-Soliloquios de El Soñante-

"Nostalgia"

“te extraño”

Extraño los días contigo, sinceramente no encuentro en mi vida un poco de orden; desde que no estás, no sé si vivo o es tu recuerdo el que vive en mí, no sé si muero o es tu último beso el que me roba la vida aún hoy.

Extraño aquella tarde en la playa, el primer beso, las palomas del parque central, extraño el café de la tarde, amanecer tendidos en el suelo, extraño el sabor de tu cuello, la forma en que decías mi nombre, y extrañándote es como existo, ya no vivo, no vivo sin ti, soy poco menos que una sombra, poco menos que un recuerdo borroso, poco menos que una maldición en tu historia.

Te extraño.


“espero”

Tengo una inmensa fe en tus últimas palabras, por eso estoy aquí, justo donde me dejaste, justo donde te vi partir.  No temo separarme de este lugar, sólo espero pacientemente tu regreso, te espero como esperan las aves a la primavera, como una playa espera a ser tocada por el primer rayo el sol.

Te espero completo, con todo mi tiempo, con toda mi alma, con todas mis ansías, toda mi humanidad depende de ti, todo mi futuro eres tú. La vida puso pausa a mis pasos hasta el momento en que tú vuelvas, y yo estoy aquí, sólo esperándote.


“sombras”

Es la primera noche, llueve fuerte afuera, cada gota suena fuerte en mi ventana: cada gota me recuerda tu ausencia, la forma en que te fuiste sin despedirte, la forma en que yo me fui haciendo pequeño al no tenerte.

Como fui perdiendo poco a poco mi esencia, y como fue que dejé de ser la luz de un mundo que sin ti se redujo a un millón de sombras. Bajo tu sombra sigo existiendo, pero muero cada vez que te pienso, en noches como ésta, suelo maldecirte, y en las mañanas con bruma deseo que el tiempo borre mis palabras para que no lleguen a alcanzarte, deseo que sepas que todo es producto de mi imaginación.

Es la primera noche, ha habido otras, pero ésta sigue siendo la primera y lo será hasta que muera por la luz de un sol que no es más lo que fue.


“ven o moriré”

Te quiero, así como eres: imperfecta, fumadora, viciosa, vulgar y extraña. Te quiero para mí, no porque seas lo más saludable sino porque eres justo lo que mi vida necesita. Y es que me llevas a ti, como el mar atrae hacía sí a las corrientes de los ríos.

Siempre pienso en ti, donde quiera que voy, te siento y te extraño, el olor a tabaco me trae recuerdos de aquella primera noche tirados en el frío piso de tu alcoba, y el color de tus ojos está presente todo el tiempo sobre mí. Mujer, ven a mí, porque si no vienes ten por seguro que moriré.


“la última melodía”

Ven y escuchemos aquella canción una vez más, aun nos quedan unas cuantas horas, antes de que yo deba irme, antes de que tú te decidas a dejarme partir sin despedida, sin lágrimas, sin nada más que un sincero adiós calladito.

Podría ser una simple balada, o quizás prefieras aquel danzón o puede que sea el son. Sea lo que sea, si es a tu lado, se convertirá en un himno a tu memoría, que yo me vaya no significa que vaya a olvidarte, significa que tendré que vivirte en el recuerdo, significa que tendré que hacerme el loco para no morir, que yo voy a necesitarte para siempre y que esa última melodía será un bálsamo para mi corazón.


“volverán”

Y volver a pasar una noche en tus brazos, volverte a ver a los ojos como la primera vez, desear ser todo tuyo en todas las formas posibles, y es que tu imaginación nos da tantas posibilidades y es que mi disposición nos da tantos caminos.

La Verde Antequera será nuestro testigo nuevamente, volverán a nosotros aquellos días perdidos por sus calles, y nuevamente será un verano por la ciudad de los enamorados, nuevamente seré un joven acompañándote a la Iglesia de Santo Domingo, tras de ti, viendo tu espalda, viendo tu dulce cabello, iré por una calle antigua pensando, “gracias a Dios  porque llegaste a mi vida”.

Volverán a nosotros aquellas primeras emociones, el Jarabe Mixteco y también la Sandunga, volverán la nieve de limón y tus labios con sabor a miel, mis brazos dispuestos a abrazarte frente a todos, mi mirada diciendo cosas que nadie entiende, nadie más que la Verde Antequera, tu y yo.


“recuérdame”

No sabes cuánto me has lastimado, pero prefiero que sigas sin saberlo: recuérdame como era contigo, siempre sonriente, siempre feliz, recuérdame por favor, nunca me olvides, no dejes que el tiempo borre mi sonrisa; ni mis besos, ni mis manos, ni mi mirada sobre tus ojos. Recuérdame y déjame vivir en tu memoria. Mi amor.


