-Soliloquios de El Soñante-

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“Soliloquio del 28 IV”

A lo largo de los últimos meses he estado ubicándome, poco a poco, he estado tomando como propio el espacio que me corresponde, después de todo, estoy a un paso de acabar con mi formación profesional, y sin duda, el resto de mis días estaré unido a ese papel que tanto me gusta: ser educador. Pero no puedo evitar sentir miedo por todo lo que vendrá, no puedo evitar temer no poder cumplir mis propias expectativas, aunque sé muy bien que cuando me esfuerzo logro todo lo que me propongo, no puedo evitar temer el futuro, un miedo bien fundado, un temor bien estimado, que no se exagera ni se esconde, y que al mismo tiempo le da sabor a esa aventura.

Aún me quedan dos meses más como estudiante, y después del final tan anunciado, llegará el momento de enfrentarse a un momento nuevo en mi vida, no será la primera vez, ya tengo experiencia en esas cosas, y ojalá que todo ocurra de la mejor manera.


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“Soliloquio del 28 III”

Desde hace más de 8 años la religión ha sido una parte muy importante de mi vida: poco a poco se metió en ella, comencé como un adolescente buscando refugio y compañía, y no sólo encontré aquello que deseaba sino un sinfín de aventuras y experiencias que hoy a la distancia me hacen sentirme feliz y orgulloso del camino que he recorrido.

Han sido ocho años en los cuales no he dejado de aprender nunca, siempre ha habido algo nuevo para saber, nuevas personas para conocer, rostros que se han vuelto familiares con el pasar de los días y meses, y otros tantos que llegaron y se fueron no sin antes dejar huella en mi existir, y a éstas alturas de la vida, he llegado a pensar si hacer de la religión el resto de mi vida, si está ahí mi lugar, son tantas las cosas que giran en mi cabeza cuando voy por el mundo, todas ellas toman calma cada vez que dedico mi tiempo al servicio que tengo, todas las cargas encuentran alivio, y eso me hace sentir muy bien, sentirme seguro, sentirme útil, sentirme elegido; quizás haya que pensar, en qué haré después del título de mi Licenciatura, a qué dedicaré el restos de mis días…


“soliloquio del 28 (II)”

Jamás he sido de las personas que gustan tener demasiadas amistades, supongo que esa decisión determina la forma en que trato a quienes me rodean, no puedo decir que no se amable, pero pocas veces decido confiar completamente en los demás y  recuerdo como una frase personal “siempre hay que desconfiar de los otros”. No se trata de vivir la soledad eternamente, sólo se trata de poner un poco de espacio entre las personas con quienes si hay que tener cuidado, y entre quienes logran superar esa primera barrera.

¿Qué puede hacer quien apenas y conoce mi segundo nombre?, nada hay que las personas puedan hacer más que decidir acompañarme y aceptarme con esos defectos tan notables de los cuales no hay necesidad de hacer mención, a cambio, puedo ofrecer la paciencia que se oculta tras de una sonrisa indomable, la compañía necesaria, la ayuda desinteresada y la necesidad de no quedarme solo.


“soliloquio del 28″

Esto se trata de no detenerse, ni siquiera para tomar respiros, esos vienen a tu pulmones naturalmente, adelante, siempre adelante, que la vida se agota con cada segundo perdido, y si en ella todo te falla; si nada resulta como lo esperabas, si ningún plan de concreta y te hace feliz; deberías comenzar a entender que de eso se trata la vida, de sorpresas, de pequeños y fugaces momentos de dinamismo que te dan energía para continuar, algunos le llaman alegría, otros le dicen buena suerte, yo por mi parte prefiero decirles epifanía, aquí puedes elegir ser una buena persona o una mala persona; sea lo que sea lo que termines eligiendo, debes intentar siempre ser el mejor en lo que haces, es al final de cuentas, el esfuerzo y dedicación lo que vale; los motivos, siempre serán un punto de discusión, en cambio los logros (buenos o malos) siempre habrán de ser reconocidos, aunque pocas veces te tocara una conmemoración por ellos, eso es seguro.

Un buen día un viejo amigo, de esos pocos que gusto de conservar, me dijo: “tengo la esperanza de que no cambiarás, que seguirás siendo el mismo mocoso con el que solía compartir tardes enteras”, y yo le prometí que lo intentaría, pero la verdad es que ya no soy ese mismo; sólo con el tiempo comprendí que no cambiamos, sólo aprendemos más a vivir.


“1 de Enero”

Ahora que arranca un nuevo año, no queda más que iniciarlo con toda la energía posible, por ésta razón estreno cabecera, la primera de éste 2013: para esta ocasión me decidí por un amigable amigo que duerme plácidamente sobre la luna, ojalá que reine la paz y la tranquilidad en la vida de todos. ¡Bienvenido Enero!


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