-Soliloquios de El Soñante-

Entradas etiquetadas como “Luna

“yo no te pido la luna”


“y quiero bailar”

He de confesar, ganas no me faltan de llevarte a bailar, quiero que tu cuerpo y el mío se entiendan en los compases de alguna melodía sin fin, quiero pasar mi mano por tu espalda y que sientas mi respiración acelerándose por tenerte tan cerca, quiero que sepas cuánto te deseo, que veas como el sudor recorre mi frente y te sepas el motivo de ello, quiero que vayamos a la pista, que perdamos la noción del tiempo juntos, y si en la pista dejamos de ser dos, y pasamos a ser un sólo ser, que así sea; no me importaría que mi última respiración fuese el compás final de tu exótica danza, no me interesaría seguir viviendo sin poderte tener otra vez entre mis brazos.

Y quiero bailar contigo, ver como brillas como luna llena en plena noche de Abril, quiero que me compartas tu vida eterna en una noche de rumba y arrabal.


“que…”

Que se me gasten los labios en sólo darte besos, que se me acaben los días mirándote a los ojos y que no haya nada más en mi vida que la fuerza con que dices mi nombre; que se acaben las tinieblas y que los ángeles vengan a verme a través de tu compañía. Que se vayan lejos todos los miedos y que me digas cuánto me necesitas, que se apague la luna y se olvide a los mejores poetas, que todo valga nada, y que nada lo sea todo; quiero que contigo todo sea posible, y que conmigo te atrevas a intentar lo imposible.


“más culpable resulto ser yo”

Culpable es ella de que sonría así, de que hoy vuelva a cantar, y que probablemente mañana vaya corriendo a besarla otra vez; de que no me haya bastado aquella primera noche bajo una luna naciente, que me este ahogando en necesidad de tenerla nuevamente entre mis brazos.

Pero si de culpas hablamos, más culpable es mi alma, de no saberse a gusto en soledad, de siempre haberla buscado en todas partes, es más culpable mi mente que la dibujaba tiernamente en el crisol, que me llevaba a experimentar su amor sin siquiera conocerla , y mucho más culpable resulto ser yo, al haberme perdido tantos años de ella.


“antes del 20″

A punto de ser 20 de Enero, viniste a mí como un rayo fugaz, viste en mis ojos todo lo estaba por entregar, me derretí en tu encanto, me deje vencer por ti; cerca del 20 de Enero no me pude resistir a tu magia de mujer y fue así como me prometí no dejarte ir sin antes haber probado tus labios.

Creo que podría pasar el resto de mis días deshojando a la luna para ti, creo que podría cocer a tu almohada todas las estrellas que nacen de mi pecho, y que no me cansaría de estar justo aquí, fue justo antes del 20 de Enero, porque tú quisiste que fuera así, pero sé que en menos de un año, tendremos una nueva fecha especial; nuevamente será 20 de Enero y ésta vez, no te dejaré ir sin antes haber vuelto a probar de tus besos.


“1 de Enero”

Ahora que arranca un nuevo año, no queda más que iniciarlo con toda la energía posible, por ésta razón estreno cabecera, la primera de éste 2013: para esta ocasión me decidí por un amigable amigo que duerme plácidamente sobre la luna, ojalá que reine la paz y la tranquilidad en la vida de todos. ¡Bienvenido Enero!


“El Conejo de la Luna”

Una antigua leyenda maya intenta explicar el porqué de esa forma animal que se adivina de noche si miramos hacia el astro nocturno. Las sombras de los cráteres en la escarpada superficie lunar, según los precolombinos, simulan un conejo en movimiento, saltando. La vieja leyenda dice:

 Quetzalcóatl, el dios grande y bueno, se fue a viajar una vez por el mundo en figura de hombre. Como había caminado todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. Pero todavía siguió caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomó a la ventana de los cielos. Entonces se sentó a la orilla del camino, y estaba allí descansando, cuando vio a un conejito que había salido a cenar.
-¿Qué estás comiendo?, -le preguntó.
-Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco?
-Gracias, pero yo no como zacate.
-¿Qué vas a hacer entonces?
-Morirme tal vez de hambre y sed.
El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo:
-Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí.
Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:
– Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti.
Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo: 
-Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.


“La Eternidad de las Flores: El fin”

Poco a poco el avatar de Elune dio luz a toda La Arboleda de las Lunas, dejando la noche tan clara como en un plenilunio, y así terminaba la batalla; Inirion y Aunrae habían acabado con la amenaza y ahora era tiempo de recuperar sus fuerzas, los Arbóreos se sabían vencedores gracias a su unión y fraternidad, y la Diosa Madre ahora podría bendecirlos con su eterna luz.

A pesar de que la guerra contra la Diosa Fluvial se había llevado a muchos Arbóreos y a otros inocentes, había valido la pena para acabar con la enemiga eterna de Elune, esa misma noche fueron enterrados la armadura de Paladín y el bastón de Tanavar al lado de las tumbas de otros ancestros Arbóreos como Obito e Ithilior.

