-Soliloquios de El Soñante-

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“enloquezca”

¿Cuál es el plan? Sólo darte todo el amor que está escondido, sólo abrir mi corazón a tu encanto, sólo dejar que tus ojitos me digan qué necesitas de mí, sólo guiarme por tu cadera, y llegar a conocer la piel que nadie más logrado ver, dame un poco de cariño, y quizás enloquezca completamente.

Eso, y tal vez volverlo a repetir una y otra y otra vez.


“recuérdame”

No sabes cuánto me has lastimado, pero prefiero que sigas sin saberlo: recuérdame como era contigo, siempre sonriente, siempre feliz, recuérdame por favor, nunca me olvides, no dejes que el tiempo borre mi sonrisa; ni mis besos, ni mis manos, ni mi mirada sobre tus ojos. Recuérdame y déjame vivir en tu memoria. Mi amor.


“seré breve”

Ven…


“confieso”

Confieso, te besé sólo para olvidar.

Y ahora mi pecado es amarte sin medida, ni tiempo, ni nada más.

Te necesito tanto como al aire que respiro, pero más indispensable que él. Y siento que si no te beso, pronto olvidaré lo que es vida.

Confieso, te besé sólo para olvidar, pero ahora, te quiero por siempre recordar.


“no podremos”

Un buen día iré corriendo a buscarte, en aquella casa de la que dijiste “será nuestra”, y al encontrarte, sin importar cuánto me tome hacerlo, me dedicaré a besar cada lunar de tu cuerpo hasta el final de los tiempos, a decir que eres lo más precioso en mi vida, que estoy profundamente agradecido con Dios por haberte traído como luz en medio de tinieblas, de las tinieblas de mi vida.

Porque me sé tuyo completo, no sé dónde estuviste éstos 22 años, pero ahora que te he encontrado, difícilmente dejaré que desaparezcas tan fácilmente, porque quiero hacer de lo nuestro una historia que se cuente de generación en generación como un ejemplo de amor, y que para siempre, como todo el mundo, tú recuerdes cómo es que esa tarde la vida me llevó a ti, como me viste subiendo aquellas escaleras, como sonreíste sin darte cuenta al volverme a ver, por fin, al vernos nuevamente por primera vez.

No podrán jamás olvidarse de nosotros, no podré jamás borrarte de mi historia, no podrás jamás abandonar la seguridad de mis brazos, no podremos dejar de ser esto.


“gracias”

Suenas fuerte, en cada rincón del abismo que es mi alma; eres un rayo de luz ahí donde nadie más puedo reinar, eres esperanza ahí donde tantos y tantas se perdieron, quiero que lo sepas, déjame decirlo una vez más, suenas fuerte en mis adentros, no porque no vaya a haber nada más, sino porque después de ti, todo lo  demás jamás será igual.

Gracias por llegar a mi vida justo a tiempo.

Ciertamente es poco lo que puedo ofrecerte, mírame, apenas mis manos tienen fuerza para tomar a la vida que se viene, pero todo eso que puedo, por poco o insignificante que llegue a ser, lo deseo para ti, que sabes la justa medida de mi corazón, que supiste reinar y venir.


“me confieses”

Si lo debo confesar no tengo problema alguna en hacerlo, sábelo bien: no tengo nada en mente, sólo esta necesidad insensata de ti, sólo estos labios que se muerden por un beso tuyo, y sólo soy eso, un fantasma cuya vida pasó desapercibida, un naufrago que nunca salió del todo del mar, y un poco de lo que tu dejaste detrás de ti.

Soy aquello que ya no quisiste recordar, y un dulce que nunca te agrado, una bebida embriagante cuyo sabor jamás olvidaste, no tengo nada en mis planes, sólo que de un buen día llegues a necesitarme en la justa medida en la que yo te necesito a ti, sólo que te sepas amada a la buena.

Y si es posible, que un día me confieses tu amor con el mismo valor que hoy lo hago yo.


