tan pronto como la neblina cubrió toda La Arboleda Confused y Aunrae se prepararon para la embestida de los enemigos, sin embargo ningún asesino se había acercado a ellas, la orden había sido clara, los sacerdotes acabarían con los Ents mientras que los asesinos irían en búsqueda de cada Arbóreo que estuviese escondido en lo profundo de los caminos de su hogar, y debido a la cercanía en que ambas se encontraban con los Ents, ningún asesino las ataco; ahora eran presa de los rayos que lanzaban los sacerdotes fluviales, los cuales se impactaban contra las cabezas de los Ents incendiándolos.

-Si esto sigue así, no tardaran en acabar con todos los Ents y la defensa de La Arboleda se terminará con ellos –Dijo Aunrae a su abuela-
-Tienes razón, debemos ir a atacar a los Sacerdotes de Torothal para evitar que acaben con estas creaturas.
Ambas Elfas se alejaron del ejercito de arboles vivientes y fueron al encuentro de los Sacerdotes que se encontraban atrincherados en las inmediaciones de la entrada de La Arboleda, desde donde dirigía sus ataques Annawen.

Mientras tanto en el centro de La Arboleda los arbóreos se preparaban para el ataque de los asesinos quienes estaban cubiertos por la neblina que los rodeaba en un círculo perfecto debido a que la Luz que emanaba del Avatar de Elune la disipaba.
-Jamás pensé que caería en una noche como ésta, pero si ha de ser así, agradezco a la Redentora que me permita caer a su lado mis amigos –Dijo valientemente Niko quien preparo sus espadas para recibir a los asesinos-
-No caeremos esta vez, no aquí en nuestra casa –Le respondió el viejo conejo Dictador al tiempo que tomaba su gran mazo con ambas manos y se colocaba a su lado-

Los demás Arbóreos, incluyendo a Elfa quien había sido rápidamente curada por Gil, formaron junto con ellos un pequeño círculo alrededor del avatar de la Diosa Luna, no para protegerla porque eso en realidad no era necesario, sino para que la luz que ella emanaba pudiera ayudarles a sortear a los enemigos.

Y de un momento a otro el primero de los asesinos apareció a una gran velocidad desde la espesa bruma con una enorme daga que tenía como objetivo el corazón de Nuron el hijo de Elfa, sin embargo éste en un rápido movimiento impacto en su frente un fugaz disparo de flecha salido de su arco de roble, tras de el asesino que ahora yacía en el suelo con un gran río de sangre fluyéndole de su frente vinieron otros más…


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río V”

Y de un momento a otro los canticos de los árboles se alternaron con el crujido de sus ramas y raíces al desenterrarse del suelo; la inmensa cantidad de arboles que existían en la comunidad siempre había sido motivo de orgullo para sus habitantes, sin embargo, pocas veces como ahora todos los Ents que habitaban en La Arboleda de las Lunas despertaban de su eterno sueño.
Muchos enemigos fueron fácilmente aplastados por los Ents que a pesar de ser extremadamente lentos poseían una fortaleza muy superior a la de los adversarios, en cuestión de minutos todo el vasto ejercito de barbaros al servicio de Annawen quedo reducido a cadáveres y restos mortales, sin embargo, Torothal aún poseía otras dos partes de su ejército: sus letales asesinos y poderosos Sacerdotes los cuales a la orden de la Sacerdotisa Fluvial ingresaron en La Arboleda para dar caza a todos los Arbóreos y acabar con los Ents que protegían el recinto.

Tan rápido como habían escuchado el canto de los árboles los Arbóreos salieron de sus refugios y se reunieron sin las elfas oscuras (que continuaban al frente del ejército de Ents) en el centro de La Arboleda en donde se encontraba el avatar de la Redentora.

-La batalla aún no termina; es necesario acabar con Torothal para que esta sinfonía de sangre logré concluirse. –Les dijo la Diosa con una dulce voz que pacificaba cualquier corazón-
-¿Pero cómo podremos asesinar a una Diosa? –Pregunto rápidamente Nuty, a quien desde siempre le había encantado preguntar cosas a la Diosa Madre por medio de Tanavar-
-Pronto llegará mi hijo con lo que necesitan para acabar con la amenaza, Torothal ha depositado todo su poder en una Elfa Silvana, sacerdotisa de ella; si logran acabar con la vida mortal de ella, el enemigo se irá de nuestro hogar para siempre- Le respondió Elune quien siempre encontraba la curiosidad de Nuty muy apropiada-
Entonces, al paso de los asesinos de Torothal una gran neblina invadió toda La Arboleda de las Lunas, a excepción de su centro dónde la luz que despedía el Avatar de Elune la dispersaba sin mayores problemas. Los Arbóreos entendieron entonces que la Diosa del río pensaba acabar con cada uno de ellos de una u otra forma tal como ya lo había hecho con Paladín.

Mientras tanto en el frente de batalla los Sacerdotes de Torothal ayudados por la espesa neblina que cubría a La Arboleda y con ella al ejército de Ents comenzó a atacarlo furtivamente con descargas de electricidad que provocaban llamas en las copas de los Ents…


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río IV”

Tal como lo había pensado Annawen el ejercito fluvial había debilitado lentamente las múltiples defensas de los Arbóreos, a excepción de las dos Elfas Oscuras que aún hacían frente a las olas de enemigos salvajes, todos los demás Arbóreos estaban dispersos, cansados y escondidos entre las penumbras, además habían logrado asesinar a uno de los seguidores de Elune y ello le provocaba una inmensa alegría a la Sacerdotisa de Torothal, sin embargo, la lucha aún no había concluido y era claro que la Diosa Luna tenía otras estrategias diferentes para defender la última de sus casas.

Tan pronto como Niko y Genova se refugiaron en un gran árbol hueco recibieron instrucciones de la Diosa Madre de esperar el canto de los árboles, así mismo Nuty, Dictador y Gil quienes se mantenían refugiados cerca del centro de La Arboleda deberían esperar a que los Árboles de su hogar comenzarán a cantar; el cuerpo de Paladín fue destrozado por las tropas enemigas y rápidamente su armadura y armas pasaron a formar parte de las improvisadas vestimentas de los barbaros que seguían ciegamente a Annawen y Torothal; por su parte Elfamaniaca al lado de sus hijos se escondió en las profundas aguas del lago al cual ella misma le había dado el nombre, con las mismas instrucciones de Elune.

El ejército de wisp convertidos en elfos silvanos y de arañas gigantes con Aunrae y Confused al frente hacía frente al ejército fluvial mientras los Arbóreos se mantenían ocultos, sin embargo éstos últimos superaban en número a los defensores de La Arboleda.

En un determinado momento cayeron los últimos soldados wisp, Aurae y Confused se vieron rodeados de un inmenso mar de barbaros sedientos de sangre.