“promete”

En esta tarde, nuestra despedida, no hacen falta más palabras, ambos sabemos que así debe ser, sólo, sólo quiero que me hagas una promesa, por favor, sólo eso y me iré sin decir adiós.

Sólo promete que no olvidarás mi sonrisa, aunque pase un largo tiempo sin que la veas, y promete que volveremos a tomarnos un café, y a platicar de la escuela y el trabajo, que seremos uno mismo como lo fuimos aquella primera vez. Yo por mi parte prometo no olvidarme de tus promesas.

Adiós, y perdón.


“seguiré”

Solía adorar la forma en que caminabas por los pasillos de aquella Escuela Normal, solía pedirle al tiempo que me dejará verte más lentamente y suplicaba al Hacedor que algo te trajera a mí.

Solía decirle a mis amigos que tú y yo estábamos destinados el uno para el otro, aunque tú aún no lo sabías, un juego de niños lo sé; y quería verte más de lo que podía hacerlo, comencé a hacerlo hasta en mis sueños.

Y hoy, ahora que ya no estás, ahora que te han arrancado la vida, que te han hecho partir antes de tiempo, me lamento no haber podido decirte lo bonita que eras, no haber tenido el valor para afrontar tu mirada sobre mi piel, pues sé muy bien cuánto hubiera valido.

Seguiré extrañando tus pisadas sobre el asfalto de la carretera, seguiré oyendo tu dulce voz gritando con fuerza aquel 14 de Junio del 2006, y seguiré siendo yo quien más lamente el pasado.


“oasis”

El radio de transistor, y este cuarto es el mismo aunque no estás, sigue siendo lo mismo que fue en aquellas épocas en que nos encerrábamos del mundo, cuándo solía caminar descalzo sobre el frío mármol del suelo, cuando tu figura era lo más bello en mi mundo, que medio sólo la extensión de mi habitación.

Que no daría porque aquellos 16 años volvieran a ser, que no daría porque visitarás esta ciudad como un verano o un invierno más, como cuando te vi por primera vez frente a la Leona Vicario,  como cuando no quisiste entrar al cine conmigo para mejor caminar por las calles de este, que sin ti, es un desierto en dónde el único oasis es mi cuarto con su radio de transistor.


“por ellos, y por mí”

Soy un caminante eterno, lo que dejaste tras de ti, ay mujer: no sabes cuánto bien hiciste en mi vida, y aunque, ahora ya no estás tan presente, impregnado de ti voy abriendo este camino.

Y me acompañan, en esta aventura, el último suspiro que logré robarte, me siguen de cerca los misterios de tus ojos, y la forma curiosa que tenías de besar; me acompañan como misioneros eternos, que van al mismo rumbo al que voy yo, claro, soy yo quien abre el camino, y son ellos quienes disfrutan del paisaje.

Soy yo, quien vive sin ti, y son ellos quienes me dicen que estás mejor sin nosotros, que somos sólo una carga que quedó olvidada en algún vagón de aquel tren madrileño, y por ellos, y por mí, le doy gracias a el Hacedor, por haberme permitido conocerte y por haber hecho que ahora seas tan feliz.


“me confieses”

Si lo debo confesar no tengo problema alguna en hacerlo, sábelo bien: no tengo nada en mente, sólo esta necesidad insensata de ti, sólo estos labios que se muerden por un beso tuyo, y sólo soy eso, un fantasma cuya vida pasó desapercibida, un naufrago que nunca salió del todo del mar, y un poco de lo que tu dejaste detrás de ti.

Soy aquello que ya no quisiste recordar, y un dulce que nunca te agrado, una bebida embriagante cuyo sabor jamás olvidaste, no tengo nada en mis planes, sólo que de un buen día llegues a necesitarme en la justa medida en la que yo te necesito a ti, sólo que te sepas amada a la buena.

Y si es posible, que un día me confieses tu amor con el mismo valor que hoy lo hago yo.


“mi segundo nombre”

Oigo tu dulce voz en la noche de la ciudad, te encuentro como la primera vez: te encuentro aquí, allá, también en mi corazón y te hallo en cada fibra de la piel de las mujeres que me rodean, y siento que por ti se me va  la vida, siento que sin ti, no soy nada más de aquello que logré ser, sólo una fotografía gastada en la pared de una casa abandonada, sólo soy un recuerdo que nadie quiso conservar, ¿Qué más da que me dé entero a ti? Si ni siquiera quieres volver a mi tu rostro;  si ni siquiera te atreves a mencionar mi segundo nombre.

Atzin, tú, tú puedes decirme simplemente así, no importa que nadie más sepa cómo me llamo, y no interesa que sólo tu entiendas la palabra que sale de tus labios.