“gracias”

Gracias a ti, me convertí en un poeta que es feliz sin tener hogar, en un peregrino eterno, que va a la búsqueda de aquello que jamás conoció con todas sus energías. Gracias mujer, porque me hiciste hombre, porque tus besos me dieron fuerza y me hicieron continuar, gracias porque en mis sueños me hacías sentir que todo tenía sentido y todo iría bien.

Gracias porque abriste de par en par la nación de tu pecho, y me dejaste entras a cada espacio de tu vida, gracias porque no supe cómo ni cuándo ni en dónde, pero te hiciste parte fundamental de mis días.

Y gracias, porque me quieres con la misma intensidad que mi alma se entrega a ti.


“decídete a perdonar”

Autor: Juan Rafael Pacheco.

En nuestra relación con las personas, -todos esos que llamamos “el prójimo”-, el amor siempre tiene que ir por delante, mucho antes que cualquier conducta del otro o de cualquier circunstancia de su persona. El amor es el punto de partida.

A ese “otro”, de entrada se le quiere, se le valora, se está dispuesto a ayudarle, a fomentar su bien.

Este enfoque tan a ras de tierra nos lo brinda el Padre Luis de Moya, quien afirma que, “más que ‘dar’, el amor es ‘comprender’. Por eso, si tienes el deber de juzgar, busca una excusa para tu prójimo, que las hay siempre. Y antes que nada, rezar: Rezar por quienes nos parece que no actúan como debieran.”

 Comenta Mons. Jesús Sanz Montes que “el amor que calcula, el que pide condiciones, ése no le interesa a Jesús. Acaso pensamos que no tenemos grandes enemigos, y es muy posible que así sea. Pero la enemistad que Jesús nos invita a superar con amistad, y el rencor que Él nos urge a superar con amor, pueden estar muy cerca, tal vez demasiado cerca.

El amor que Jesús nos propone es el que debemos adoptar como parte de nuestra forma de ser y que sea gesto cotidiano, permanente. Porque los amigos o enemigos a los que indistintamente debemos amar se pueden encontrar cerca o lejos, en nuestro hogar o en el vecino, puede ser un familiar o un compañero, frecuentar nuestras sendas o sorprendernos en caminos infrecuentes. Todo esto da lo mismo. No hay distinción que valga para dispensarnos de lo único importante, de lo más distintivo y de lo que nos diferencia de los paganos: el amor. En esto nos reconocerán como sus discípulos.”

Como discípulos, todos estamos llamados a ser santos. Cuando oímos esto nos cuestionamos si se estarán refiriendo a nosotros. Y descartamos la idea considerando que se refieren a los sacerdotes y obispos, las monjas y los religiosos. Quizás también a algunos laicos muy comprometidos en sus quehaceres evangelizadores. Sin embargo, afirma Fray Fernando Torres Pérez que “la santidad del cristiano no consiste en hacer muchas penitencias ni mortificaciones. Tampoco estriba en dedicar la vida a la oración y a la meditación. Ser santos es amar y amar hasta el extremo. Es amar a los enemigos. Es renunciar a lo que podría ser justo según este mundo para optar por la fraternidad, por la hermandad a cualquier precio. Hasta el precio de pagar con la propia vida. Exactamente igual que hizo Jesús. Porque ser cristiano no es más que seguir el camino del Maestro.”

¡De por Dios! ¡En qué idioma tendrán que decírnoslo! ¡El rencor no tiene cabida en el corazón de un seguidor de Cristo! Y no es cuestión de decir: “Yo no lo odio, ni le tengo rencor, sino que no me siento preparado para perdonarlo…” ¡NO! ¡Que eso no está en ningún sitio del Evangelio!

Decídete a perdonar, decídete a amar. El perdón, como el amor, no es un sentimiento, es una decisión. Hazlo, y hazlo ya.

Es Jesús quien te lo pide.


“solo contigo”

sólo contigo...

Y sin saber a ciencia cierta si todo esto resultará, yo sólo quiero intentarlo una vez, una y para siempre: qué más da que el mundo no sepa bien mi nombre, y que en estos días pocos tengan el tiempo de escuchar lo que mi boca quiere decir, qué más da que nadie entienda tus gestos, y que para el resto de ellos seas una extranjera, si tú patria no es otro lugar que mi pecho.