-No moriremos en este campo Aunrae –Le dijo Confused a su nieta en quien veía su reflejo tan nítidamente como en la superficie del lago-
-Claro que no, ¡hasta el final! –Le respondió Aunrae al tiempo que atravesaba a un bárbaro con una de sus cimitarras y alzaba la otra para asestar un golpe a otro enemigo-

El ejercito se abalanzo en una avalancha viva sobre ambas elfas oscuras con toda intención de arrancarles la vida, sin embargo, justo en ese momento La Arboleda de las Lunas se cimbro sobre sí misma y el espeso bosque en el que se desarrollaba la batalla del ejercito de Torothal contra las Drows comenzó a moverse de un lado a otro y a emitir un extraño sonido, parecido al canto de los antiguos druidas…


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río III”

De pronto, sin avisar a nadie, los wisps tomaron formas de elfo y monturas para luchar contra el enemigo. Las arañas gigantes dieron su aparición rodeando el terreno cubierto para la emboscada. De un segundo a otro pasaron de ser casi diez a un ejercito innumerable.

Las tropas enemigas sufrieron bajas al caer varios grupos en agujeros gigantes construidos por las arañas. El miedo los hizo detenerse, haciendo que Annawen se preocupara de revisar el terreno antes de hacerlos avanzar. La precaución le costo una hora, en la cual más trampas fueron ubicadas en distintos lugares del bosque para la batalla.

Cuando Paladín recibió la señal, el azote contra el ejercito fluvial se hizo notar de inmediato. Troncos que chocaban contra armaduras. Magias que intentaban detener el ataque, magias que destruían las defensas del ejercito. Misiles de energía lanzados por las elfas y rocas que caían del cielo transportadas por las distintas aves granizaban en los cuerpos enemigos.

Sin embargo, Annawen lanzó un hechizo que permitió salvar a las tropas que aún vivían. El ejercito se acercó peligrosamente a los arboreos y a los wisps quienes blandieron sus espadas con fuerza.

A caballo, a pie o sobre lagartos gigantes, con y sin armadura, la guerra se delataba con un mar de sangre. Muertes de uno y del otro bando, fuego que destruía a su paso todo lo que se veía venir. Las catapultas enemigas solo cercaban un terreno de lucha del cual sería difícil escapar.

Las elfas wisp, guiadas por Elfamaniaca atacaron a la parte humana del ejercito de Torothal. Barbaras poco vestidos con escudos de madera que parecían incansables. 

Espadas chocando en un lugar y en otro al mismo instante, lanzas que volaban junto al mar de flechas. Magias que destruían decenas de legiones. Confused sentía revivir el momento de la destrucción de la Arboleada, y como en la primera vez, Tanavar no estaba. 

Junto a Aunrae habían producido cuantiosas muertes, corriendo y trepando los árboles que se dispusieran en su camino. Sin embargo, se había alejado del resto de los arboreos, quienes habían quedado en parejas o tríos. Todos a excepción de Elfa, quien por única compañía tenía a los wisps transformados en elfas silvanas.

En un arrebato, Annawen se puso a la cabeza de los humanos, enfrentándose directamente con Elfamaniaca. La sacerdotisa fluvial puso todo su rigor mágico en la batalla. Esferas de energía y llamas volaron hacia Elfa, junto con rocas que la enemiga hizo levitar.

Elfamaniaca esquivó como pudo cada ataque, hasta que libre pudo lanzar una flecha hacia la sacerdotisa de Torothal. Pero aquello fue un error. En su descuido, la enemiga de un rápido salto la alcanzó e impulsó su daga contra su abdomen.

Elfa, al notar la inminente derrota bajó los brazos y se dejó caer, cerrando los ojos. 

Escuchó el sonido de pies golpeando la armadura de la enemiga y sintió unos brazos rodear su cuerpo. 

-¡Koehnes!- gritó al ver al Elfo -¡Nuron!- exclamó al ver al menor de sus hijos.

Las elfas oscuras montaron un par de arañas gigantes que Lolth les proporcionó con monturas de guerra. Su capacidad de ataque aumentó al no tener que distraerse esquivando y repeliendo los diversos ataques enemigos.

Sin embargo, como si de suicidas se tratara, la parte humana del ejercito se lanzaba contra sus monturas en un intento de ataque aéreo que retrasaba su misión de lanzar magias. Con sus cimitarras exterminaban a cada uno de los osados que se atrevía a traspasar la defensa que proporcionaban sus arañas gigantes. 

Por otro lado, Paladín no lo veía fácil. Si bien había blandido su espada con habilidad y honor digna de su caballería, el cansancio le iba limitando el ataque. 
Las constantes hordas renovadas del ejercito fluvial hacían decrecer su potencial rápidamente, al punto de ser incapaz de atacar a más de un enemigo a la vez.

De un momento a otro, un guerrero cuya cabeza era cubierta por la piel de un lobo entró gritando a su campo de visión y le atravesó la espada en el abdomen, perforando su dura armadura de hierro. 
Paladín en una expresión que sólo los asesinos comprenden, dejó salir su último suspiro de vida. 


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río II”

Saliendo del portal Confused era idéntica a Aunrae. Los años que habían pasado retrocedieron hasta el punto exacto en que Drad había sido más poderosa. Tal vez en apariencia a ojos de su raza tuviera sólo unas décadas más que la joven drow, pero para otras especies eran iguales.

La anciana se sorprendió al hallarse en la Arboleada de las Lunas. Lo último que recordaba era como había destruido todo con sus propias manos, y luego de eso sus carnes habían envejecido en la Antípoda Oscura. 
Ahora, todas sus arrugas desaparecidas, y las fracturas y deterioros causados por la edad habían acabado por repararse. 

Sus sentidos captaron el nuevo olor que ahora se escabullía en su nariz, una mezcla de vapor de agua, sangre y luna. 

-¿Ya ha comenzado la guerra?- cuestionó a la joven.
-Así parece-

Confused no se sorprendió. Continuaron por el bosque hasta que hallaron lo que parecía ser el comedor central. Allí, Gil las recibió con alimentos y un particular té de menta. 

Ambos antiguos arboreos tuvieron un reencuentro corto, pero preciso. Se contaron algunas novedades. Luego, él explico la situación actual y como se veía venir la lucha.

Instantes después la drow y su nieta se preparaban para emboscar a una parte del ejercito fluvial. Nyko y Genova preparaban las trampas mientras ellas se acomodaban en la espesura de los árboles para lanzar ataques mágicos. 

Elfa estaba junto a sus primas, aunque a una altura mayor para preparar el ataque aéreo con las criaturas del lugar.

Paladín montado en su fiel corcel esperaba tras una roca para activar las trampas de un sólo blandir de su espada contra las cuerdas. La señal que esperaban era el chillar de la ardilla, Nuty, quien oculto miraba la impaciente procesión de la horda enemiga.


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río I”

Mientras los elfos partieron hacia rumbos desconocidos todos los demás Arbóreos prepararon la defensa de su hogar.

Antaño cada uno de ellos había obtenido un arma que además de ser un símbolo arbóreo poseía la capacidad de encontrar y derrotar a los enemigos de la Diosa Madre, ahora esas armas habían vuelto a sus manos y serian utilizadas para gestar la última batalla para defender a La Arboleda de las Lunas del ejercito fluvial.