Oigo tu dulce voz en mi corazón, y fuera de mí, nadie más la logra escuchar.


“te tomará cuentas”

Hace un par de semanas apareció en mi celular aquella foto que nos tomaron la noche del 12 de Mayo, no sabes cuánto extrañe aquellos días, no sabes cuán feliz fui en tus brazos; y aunque sé que ya todo terminó, aunque me sé lejos de ti, y se te ajena ya, no puedo evitar extrañarte a morir, no puedo evitar desear de vez en vez que todo esto sea sólo un mal sueño, y que al despertar estés de nuevo ahí, mirándome con el amor que solo tú sabes dar.

Hace tiempo que las canciones de amor suenan más fuerte, quien sabe, pero es muy probable que esa sea una culpa de la que el Hacedor también te tomará cuentas, aunque ya no estés en mi vida, tu presencia sigue siendo constante, siempre serán los mismos romances tontos aquellos que me hagan ver cuán diferente fuiste tú en mi vida, y cuánta falta me sigues haciendo.


“sabes”

¿Sabes? sigo esperando a que un día cualquiera llegues gritando mi nombre a la puerta, como solías hacerlo hace apenas unos veranos, sigo con la esperanza incierta de que un buen día decidas volver a visitarme, que hagas de cuenta que nada sucedió y que me digas al oído “te quiero”, no he podido aguantarme las ganas de irte a buscar en mis sueños, te encontré recostado en ese mismo lugar, bajo aquel castaño, te encontré claro en mis sueños, tan claro como nunca te había podido ver.

No sé bien que me sucede contigo, sólo sé que eres lo mejor de mis días, aunque ya no estés del todo presente, sólo sé que la resignación es parte de mi vida, es parte de esta forma de irla pasando, entre copa y copa, entre una Catedral y la plaza de armas, entre mi soledad y la esperanza de que vuelvas gritando. 


“prefiero”

No voy a armar otro de esos tangos a los que tengo tan acostumbrado; ésta vez no será así, he llegado al límite de lo que podía soportar, y ahora, no me quedan más lágrimas para derramar, no quedan más reclamos para hacerte, ni tampoco más peleas para comenzar, ahora habrá de ser a mi manera, a mi eterna manera de hacer las cosas.

Prefiero que sea así, sin sollozos ni llantos tontos,  prefiero mil veces sonreír recordante como en aquellas buenas épocas, prefiero conservar tus fotos y cada una de las cosas que me obsequiaste, prefiero tener un recuerdo tuyo en mi vida, porque es mejor vivir atada a tu presencia que permitir que tu continúes haciendo destrozos en mi vida.

 Aléjate de una buena vez, déjame en paz; no sirvo para las historias de amor, déjame por favor, no intentes explicar las cosas, no quieras solucionar todo, has de cuenta que cierto día amaneciste con la noticia de mi muerte, y yo creeré que el Hacedor te ha llamado a su presencia, eso será sin duda mucho mejor.


“te necesito aquí”

No necesito demasiadas palabras para decírtelo,  me bastan justo ahora sólo tres: Te necesito aquí… con ellas va toda mi alma en una oración eterna, toda mi vida en un poema que no he terminado de escribir, se van a ti mis suspiros, con la firme esperanza de traerte de vuelta a mí.

No necesito demasiado para necesitarte, sólo saberme tuyo hasta lo hondo de mi alma, sólo saberte ajena, y verme morir al extrañarte de la forma en que lo hago…


“si supieras”

Y si supieras cuanto muero de ti, cuanto necesito que me mires con esos tus negros ojos, que digas mi nombre con la fuerza que sólo tu diafragma conoce, cuanto te necesito en éstas tardes de Febrero en que la vida parece irse despacito, vagamente encuentro en los cristales de mis lentes imágenes tuyas, pero la realidad es que ya sólo son pedazos de mi nostalgia, pedazos de la melancolía con que vivo.

Ay si supieras que necesito de tu cuerpo para vivir, que necesito tu aliento para respirar, si supieras cómo muero lentamente al no verte más, como me asfixio en mi propia urgencia de ti, y como todos se burlan de mi, “¡Ay de aquel pobre loco que nunca conoció el amor!” dicen todos, pero lo que ellos no saben es que al amor, al amor yo lo cree por primera vez, y lo hice sobre tu alma.


“pero nunca jamás”

Podrán venir mil veranos, y llegar a nuestra puerta cientos de noches claras, podrán pasar las horas en el viejo reloj de mi espalda, y podré cambiar de nombre, origen y virtud; pero jamás, nunca jamás, me olvidaré de quererte y desearte siempre lo mejor del mundo.