Nunca he estado completamente seguro de amarte, y espero jamás estarlo, esta aventura es lo que hace de mis días cosas tan apasionantes, este desafío es lo que hace tan diferente a mis noches, jamás he podido decir tu nombre sin sentir miedo a lo que vendrá, sólo estoy seguro que a mi vida le hacías mucha falta, sólo estoy claro en una cosa, te necesito.

Y si a veces parece que me voy, que no estoy para ti, que jamás dedico el tiempo suficiente, si a veces parece que soy feliz con alguien más, debes recordar, que sólo contigo me siento completo, y que sólo contigo, puedo aventurarme a seguir.


“perdí”

Contigo perdí mucho más que sólo una tarde conociendo aquella Verde Antequera, contigo perdí los miedos y las cárceles del pasado, me perdí en tus ojos, es cierto, me perdí para jamás recuperarme, me perdí para poderte encontrar en mi vida, ven a mí, toma mi mano, mira como palpita mi corazón de emoción con sólo tenerte cerca, mira como mis palabras no se hilan bien con mis ideas, es el resultado de tu bendita presencia, me perdí en ti, para poderme hallar en un mundo que nunca supo de mi más que mi primer nombre.

Contigo perdí más que sólo un par de horas; perdí la poca fortaleza que me quedaba, perdí mis ansías eternas de esperarte, y ya me decidí a no dejar que pase el tiempo, cuando podría estarme dedicando a sólo hacerte feliz, mi bien amor, mi bondad encarnada, mi destierro sutil, un cristal que refleja sólo lo que quiero ver, me he perdido en ti, pero es mucho, mucho más lo que he ganado.


“querida”

¿Qué más da que no te guste lo mismo que a mí?, que te guste de vez en cuando discutir, qué más da que tu pelo sea alborotado, que mis dedos sean miedosos, qué más da que la mirada se me pierda de vez en cuando, sabes bien lo nervioso que soy, sabes que hace algún tiempo me he decidido a dejar que me acompañes, aún cuando seas idéntica a mí, y ¿Sabes? no te costará demasiado enamorarme, déjame decirte que la mitad de tu trabajo la acaba de hacer mi alma, al decidir entregarse totalmente a ti; y que con gusto ésta tarde abriré de par en par las puertas de este pequeño corazón, sólo para ti.


“quisiera”

Quisiera poder saber que me quieren decir tus ojos, que existe detrás de tu mirada; que hay dentro de tu alma, saberte completamente en mi posesión, conocer cada rincón de tu vida, y saberme de memoria cada uno de tus gestos, que cuando nos vean por la calle, sepan que mi corazón es tan tuyo como mío es el tuyo, quisiera que entonces no tuvieras miedo de tomar mi mano, que tu mano no se quedase sólo en mi espalda; quisiera que en una noche cualquiera te decidieras a hacerme compañía, a dejar que las estrellas caigan del cielo a tu cuerpo, a permitirme amarte como seguramente nadie jamás ha sabido hacerlo.

Quisiera que entendieras lo que mis ojos te gritan, que supieras que detrás de mis miradas sólo existe una eterna necesidad de ti y que mi alma lo único que está ausente es tu recuerdo, que no haya necesidad de dar escusas para negar lo que ya ambos sabemos, que conozcan a la perfección cada momento de esto que todos llaman vida, que mis gestos fuesen parte de tu corazón, que al vernos por la calle, todos guardasen silencio pues les bastaría con ver cómo te sonrío, y que tu mano y la mía fuesen eternamente una; que en ésta noche vinieras a mí, tal como un día te fuiste, a dejar que el sol aparezca por la ventana a la media noche, a permitir que en una epifanía muera todo el pasado.