Todo el bosque que rodeaba a La Arboleda fue encantado por los espíritus que eran fieles a la Luna, en ellos se abrieron veredas que tenían por objetivo hacer que el ejército enemigo se perdiera para dar más tiempo a Aunrae e Inírion; también muchos de los animales y árboles se tornaron agresivos hacia los invasores, algunos wisp que en el pasado habían obedecido fielmente las ordenes de Tanavar en La Arboleda de las Lunas se adentraron por las veredas para cazar y dar muerte a los sacerdotes de Torothal. Sin embargo el ejercito era inmenso y aunque esas trampas causaron algunas bajas en sus filas, la realidad era que la inmensa ola se armas y odio se cernía sobre el hogar de la comunidad Arbórea.

Además, Torothal había enviado a un avatar suyo para dirigir la guerra; Annawen la elfa silvestre que había acompañado a Inírion y Aunrae por la antigua ciudad naga de Nozjatar, guiaba con gran maestría a los guerreros por las oscuras veredas de los bosques argento, y acababa con muchas de las amenazas que ese bosque representaba para los guerreros fluviales.

Él bosque retraso todo lo que pudo a los enemigos de Elune, sin embargo ellos llegaron pronto a las puertas de La Arboleda de las Lunas, y Annawen al frente del ejercito rompió la última barrera física que defendía a los Arbóreos.

Apenas cayeron ambas puertas al suelo una gran oscuridad que salió lanzada desde el interior de La Arboleda cubrió al ejército fluvial, esta penumbra dispersó por varios minutos a los guerreros y sacerdotes de Torothal, dentro de esta oscuridad los Arbóreos pudieron entrar en las filas de los enemigos y acabar con algunos de ellos pero tan pronto como Annawen disipó la bruma ellos se desvanecieron con ella refugiándose al interior de su hogar.

La Diosa del rio conocía de sobra las técnicas de su enemiga y sabía que un enfrentamiento directo no seria posible, ella haría todo lo posible por detener su caminata y evitar que alcanzasen el centro del recinto en donde Elune tenía un avatar que nacía del núcleo de la misma Arboleda, por ello decidió enviar a su ejército poco a poco para acabar con todas las defensas posibles, para que cuando ello sucediera su avatar pudiese entrar libremente y acabar con Elune para siempre…


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad IV”

El sueño Esmeralda era muy diferente a como Inírion lo había imaginado, un inmenso bosque en el que todo Kaldorei se sentiría en la gloria, sin embargo para él ese no era el paraíso en ese justo instante en el que necesitaba encontrar a su abuelo, sin embargo, no parecía haber por donde iniciar.

Caminó por los senderos de ese bosque durante muchas horas sin encontrarse con ningún Elfo Nocturno únicamente animales y plantas de todas las razas habidas y por haber, sin embargo a lo lejos escuchaba voces femeninas que entonaban canticos hermosos, seguramente Sacerdotizas que habían trascendido de la vida mortal y que ahora dedicaban su existencia a enaltecer el nombre de la Diosa.

Después de caminar por mucho tiempo, llego a un pequeño claro en donde se encontraba una gran pila de color blanco de la cual nacía una afluente de agua clara, lentamente se acerco a ella, en todo momento se sentía observado por algo desde las profundidades del bosque sin embargo ello no le atemorizaba sino que se sentía impulsado por un extraño valor, una vez estuvo al lado de la pila observo a su interior y vio en ella una extraña daga en forma de Luna, en un arrebato de instinto metió la mano en el nacimiento del afluente y tomando la daga con su mano izquierda la saco rápidamente de ahí.

-Una espada de Elune, ¿Qué hace esto aquí? Se supone que en estos bosques no existen armas, este tipo de instrumentos solo son para las Sacerdotizas del mundo mortal –Dijo sorprendido al verla en sus manos Inírion-
-¿Recuerdas las palabras que te dijo hijo? –Le pregunto una voz que provenía de sus espaldas-
Inmediatamente Inírion se dio la vuelta y se encontró frente a frente con un Kaldorei anciano (quizás tenía más de 2000 años, una cifra extraordinaria para su raza)
-A…abuelo –Solo atino a decir Inírion-
-Así es, soy Tavanar Oakwalker, Primer Gran Druida Gris Emérito de La Arboleda de las Lunas y claro que soy tu abuelo –Expreso el anciano con una inmensa sonrisa que dejo ver sus dientes blancos como los rayos de Luna-
-Ella nos dijo, “encontraran todo lo que necesiten”, y siempre ha cumplido su palabra.
-Y la está cumpliendo ahora mismo con lo que tienes en tus manos hijo –Le respondió el Kaldorei anciano-
-¿Qué significa eso?
-Significa que cuando llegue el momento tú sabrás que hacer con esa espada, guárdala.
-Si –acto seguido Inírion la guardo- Abuelo he venido aquí por…
-Sí, has venido por mí, lo sé, te he estado esperando más tiempo del que te puedes imaginar -Dicho esto Tanavar fijo su mirada en el báculo que tu nieto portaba-
-Oh, sí, es tu báculo abuelo, la Diosa me lo dio para protegernos. –Extendió su brazo para entregárselo-
-No, no es mí báculo es tuyo Inírion –Tanavar levanto su brazo y apareció en él un báculo muy parecido al de Inírion- y debes saber que en lo que nos espera te será muy útil –Después levanto su báculo y abrió un gran portal sin color- pues solo tú puedes llevarme a donde nos necesitan hijo.
Inírion levanto su báculo y apuntándolo hacia el portal que su abuelo había abierto dijo en voz alta- A casa.

El portal se torno de color azul y jalo con gran fuerza a ambos Kaldoreis lanzándolos hacia La Arboleda de las Lunas.


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad III”

Mientras avanzaba la ciudad se tornaba más interesante, más criaturas parecían convivir en aquel ambiente que ella hubiera preferido saber nombrar.

Se estaba deslumbrando al mirar algunos edificios, cuando, sin querer, chocó con alguien. Era una elfa oscura de avanzada edad, con algunas arrugas en los ojos. De inmediato la anciana se puso en guardia, empuñando las manos. Llevaba una canasta en el brazo izquierdo.

Aunrae, sorprendida, imitó a la mujer dispuesta a pelear.

-Aunrae- pronunció la anciana.
-¿A-abuela?- preguntó incrédula.

Ambas bajaron los brazos. Confused abrazó a su nieta con fuerza, cosa que duró unos instantes antes de que le comenzara a preguntar porque estaba allí.
La explicación de la joven le parecía divertida, incluso fantástica, pero sabía que no podía ser de otra forma. 