Podré usar quizás un par de máscaras para los demás y mostrarles la falsedad de mi indomable sonrisa, podré pedirle a Dios que te lleve lejos de mí, que te olvides de mis palabras, de mi mano tocando tu espalda baja; pero jamás, nunca jamás, podré desear siquiera que yo llegué a olvidarte siquiera un día de mi vida.

Y podrás sonreírle con más intensidad que a mí, podrás entregarle el amor que jamás me diste, y decirle despacito cuánto la quieres, podrás viajar cientos de kilómetros por verle, como nunca lo hiciste conmigo; pero jamás, nunca jamás, hallaras en ella todo lo que yo te di, todo lo que nunca sabrás que me robaste.


“algo suena”

Suena tu último beso en el espacio sideral de mis adentros, suenan tus reclamos de siempre, las eternas pláticas del pórtico, suenan hasta tus despedidas, y sueno yo al verte partir, mis lágrimas tienen un sonido muy particular, mis lágrimas ya no ruedan más en silencio, el mutis de tu vida partió en dos el de la mía, desde ahora y para siempre algo habrá en mí de sonar; puede que sea tu primer “te quiero”, puede que sea la clara noche que acompaña a mis despreocupados sueños, puede que sean las primaveras que crecieron sin tus violetas o los inviernos que aparecieron sin avisar y sin dejar crecer mi alcatraces, puede que sea simplemente yo llorando tu huída, pero sólo sé que ese sonido habrá de alcanzarte, allá a dónde vayas tú…


“sólo espero”

Me dijo: “te quiero”, y me sentí el hombre más feliz sobre la faz del mundo, un peregrino itinerante mi corazón había por fin encontrado su patria en aquel precioso ser y me sabía afortunado porque esa patria abría sus brazos de par en par para recibirme.

Y así me dijo: “te necesito”, un dulce susurro que se clavó en mi alma, sus ojos un par de estrellas perdidas que por fin habían encontrado su lugar en mi mirada, y ella sabía que no iban a haber más noches sin estrellas, no más tormentas en el horizonte.

Pero hoy, sólo espero que esas palabras se repitan como en aquellas ocasiones, que un día la necesidad de vernos sea tan grande que no se conforme con una llamada telefónica, que nos veamos al día siguiente, en la misma esquina, en aquel mismo parque, bajo ese mismo árbol que solía ver como dos adolescentes de enamoraban mutuamente, con mucho más que un “te quiero” y un “te necesito”.


“nadie más entenderá”

Tú me hacías sentir vivo, tú y la ciudad me hacían vivir feliz; y justo ahora, tú has cambiado y nuestra ciudad ya no es la misma, justo ahora, me siento vacío y ajeno, tanto sentimiento y sólo tengo como compañía a un oxidado café. Sé que puede que algún día te encuentre en el transporte público, puede que alguna vez tenga que fingir que no te conozco al verte en brazos de otro, pero aún cuando ya no haya nada entre tú y yo, puedes confiar en que siempre recordaré aquella primera tarde junto frente al mar; siempre serás mía en una forma que jamás nadie más entenderá.


“muerta la rosa”

Muerta la rosa, se murió también aquel gran amor. Hasta dónde hubiéramos llegado juntos, la eternidad era poca cosa para ambos, nuestra necesidad pudo más que la fuerza de voluntad, y yo fui quien rompió primero aquella hermosa promesa que nos unía, si tan sólo hubiera podido detener el tiempo, oh si tan sólo hubiera sabido a dónde me conducían mis pasos, créeme que me hubiera detenido inmediatamente, no hay excusa que valga, no existe ninguna razón o pretexto que pueda hacerte cambiar de opinión, la realidad es que fui yo quien falló, y que nada puedo hacer ya por ti.

Sé feliz con quien tú quieras serlo, ama con libertad y no te detengas por lo que pudo haber sido, porque sé, muy dentro de mí, que sin mí, tú serás muy pero muy feliz.


“tanto amor”

A la mitad de la noche, aparece por la ventana tu recuerdo, sólo me queda recibirlo como si fueses tú, sólo me permite una única palabra de bienvenida y entre sus brazos entrego la poca pasión que sobrevivió a la ruptura que nos separó, entre sus brazos se van la paciencia y el esmero de los momentos que ya no volverán.

Entre la horas del reloj, se van perdiendo los días y los susurros, las palabras que decíamos al mismo tiempo, las miradas de las que el mundo jamás se percataba, se van perdiendo de la misma forma en que yo te perdí, se van dejando tras de sí estelas de completa soledad.

Tanta soledad, y tú tan lejos, tanto desamor y tú con tanta alegría, tanto martirio y tú con esa sonrisa eterna, tantas noches y sólo me queda tu recuerdo entrando por la ventana…


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