“tanto”

Es tanto y tan poco; el reloj de mi espalda que sin querer arreglaste, la mirada tierna que me regalaste la primera vez, es el sol que me visita si me miras tú, es aquel café que jamás se oxidó, eres tanto y es tan poco lo que yo puedo darte; sólo unos cuantos suspiros, solo un poco de mi amor, solamente el resto de mis días, solamente puedo ofrecerte lo mejor de mí.

Tanto lo que has hecho en mí, despediste para siempre de mi vida a la soledad, le quitaste cetro y corona, y te has impuesto el papel central en mi historia. 


“en ese entonces”

Y puede ser que jamás tenga el valor suficiente para salir corriendo a tu encuentro, que nunca nos encontremos por casualidad en la calle de éstas opacas ciudades, puede que después de un hasta luego jamás vuelvas a saber de mi, pero al menos, al menos me quedarán todos esos proyectos juntos que hicieron su hogar en mi pecho, esas palabras que una buena tarde se te escaparon sin querer, la primera vez que te salude y me devolviste mi sonrisa convertida en una tuya, todo eso se quedará conmigo, porque después de aquella plática ya nada será igual,  podrán irse entonces las ilusiones tan efímeras como la espuma de una soda, como el calor de una taza de café; podrán dejarme a solas tus sueños y los míos, todo lo que tú ya sabes de mi, todo lo que he comenzado a amar de ti, podrán irse sin decir adiós; porque en ese entonces podré decirte por fin cuanto significas para mi, y luego de eso, nada más que tú será la prioridad de mi vida…


“contra tu nostalgia”

Creo que podría hacerte muy feliz si me lo permites; ven a mí, mírame a los ojos, toma fuerte mi mano; y di tu nombre, no te detengas, vamos a un lugar que nadie más conoce, a un punto en el cual puedas ver cada trozo de mi alma, puedo ser el mismo aire que entra por a tus pulmones, puedo ser la fuerza que necesitas para continuar, recuerda que siempre estaré dispuesto a conocerte más; eres la máxima de mis aspiraciones, pues el futuro sin ti es solo un esbozo borroso de un sueño que no pudo ser.

Cierto día, cualquiera de éstos, iré a tu encuentro, y llevaré en mí todo el valor que nos hizo falta justo hoy. No me impidas acercarme, no te alejes de mi lado, puede ser que no entiendas que es lo que siento, que es lo que digo; pero ten paciencia, mi amor logrará ganar la batalla contra tu nostalgia.


“ten fe”

Solo debes tener fe, si algún día te hago falta, no te preocupes demasiado, aquí siempre estaré, tú sabes dónde puedes encontrarme, sabes muy bien qué es lo que espero y que es lo que siento; el presentimiento de tu corazón te habrá de traer nuevamente a mi; de nuevo una primera vez, como aquella que vivimos junto al mar, con el sol como único testigo, como aquella vez en que te juré mi amor.

Solo es cuestión de no perder la fe, de saberte amada por mí, y de conocerme tan bien como yo te conozco a ti; y si todo vuelve a comenzar, si acaso el comienzo nos toma por sorpresa, no te preocupes, sabré abrirme camino, tal como tú abriste mi corazón, un paraíso no se abandona tan fácilmente, tú eres mi máxima felicidad.


“muerta la rosa”

Muerta la rosa, se murió también aquel gran amor. Hasta dónde hubiéramos llegado juntos, la eternidad era poca cosa para ambos, nuestra necesidad pudo más que la fuerza de voluntad, y yo fui quien rompió primero aquella hermosa promesa que nos unía, si tan sólo hubiera podido detener el tiempo, oh si tan sólo hubiera sabido a dónde me conducían mis pasos, créeme que me hubiera detenido inmediatamente, no hay excusa que valga, no existe ninguna razón o pretexto que pueda hacerte cambiar de opinión, la realidad es que fui yo quien falló, y que nada puedo hacer ya por ti.

Sé feliz con quien tú quieras serlo, ama con libertad y no te detengas por lo que pudo haber sido, porque sé, muy dentro de mí, que sin mí, tú serás muy pero muy feliz.