-Cuando Lolth aceptó ser parte del panteón de la Arboleada de las Lunas, sabía muy bien que su enemiga Torothal estaba en contra. Eso fue una de las cosas que impulsó su decisión, junto con la promesa de sangre. Este lugar es una desgracia para nuestra diosa, la reina de las arañas; mas, en los corazones de los drows descansa el hambre insaciable que llevará acabo su venganza-
-Abuela, ¿Dónde estamos?-
-Rilauven, una tierra de rebeldes- dijo apuntando a una gran construcción que simulaba una araña destruída. Al acto notó la canasta que llevaba en el brazo y comentó -Había olvidado que tenía que llevar esto a casa, acompañame-

En ese momento emprendieron el rumbo a unos metros hacia el centro. Se toparon con drows montados en lagartos, una tropa que se dirigía a las lejanías, probablemente. 

Sin más, el camino los llevó a una casa en medio de una granja de setas, casualmente la misma que había visto al entrar. Allí, los humanos que al principio consideró esclavos saludaban a su abuela como si fueran conocidos de toda la vida.

Entraron, y se dispusieron en la mesa del gran comedor circular, esperando lo que Drad traía en su canasto. Uno de los hombres puso los platos, y otro, sin cabello, los servicios. La anciana sacó carne de rothe, aderezada con distintas especias. Luego fue a la cocina y trajo setas en rodajas que puso en medio de la mesa, junto a la carne.

Aunrae, quien había permanecido de pie junto a la puerta de entrada observando el espectáculo, fue llamada por su abuela, quien le indicó se sentara junto a ella.

Así, comenzó una cena que ella no había conocido nunca antes. Estaba comiendo en la Antípoda Oscura, ¿qué drow no estaría feliz con aquello?
Sin embargo, aún tenía presente que debía regresar cuando antes, pues las tropas del enemigo acechaban el hogar. 

En cuanto hubieron terminado todos, decidió anunciar que se llevaría a su abuela. Todos la miraron con un horror de otro mundo, al punto que tres de ellos decidieron atacar.

-Chogas, Estebanes, Akaoni. Aléjense de mi nieta- gritó Confused al ver la amenaza inminente. 

Aunrae ya estaba con las espadas desenfundadas, lista para cortar cabezas. Mas el grito de su abuela, y al parecer, magia expelida por la misma, suspendió en el aire a los humanos. 

-No puedes irte, ¿Quién nos defenderá?- preguntó uno de los ancianos.
-Sabíamos que este momento llegaría de todas formas, anda, ¡vete!- gritó otro.
-Ella no se va a ningún lado, suéltanos y enfréntate a nosotros como corresponde- gruñó Estebanes.
-Abuela, suéltalos, yo los convierto en fiambre en medio segundo- dijo con rabia la joven.

Drad se rió de todos y se sentó. Los miró divertida y esperó unos minutos, en los cuales gritaban todos. Cuando finalmente se callaron decidió abrir la boca para explicar que no pretendía quedarse ahí, y que quien se le opusiera moriría bajo el calor de su mano.
Soltó a los hombres. Akaoni corrió hasta ella e intentó asfixiarla, mas ella de un solo movimiento y lo retuvo en una llave sobre el piso.

-¿Qué no te queda claro? Vuelve a tocarme y te mataré- gruñó, ahora muy molesta.
-No te puedes ir, nosotros te necesitamos- dijo con la voz entrecortada el atacante.
-Iré a una guerra, no al paraíso. De todas formas el Círculo siempre odio la Arboleada, y yo soy de allí, ¿Para qué me quieren aquí?-
-Bueno, nosotros…-
-Vendrá Eidahan, llegará en un par de horas. Ya deberían saber defenderse con lo que tienen, a pesar de ser un montón de abuelos. Me largo- finalizó y salió del lugar, seguida de Aunrae.

Un portal gris se abrió frente a ellas, y atravesándolo un millón de sensaciones se apoderó del cuerpo de Drad.


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad II”

El portal la expulsó en un lugar oscuro, muy oscuro. Su mente divagó perdida, averiguando de que se trataba. ¿Sería un calabozo o una cueva? 

Escucho el goteo. Como si el agua fluyera a momentos, cerca, pero demasiado lejos como para tocarla.

Luego, otros sonidos llegaron a sus oídos. Sus ojos se adaptaron a la oscuridad y su visión infrarroja afloró. Ahora lo veía todo, lo escuchaba todo. Estalagmitas y estalactitas por doquier. Hogares montados en aquellas malformaciones de la tierra, y una luz en una de aquellas estalagmitas, simulando el trabajo de Narbondel. 

Pero todo aquello era muchas veces más pequeño de lo que su padre le había narrado de la Antípoda Oscura, o por lo menos de lo que se refería a Menzoberranzan. Entonces, ¿dónde estaba?

 Desde su posición se podía ver toda la ciudad, incluidas las setas gigantes. Se encaminó hacia ellas, esperando que fueran el extremo más seguro para entrar en la ciudad. 
Habían de variados colores: blancos, grises, negros. 

Sin embargo, le sorprendió hallarse con unos de color violeta. Se acercó a ellos e intentó recordar las enseñanzas de su padre sobre las distintas setas de la Antípoda Oscura. Mas, solo cuando estaba casi tocándola apareció en su mente que eran venenosas. 
Dio un salto hacia atrás y se alejó lo más que pudo, retomando su camino por entre la granja hacia la ciudad. 

Era increíble la cantidad de vegetales que contenía aquel lugar y que retrasaba su entrada. Entre sus pasos logró escuchar a unos humanos cosechar y cortar setas. Seguramente eran esclavos, a pesar de no llevar cadenas. El oído era crucial en un lugar como aquel y no necesitaba mirarlos para detallar sus características.

Siguió con su marcha firme hasta que llegó a una calle que era rodeada por diferentes casas. Aún con eso, nada se parecía a lo que le habían narrado de Menzoberranzan. Descartó la idea de estar en aquella ciudad cuando vio a un humano jugar con un drow. Intuitivamente se acercó a los pequeños y ellos echaron a correr. Se rió y siguió caminando, alguien más allá le diría donde se encontraba.


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad I”

Después de aquella última noche en La Arboleda de las Lunas, por ese inmenso portal la Diosa lo había enviado hacia muchos puntos del orbe, ya hace mucho tiempo había traspasado las fronteras de la vida y había alcanzado lo que los mortales llaman “inmortalidad”.

Sus caminos se habían perdido entre la oscuridad de la soledad durante mucho tiempo y sus recuerdos se convirtieron en fantasmas que lo acompañaron en el punto en que traspaso el umbral de su muerte, pero todo ello solo sirvió para limpiar su alma, para purificar sus pensamientos y encontrar el sendero correcto para llegar a la Diosa.

Los últimos años los había pasado durmiendo en el Sueño Esmeralda, ajeno a todo lo que sucedía en la vida de sus amigos y hermanos, no porque así lo hubiese deseado sino porque la Diosa tenía preparados nuevos horizontes para todos; ahora después de largas décadas Tanavar había por fin abierto los ojos para verlo todo tan claro como el primer rayo de su Madre en Primavera, y solo esperaba poder salir del paraíso de Elune para poder regresar con quienes eran verdaderamente los suyos.

*******

Inírion abrió los ojos y se encontró en un inmenso bosque bellísimo, justo ahí habría de comenzar su nueva aventura.


“LA ETERNIDAD DE LAS FLORES”

Un par de inmensas puertas se alzaban ante la vista de todos, esas puertas antaño habían relucido con un fulgor especial ante la luz de la Madre, pero ahora se notaban muy opacas y casi destruidas por las décadas que habían pasado desde la última noche de La Arboleda de las Lunas.
-Ábrete –Dijo Inírion muy seguro de sí mismo-

En ese instante las puertas comenzaron a moverse impulsadas por una antigua magia, ahora tan poderosa como en el pasado pero más viva que nunca, el sonido que provocaban las puertas al abrirse era tan estruendoso que todo el Valle de Argento se cimbro sobre sí mismo como despertando de su largo sueño hasta el punto en que La Arboleda de las Lunas estaba abierta a sus antiguos moradores.

-Muy bien, adelante –Dijo Inírion al tiempo que el mismo comenzaba a dirigir la procesión hasta el centro de la Arboleda, por su mente pasaron los episodios de su infancia en ese recinto que a pesar de estar impregnado de la presencia de la Diosa se observaba muy diferente a como él lo recordaba-
La última noche de La Arboleda había sido un epitafio de destrucción y caos, Drad Confused había enloquecido y destruido todo lo que el recinto contenía, las casas de los moradores ahora se encontraban carbonizadas y las plantas, a pesar de haber renacido por el paso del tiempo se veían realmente abandonadas, las flores se mantenían cabizbajas y con ellas todos los sonidos del lugar se mantenían al borde del olvido eterno, sin embargo todos los antiguos arbóreos se sentían en casa, no eran ajenos a aquel lugar aún a pesar de todo el tiempo que había pasado, durante las últimas semanas todos se habían reencontrado con su pasado, con los episodios más felices de sus vidas en compañía de sus seres queridos, y ahora al estar frente a las ruinas de La Arboleda de las Lunas permanecían seguros de que todo cambiaria en su futuro.

Llegaron al centro del lugar, ahí un inmenso comedor derruido por el tiempo y las explosiones de energía oscura que cayeron sobre él en la Diáspora Arbórea les daba la bienvenida a su hogar, al que nunca había dejado de ser su hogar. Inírion se paro en el centro del comedor y de un fuerte golpe cembro su báculo en el suelo de La Arboleda, después se alejo un poco de él al tiempo que los demás Arbóreos formaban un circulo a su rededor.

-¡Madre! –Gritó fuertemente el Kaldorei al tiempo que levantaba el rostro hacia el cielo despejado sin Luna que antecedía al primer rayo de Luna Nueva-
Entonces una esfera de luz blanca nació de la piedra que coronaba el báculo del Druida, poco a poco fue creciendo y cubriendo toda La Arboleda de las Lunas, al entrar en ella los Arbóreos comenzaron a brillar con la misma fuerza de las primeras estrellas de la tarde, sus vestimentas se tornaron al pasado y se convirtieron poco a poco en indumentarias propias de los Arbóreos que siempre habían sido.

Uno a uno oyeron la dulce voz de Elune en sus corazones y sintieron a sus fuerzas volver a ellos, sus cuerpos gastados por el tiempo de un momento a otro rejuvenecieron y fueron convertidos en los recintos del espíritu Arbóreo que eran antes de la última noche de La Arboleda de las Lunas, al mismo tiempo conforme todo el lugar entraba en la esfera de luz comenzaba a tener su antigua apariencia, las golondrinas volvieron a volar y con ellas el lago mágico recobró la vida que antaño había tenido en sus profundidades, los espíritus abandonaron el olvido y volvieron a recorrer los senderos de los inmensos bosques Arbóreos, los hogares de todos los Arbóreos presentes fueron reconstruidos y las casas de quienes jamás habían sido Arbóreos fueron borradas de la faz de la comunidad, de las flores nació un canto eterno, su eternidad había sido restaurada y ahora todo era como siempre debió haber sido.

Una vez todo el lugar fue bendecido por la Diosa Madre al recobrar su antigua apariencia, el báculo de Inírion se convirtió en una hermosa sombra blanca que hablo a todos los Arbóreos que la rodeaban.

-Justo ahora el ejecito de Torothal ha entrado en los Valles de Argento, y el peligro se avecina sobre todos, estos bosques han sido nuestro hogar desde hace siglos y la ambición de la Diosa del Rio no debe hacerse realidad o no quedará más esperanza para nosotros, es necesario que defiendan esta comunidad tal como en el pasado lo han hecho; estaré con ustedes a lo largo de toda la batalla y no los abandonaré ni siquiera en el último segundo confió en ustedes, encontraran todo lo que necesitan para continuar hijos míos. –Dicho esto la sombra se convirtió en un rayo de luz impérenme que se alzo sobre el suelo de La Arboleda hasta alcanzar el manto oscuro, al impactarse en él creó una nueva Luna-

Entonces todos los Arbóreos se dispersaron por La Arboleda y los bosques aledaños para preparar la defensa de su hogar, todos excepto Inírion y Aunrae a quienes la Diosa les había indicado que tendrían otra tarea durante la defensa.

Ambos debían ir en busca de los únicos dos Arbóreos capaces de destruir a la Diosa del Rio, Tanavar Oakwalker y Drad Confused Duredspar, sin embargo, esta búsqueda no la podrían realizar juntos, cada uno de ellos habría de ir por su antepasado hasta el punto en donde se encontraban en ese justo momento, el Kaldorei fue enviado por un portal azul hacia los eternos bosques del Sueño Esmeralda, mientras que la Drow llego por medio de un gran portal gris a la inmensa Antípoda Oscura, ambos con la única indicación de Elune: “Encuéntrenlos y ellos vendrán a mi”…


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo IV”

Apenas llegaron a La Posada del Mapache los Elfos junto a los demás Arbóreos prepararon todo para su partida, Inírion hablo con la Redentora y ella le indico el camino a seguir, desde su posición debían rodear las montañas heladas de Hilldeath y entrar en las profundidades de los olvidados Valles de Argento, ahí encontrarían el sendero que los llevaría hasta las ruinas de La Arboleda.

Tan pronto como tomaron camino una espesa neblina cubrió la ciudad en donde habían estado hospedados, a la puerta de la Posada del mapache llamo una fría mano que no tuvo compasión de su existencia y le arranco con sufrimiento hasta su último suspiro con toda la verdad de lo que en ese lugar había sucedido durante las últimas semanas.

Mientras tanto los Arbóreos pasaron algunos días bordeando la cordillera maldita que rodeaba al recinto Arbóreo, ahí la presencia de la Diosa Madre era cada vez más poderosa, todos los ancianos que acompañaban a los dos jóvenes Elfos comenzaron a sentir como sus fuerzas se restablecían con cada paso que los acercaba a su antigua morada; no había tiempo que perder, las fuerzas de la Diosa Fluvial le seguían los pasos y no se detendrían ante nada ni nadie, continuaron su camino cuesta arriba hasta que finalmente en el quinto día de travesía se encontraron con los inmensos Valles de Argento, que parecían estar dormidos en el tiempo, ahí algunos wisp y otros espíritus del bosque los ayudaron a encontrar el camino hasta su hogar a cuya puerta llegaron un día antes de la Luna Nueva.