“tus violetas”

Mejor sería que te fueras sin despedirte, que te olvidarás de mí, que nunca le contarás a nadie acerca de mí; mejor fuese si jamás te hubiese conocido, si en mis días significarás apenas menos que nada, que en ninguna vida te hubiera entregado yo mi amor.

Mejor sería no estar esperando por ese momento que quizás no llegue, mejor sería decirle a la vida que ya nos cansamos de recorrer sus caminos, mejor sería creer ciegamente como niños que Dios sabe lo que hace, y que sí él quiere, tú volverás a mí, pero no tú sabes bien, que hoy y siempre, yo no quiero tus inviernos si no se dan mis alcatraces, que no quiero mis primaveras, si no crecen tus violetas…

tus violetas...


“solo por el beso”

¿Cuánto tiempo vas a pedirle al tiempo?, hoy estas aquí, mañana quizás me deba ir, hoy puedes verme a los ojos, mañana quizás deba conformarme con tu recuerdo; y si dejamos pasar el ahora quizás debamos arrepentirnos el resto de nuestros días, pero si te decides, si te dices desde ahora sin ese momento especial que todos bocean, sin aquella magia en el aire, y sin ese olor a jazmines en tu pelo recién lavado, sin que un Cupido se aparezca ni haya ángeles cantando, sin todo eso, tan solo bésame y ya.

Yo te prometo que cortaré una rosa de aquella jardinera, ¡Que importa si los vecinos se deciden a denunciar!; probaré suerte entre tus brazos, y les diré adiós a todos en un barco cuyo destino por fortuna no conocemos, le diré al mundo que en ti he encontrado mi lugar, y todo, todo si tú te decides a besarme, no prometo días sin nubes negras, ni prometo componerte cada día una nueva canción; sólo prometo que allá a donde este barco nos lleve, allá en donde quiera que estemos, estaré siempre a tu lado, y todo, por ese primer beso que ya espero…


“hasta ese momento”

¿Hasta cuándo dejaré de quererte?

Hasta que te canses de mi, hasta que te aburra mi plática egoísta, hasta que veas en mis ojos que nunca he podido sentir verdadero amor; hasta que creas lo que el mundo dice de mí, y te decidas a alejarte tal y como viniste, dejaré de quererte hasta que el sol se despierte de mal humor y se oculte a los delincuentes, hasta que pueda recordarte sin dolor y tú me desprecies con todas tus fuerzas.

Hasta que otros hombres tomen mi sitio, y otras mujeres tomen el tuyo; hasta que el final se haga presente y el mañana deje de importar, hasta que por fin te desveles esperándome y yo pueda vivir la noche sin pensarte, hasta ese justo momento, dejaré yo de adorarte.


“aqui”

Como es que no pude evitarlo, esa mañana estabas en aquel restaurant; y al verte no pude evitar el sentirme transportado en el tiempo, me llevaste a otros siglos, me elevaste, me hiciste sentir lo que es el amor, y me diste una oportunidad.

Y mírame hoy, viéndote aun puedo viajar, ya no a aquel pasado maravilloso, solo viajo a aquel instante, y doy gracias a la vida por no haber podido evitarlo; porque por ti conocí lo que es amar; por ti me encuentro hoy en este mismo restaurant, soñando en todo lo que gracias a ti ya fue…


“amor de tarde”


Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.


“oración por la familia”

Bendito seas Señor,

porque en tu Amor nos reuniste

para formar nuestra familia.

Te damos gracias por vivir juntos.

Te pedimos que protejas

y conserves nuestro hogar.

Que sus puertas estén siempre abiertas

para los que quieran entrar en él

y compartir nuestra alegría y amistad.

Enséñanos a aceptarnos como somos,

con nuestras cualidades y defectos;

a presentarte nuestros planes y sueños;

a pedir tu ayuda;

a ofrecerte nuestras alegrías y nuestras penas;

a recomenzar después de cada caída.

Te pedimos que como miembros de tu Iglesia,

sepamos llevar tu mensaje de amor

a todos los que nos rodean.

Que tu amor nos conserve siempre unidos

y en paz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.


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