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo III”

-¡Koehnes, Nuron, vengan aquí!- gritó la pequeña Drow.
-¿Cuánto se tardan en levantarse?- le preguntó Inírion.
-Realmente no lo sé, parecen niñas- dijo con malicia Aunrae.
-¡Ya vamos!- gritó desde la copa de su árbol Koehnes.

Al cabo de unos minutos los gemelos bajaron de un salto, cayendo en frente de quienes los esperaban.
La chica golpeó a ambos elfos en el brazo, el Nocturno rió.

-Ya, vamos al lago- ordenó la joven, al tiempo que se ponía a caminar. 

Los chicos asintieron y la siguieron de cerca, siempre con el Kaldorei en la cola y la drow a la cabeza de la fila. Inírion solía tener alergias que le impedían llevar el ritmo de sus primos.

Nuron despertó de su sueño. Los recuerdos de la Arboleada de las Lunas cada vez se hacían más presentes en sus sueños. 
Le comentaba a Koehnes sobre ello, hasta que una noche su hermano le dijo que era tiempo de partir.

Quizás la Diosa Madre se comunicó con él, o un impulso creado por la misma lo había hecho pensar que debían movilizarse a otro lugar de la tierra.
Fuese como fuera, Nuron, el menor de los gemelos, siguió a su hermano sin dudar, ansioso por aquello que podría esperarles en un futuro próximo.

También tenía la esperanza de encontrarse con su madre, de quién habían sido separados en el momento de la destrucción de la comunidad en la cual habían nacido. Solos y perdidos debieron hallarse un lugar en el pueblo en el que habían caído. 

Koehnes, siendo el mayor, había tomado la responsabilidad por los dos y se había endurecido con el tiempo. A su vez, Nuron había dejado que sus sentimientos se apoderaran de él, cayendo variadas veces en la depresión. Se cuidaban todo el tiempo, y jamás dejaban que el otro fuera solo a algún lugar. 

***

Los grises ojos de la Elfa apuntaron en su dirección. Si fuesen humanos, tal vez hubieran quedado paralizados, pero eran elfos, como ella, y no se dejarían perturbar por eso.

-En nombre de la Diosa Madre te saludamos, Elfamaniaca- expresó Inírion, haciendo una reverencia.
-…- la elfa parecía mirar al horizonte.
-Es la hora de que todos los Arboreos se reúnan- prosiguió con fuerza el Kaldorei -Se nos está llamando para el renacimiento, todos estarán allá-
-Ko..eh..nes.. y.. Nu.. ron..- balbuceó.
-¿Quiénes?- cuestionó la Drow.
-Ko..ehnes y Nuron, mi-is hijos- explicó.

Los jóvenes se miraron sorprendidos, existían dos Arboreos que no estaban registrados en el mapa y de los cuales no habían recordado nada.
Inírion fue el primero en retener la imagen de ellos.

-¡Claro!- exclamó al recordar -los primos eran los hijos de Elfamaniaca-

En ese momento Aunrae pareció recordar a aquellos niños con los que había compartido su infancia.
Nuevamente los jóvenes se miraron. Inírion preguntó a la sombra blanca, quién le dijo que no había nada de que preocuparse, pues ellos iban en camino.

Tras eso, el Kaldorei explicó la situación a sus acompañantes. Elfamaniaca cambió radicalmente con la noticia, sus ojos parecieron tomar un brillo, y ya se sentía su presencia que comenzaba a renacer en su interior. Aceptó acompañarlos, de modo que juntos atravesaron el portal que abrió Inírion para llegar a la posada de Mapache.


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo II”

-¿Cuánto tiempo más tenemos Madre? –Pregunto Inírion a la sombra blanca con la que había estado hablando durante las últimas noches de trayecto-
-Tendrán hasta la próxima Luna Nueva, entonces Torothal se encontrara a la puerta de nuestro hogar y no habrá nada más que hacer –Le respondió la sombra quien se acerco a él para darle un inmenso abrazo-
Después Inírion fue despertado por Aunrae para continuar el camino por las llanuras costeras.

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Tenía unos inmensos ojos grises, ojos que antaño había sido del tono azul del mar, ambos ojos miraban hoy fijamente las olas, había pasado ya demasiado tiempo, al principio se había sentido acompañada de sus presencias a donde quiera que iba, ansiosa de encontrarlos y de saber de ellos después de aquella trágica diáspora que los había separado, sin embargo después de muchas décadas de angustiante búsqueda sus energías la habían abandonado, termino convirtiéndose en un mito de la región, una bella dama vestida de gris que durante las tardes salía a pasear por la costa, mirando fijamente las olas del mar, como si en esos corceles formados de espuma y sal se encontrasen las almas de sus hijos perdidos.

A ella temían todas las hordas bárbaras que habitaban en las llanuras costeras pues sabían que encontrarla era igual a un presagio de muerte, una trágica muerte tan trágica como el canto que salía de sus labios en cada nueva Luna Llena, un canto tan desgarrante como la daga más afilada de los nueve infiernos.

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Desde los primeros días en que el paisaje cambio abruptamente de un inmenso pantano a una extensa llanura ambos supieron que iban por el camino correcto, hasta ahora habían recorrido prácticamente todo el orbe y habían logrado encontrar de una u otra forma a todos los Arbóreos dispersos excepto a Elfamaniaca, a quien era preciso ubicar lo más pronto posible para llevarla junto a los demás Arbóreos a las ruinas de La Arboleda de las Lunas.

-Maldita llanura, está infestada de tribus estúpidas que solo sirven para ser masacradas, lo peor, en ninguna de ellas hemos siquiera visto una pista de la Elfa que buscamos –Dijo con bastante cansancio la Drow después de haber acabado con más de 5 tribus salvajes-
-Tienes demasiada razón, pero esa última hoja de roble es bastante extraña, hoy está en una parte de la costa, y mañana aparece en otra, al día siguiente entra en un poblado y después se desaparece del mapa durante largo tiempo –Respondió el Kaldorei para intentar animar a su compañera- debemos estar atentos a dónde aparece para ir por ella, no nos quedan más que dos semanas antes de que los ejércitos de Torothal lleguen a las puertas de nuestro hogar…

Finalmente y después de varios días de recorrer sin rumbo fijo las costas del Oeste del mundo, Aunrae e Inírion se encontraron frente a frente con Elfamaniaca….


“La Eternidas de las Flores: Florecimiento contra tiempo I”

 

Después de la batalla la Drow tardo varios días en recuperarse completamente, durante esos días Inírion observa la actividad que se desarrollaba alrededor del templo fluvial, el asesinato de la Gran Sacerdotisa de Torothal había alborotado a su sequito como un enjambre de avispas que se preparaba velozmente para contraatacar la ofensa.

-A estas alturas ellos ya deben saber lo que la Redentora desea, es casi seguro que sepan que los Arbóreos se están reuniendo y no tardaran en encontrar nuestro refugio, a pesar de que la Diosa Madre es muy poderosa, en esta zona del mundo la Diosa del Rio demostró ser más poderosa al no permitir que me comunicara con ella –Dijo Inírion observando desde lejos la ciudad- quizás asesinar a Narat no haya sido la mejor idea, debo esperar a que Aunrae esté completamente recuperara y debemos intentar hacer frente al numeroso ejercito Fluvial.
Entonces desde el refugio en donde habían permanecido los últimos días salió lentamente Aunrae.
-No te preocupes Inírion, podemos acabar con ellos fácilmente, no serán más que escoria frente a nosotros –Dijo la Drow al tiempo que se acercaba al punto desde dónde el Kaldorei observaba la ciudad-
-Aunrae, no deberías estar de pie, las heridas que Narat te provocó fueron demasiado profundas, estuviste al borde de la muerte y debes recuperarte completamente antes de que decidamos que hacer –Le dijo Inírion al ver con sorpresa la fuerza de Drow-
-¡Tonterías! La maldita me tomo desprevenida y aprovecho bien su oportunidad, pero es bueno saber que tuviste el valor de acabar con su mísera vida.

Luego de observar durante toda la tarde la ciudad ambos se fueron a descansar con el propósito de emprender camino hacia el ejército durante la madrugada.

Sin embargo La Diosa Blanca se le presentó a Inírion en sus sueños para decirle que ellos dos solos no podrían hacer frente a la Diosa del Rio, que no había tiempo que perder para buscar a la última de las Arbóreas perdida y llevarla junto a todos sus hijos a la antigua Arboleda de las Lunas antes de que el ejército de Torothal llegase a las ruinas de la comunidad.

Muy de mañana Inírion despertó a Aunrae y le contó todo lo que la Diosa Madre le había indicado, ella acepto bastante disgustada y después ambos emprendieron un camino contra tiempo hacia las llanuras de la Costa de Plata ubicadas al Oeste del orbe.

 


“La Eternidad de las Flores: La Búsqueda en Aguas Intranquilas V”

Antes de poder pensarlo más, la Elfa Silvana fue arrastrada por las aguas hacia el templo, y una vez dentro de él, las puertas se cerraron.

El río estaba agitado. La Drow miraba en todas direcciones, esperando el primer indicio de un ataque, mientras el Kaldorei afirmaba su báculo con fuerza con ambas manos.

De un instante a otro, las aguas se hicieron contra Aunrae, quien no pudo defenderse pues, a pesar de haber desenvainado las cimitarras, le era imposible cortar el agua.
Fue sumergida durante varios segundos.

El chico, paralizado, intentó llamar a la Diosa Madre, pero se veía interrumpido por una fuerza superior. 
Se echó a correr hacia la Elfa Oscura, pero antes de que llegara a ella, la vio levantarse a cuestas. Tenía cortes en la cara que sangraban con fluidez, rasgaduras en las ropas que dejaban entre ver heridas recién hechas. Todas las extremidades, y en general el cuerpo, estaban parcialmente dañados.

-¡No te escondas sanguijuela!- Gritó Aunrae con fuerza.

Otra vez el agua arremetió contra ella, pero esta vez se escuchó chocar contra algo.
En menos tiempo que la vez anterior, salió del agua, forcejeando con lo que parecía una sirena. La afirmaba por la espalda, agarrando sus brazos en una llave que la inmovilizaba momentáneamente.

-Mátala- le gritó a Inírion.

Éste dudó, antes de que pudiera alzar el báculo, la criatura se había soltado del agarre de la Drow.

-No conseguirás que mi propio nieto me destruya, maldita- dijo y después rió -Soy Narat, Gran Sacerdotisa de la Diosa Torothal- bramó.
-Abuela…- balbuceó el Elfo.
-No intenten convencerme de que regrese a la Arboleada, ni de ninguna otra tontería relacionada. Torothal siempre quiso su destrucción, incluso más ahora que nunca- sentenció -Es por eso que ahora mataré a esta malnacida descendiente de Confused y luego tú, mi nieto, formarás parte de las filas del ejército de la Diosa de la Lluvia y los Ríos- terminó, para comenzar a reír como desquiciada. 

Volvió a atacar a la Drow, esta vez con el tridente. Aunrae paró el ataque con las cimitarras, pero no logró percatarse de que la aleta de la sirena iba en contra suya.
Las aletas estaban recubiertas por unos metales filosos que, al enterrarse en el abdomen de la chica, parecían un tridente de dos puntas.

La Drow se tragó un grito, y antes de dejar a Narat escapar le enterró sus cimitarras: una en la aleta y otra en el brazo derecho. Luego se dejó caer y vio a la Sacerdotisa alejarse, mientras todo se volvía de negro.

Inírion apuntó hacia Aunrae con el báculo y la dejó levitando a pocos centímetros sobre el agua. Su cabeza estaba llena de dudas, más ahora que la única persona que lo había acompañado, defendido y ayudado se encontraba desplazada a un lado del combate. Más encima, mal herida. En cualquier minuto la Drow perdería la suficiente sangre y dejaría de existir, ¿lo iba a permitir?

Narat se acercó a él con el tridente en la mano que le quedaba buena. 

-¿Vas a traicionarme tu también o te unirás a nuestra causa?- le preguntó la sirena.
-Yo…- tartamudeó, levantando el báculo -yo no te permitiré matarnos- dijo decidido al tiempo que apuntaba a la Sacerdotisa. 

Una luz blanca salió del arma y aterrizó en Narat, haciéndola desintegrarse lentamente.

-¡Traidor!- gritó la sirena -¡Torothal los perseguirá hasta el final!-

En cuanto la abuela de Inírion desapareció por completo, el rayo de luz también se extinguió.

El Kaldorei corrió hacia su compañera y le curó las heridas más graves. Luego un wisp lo ayudó a llevarla lejos de la ciudad, donde pasó la noche sanando el resto de los cortes que tuviera. 


“La Eternidad de las Flores: La Búsqueda en Aguas Intranquilas IV”

El chasquido producido por la caminata de los Elfos se había transformado en algo común para sus oídos. La humedad del lugar era excesiva, lo que daba la razón la decisión de Torothal de poner sus templos en aquel lugar. 

Más al sur, cuando ya parecía que se acababa el mundo, el pantano se cerraba sobre sí, dando paso a un bosque pequeño, de no más de doscientos metros. Helechos eran la planta que reinaba en la superficie, tapados de eucaliptos y álamos. 

Después de cruzar el bosque, un farellón los separaba de la ciudad portuaria. A los pies del montículo de tierra un río enorme parecía dominar la estancia. 

-Lo que faltaba, más agua- dijo Aunrae sin mucha emoción.

La ciudad se dividía en dos sectores: Primero, el que tenía el puerto, las barcas y el mercado; Segundo, el que tenía las casas, el templo, y que hacia el río convergía en un vado de varios metros. El gran templo se encontraba sobre el vado, quizás por una cuestión religiosa, ya que la Diosa del Río y las Lluvias preferiría estar en contacto con el agua hasta en su propia casa. 

Los jóvenes, al otro lado del río, se debatían por encontrar la forma de llegar al otro lado. 

-Nademos- sugirió la Drow.
-No sé nadar- se excusó el Kaldorei.
-¡Por todos los demonios del abismo! ¿Qué mierda te enseñó tu padre?- reaccionó molesta la chica.
-Él…- empezó.
-¡Ya!, no importa. Veremos como cruzar- le interrumpió.

De pronto, una bella Elfa silvana se acercó a ellos. Sus rubios cabellos parecían rayos del sol, pero menos radiantes, como si fuesen algas amarillas; y entre ellos llevaba unas hojas que parecían algas recién cogidas del mar. Su piel era clara, y tenía los ojos negros. Se veía muchísimo más joven que ellos, y vestía una túnica entre celeste y calipso, pues bordeaba ambos colores en distintas zonas de la ropa.

Ambos quedaron impactados y, desconociendo los detalles relacionados con los ríos, no pensaron que fuese una seguidora de Torothal. 

La Elfa rió al ver su cara de asombro, se veía delicada. Como si hubiera sido cuidada entre las nubes toda su vida.

La Drow tomó la empuñadura de una cimitarra. 

-Disculpa la molestia, pero, ¿Quién eres?- cuestionó Aunrae.
-Annawen del clan Inf. Pero la pregunta es, ¿Quiénes son ustedes, extranjeros?-

Los Elfos cruzaron miradas, sin saber que hacer. Finalmente la Elfa Oscura se presentó, con nombre y apellido, esperando que el Nocturno lo hiciera de igual forma.

Una vez acabado ese tramite, ella les preguntó de donde venían, y ellos le explicaron que se habían perdido entre el pantano cuando iban a comerciar a un pueblo que supuestamente se hallaba por ahí.
La Elfa les creyó la mentira y les ofreció ayudarlos a cruzar el río, incluso les prometió encontrarles una posada para que pasaran la noche. Los jóvenes aceptaron y agradecieron. La siguieron hasta cierto punto, sobre el cual se pudo ver una especie de puente diez centímetros bajo el agua.

-En este tiempo el puente se cubre de agua, pues la nieve se derrite de las montañas y llega hasta aquí.- explicó la rubia ante la cara de asombro de ellos -En unos tres meses el río tomara su nivel habitual y se podrá cruzar con facilidad- terminó.

Tras cruzar, Annawen los llevó por la ciudad, explicándoles los distintos edificios, casas y utilidades de cada sector. La Drow, molesta por la perdida de tiempo, se mostraba indiferente ante lo que la Elfa hacía, sin embargo, no perdía ningún detalle de ella. Por su parte, el Nocturno le prestaba mucha atención y dialogaba con ella, esperando que sus ideas se alinearan y contar con una nueva aliada.

Finalmente, llegaron al templo de Torothal. Pensaron que no tardarían tanto, pero ya el sol se estaba poniendo cuando se encontraron en el lugar.

-Este es el templo de la Diosa de los Ríos y las Lluvias, nuestra protectora ante las amenazas.- sentenció Annawen.

Los rostros de ambos se tensaron a la brevedad, pero intentaron disimularlo para no alertar a su acompañante. 

Allí, el agua les cubría hasta la rodilla. Claramente solo una Diosa como esa podría tener su templo de esa forma. 
Entre las aguas pareció moverse algo. Los tres Elfos se pusieron en posición defensiva.

-Annawen, entra al templo- escucharon una voz que parecía provenir de entre el río.
-Gran Sacerdotisa, ¿qué ocurre?- preguntó asustada la Elfa Silvana.
-Has traído al enemigo a la puerta de tu casa, debo eliminarlos para nuestra salvación antes de que nuestra Todopoderosa Diosa no se enfade- le explicó la voz.

La chica, más impactada que otra cosa, miró a los Elfos. Le habían caído bien, pero eran el enemigo y no podía desobedecer a la Gran Sacerdotisa.


“La Eternidad de las Flores: La Búsqueda en Aguas intranquilas III”

-Tendremos que matarla –Comenzó la charla la Drow-
-Tú no sabes eso, la decisión no depende de nosotros sino de la Diosa Madre, no tenemos porque meternos en esos asuntos –Le respondió Inírion un poco fuera de sí mismo-
-Vamos Inírion, sabes tan bien como yo que Narat ya no es Arbórea, ella hace mucho abandono a la Diosa y se volvió contra ella al servir a Torothal, Dictador y Gil nos lo han dicho ya, pero si lo necesitas hablaremos con ella antes de emprender una acción más directa –Dijo finalmente la Drow finalizando la plática y comenzado a caminar hacia la puerta de la cabaña-

Ambos Elfos salieron rápidamente de la cabaña y comenzaron a caminar por el mismo sendero por donde habían llegado guiados por el Ent, pero en lugar de volver al pueblo avanzaron hacia el Sur, en donde se encontraba la hoja de roble que pertenecía a Narat situada sobre una gran ciudad costera llamada Nozjatar.

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Mientras tanto en la pequeña Posada del Mapache.
-¡Maldita sea! Hubiera sido mejor idea mandarlos al Campo Santo, no sé porque estupidez los deje entrar, ahora siguen llegando más y más escorias a mi casa. –Dijo el viejo Mapache al ver otro portal azul abrirse en la sala principal de la posada-

De ese portal salieron el ser humano Gil y Dictador el viejo conejo, quienes fueron efusivamente recibidos por los otros Arbóreos: Paladín, Nuty, Niko y Génova, todos estaban ansiosos de salir pronto de esa pequeña posada que con cada nuevo Arbóreo se notaba más y más pequeña, sin embargo las indicaciones de Aunrae e Inírion habían sido muy claras, no salir de la posada hasta que ellos llegasen con el último Arbóreo, por lo cual el Mapache se encargaba de todas las necesidades de los Arbóreos desde hace varias semanas.
-¿Qué creen que suceda cuando todos estemos reunidos? –Pregunto Nuty durante la cena de esa noche-
-Lo más probable es que vayamos a las ruinas de La Arboleda de las Lunas –Respondió Gil- ahí … ahí no sé que suceda, ya somos demasiado viejos como para intentar hacer frente a la enemiga de la Diosa Madre.
-Yo creo que terminaremos entrando en el sueño esmeralda junto a Ithilior y Óbito, por eso nos ha querido reunir la Redentora –aseguro Niko mientras se servía un poco de ensalada en su plato-
-Y ¿Qué va a suceder con Torothal? –Pregunto nuevamente Nuty quien desde siempre era el más curioso de la comunidad-
-Inírion y Aunrae se encargaran de ella, como se encargaran pronto de sus adeptos –Sentencio el viejo conejo sin mencionar a Narat entre esos adeptos-

Después de terminar de cenar todos los arbóreos fueron a sus habitaciones a continuar esperando la llegada de las dos Arbóreas que hacían falta.


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