La paz había sido restaurada y ahora todos podrían vivir la eternidad de las flores.

Sin embargo Inírion, a pesar de estar rodeados de sus primos y tíos se sentía realmente solo, había perdido en la guerra a su Padre y su Abuelo, la noche siguiente al final de la guerra todos los Arbóreos sobrevivientes fueron reunidos en el centro de La Arboleda, ahí el Avatar de la Diosa se hizo presente por última vez para realizar el último acto de esa guerra y el primero de la nueva época que recién comenzaba para los suyos.
-Inírion, no estés más triste, recuerda que todo lo que forma parte sucede por una razón, mi hijo Tanavar está ahora conmigo, ya no como parte del Sueño Esmeralda sino como parte de mi propia esencia, y sepan todos que siempre podrán volver a verlo, cuando en el cielo nocturno yo los acompañe, ahí estará él, tan cálido y amistoso como siempre; y a ti Inírion descendiente directo de él te corresponde guiar a los tuyos a épocas nuevas. Era necesario que salieras aquel día del que creías tu hogar, para encontrar éste lugar que es tu verdadera casa, tu verdadera familia. 

Del avatar de Elune nació un brazo de luz que toco por un momento el báculo de Inírion y después desapareció.
-Sé que sabrás conducir a los Arbóreos hacia la grandeza que está preparada para todos ustedes.

Después, Elune desapareció dejando tras de sí una estela brillante que poco a poco se esparció por sobre toda La Arboleda de las Lunas, así ella retornaba a su ambiente pacificador y misterioso, el poder de la Redentora ahora se encargaba de devolver a su última casa la grandeza de las épocas argentas, cuando Tanavar Oakwalker gobernaba sobre sus hijos.

FIN


“La Eternidad de las Flores: La última estocada II”

Confused comenzó una batalla mágica con Annawen. Los rayos de ambas chocaban entre sí, provocando una luz cegadora que detuvo al resto de guerreros. Sin embargo, Aunrae no necesitaba ver para luchar. Su ahora conmocionado corazón la impulsó a atacar directamente a la elfa.
Dio un salto y con sus cimitarras delante de ella cortó la cabeza de la sacerdotisa.

El cráneo de la enemiga rodó por el piso, y su cuerpo se vio aniquilado por el rayo oscuro y potente de la drow. 

Pero ese no era el fin. De la cabeza de la sacerdotisa emanó una neblina, hasta que la cabeza se desintegró completamente transformada en el vapor de agua. 
De aquel gas la voz de Torothal se oyó con fuerza, entre quejas y maldiciones.

-¡Y ahora, ustedes serán mis victimas!- gritó finalmente la Diosa fluvial e intento fusionarse con el cuerpo de Inírion.

El Kaldorei rechazó la neblina y comenzó a cantar, una melodía que no recordaba pero llevaba en su corazón desde siempre. Sintió el poder de la Redentora fluir por su cuerpo, una luz incuantificable que lo atravesaba y se enfrentaba directamente con su enemiga.
Por su lado, Torothal se aprovechaba del alma de Annawen que aún poseía en su neblina. Con ella se encargaba de lanzar su lluvia asesina que se enfrentaba con la luz lunar del elfo nocturno.

Más allá, los arboreos acabaron con los sacerdotes restantes, quienes cayeron muertos ante sus pies. Inírion miró a sus primos y recordó aquella frase que había oído desde siempre: “encontraran todo lo que necesiten” . En ese instante sintió algo activarse en su mente. Su mano izquierda agarró la daga lunar de su escondite y tomándola con ambas manos siguió cantando. 
Terminada una estrofa, tomó con su diestra el arma y la lanzó contra la neblina. Al chocar ambas, cientos de destellos de luz se esparcieron en todas direcciones. 

De pronto, la luz se devolvió a su lugar de origen y la oscuridad se apoderó del lunar, siendo sólo iluminado por el avatar de Elunen.


“eres tú”

¿Sabes?, Ya lo he dicho tantas y tantas veces; pero es la verdad, para mí eres tan dulce y sutil que hasta el viento envidia la forma en que has entrado en mi vida; yo sólo le ruego a nuestra Señora de la Esperanza, que de amor nunca muera, que de necesitarte nunca me canse, que de amarte nunca me olvide y que de mirarte jamás me agote, que mi vida sea sólo para desgastarme en amarte, para perderme en tus ojos, y decirle al arcoíris que ya no le tengo más miedo; para pedirte un día de éstos que te cases conmigo y contárselo en secreto a mis amigos con una copa de vino en la mesa y un poco de alcohol en la sangre, y decirle a la Luna que alguien le robó su lugar en mi vida, y decirles, a todos, que ese alguien, ese alguien eres tú.


“La Eternidad de las Flores: La última estocada I”

El corazón de Annawen fue teñido completamente por el odio de Torothal. Las esperanzas de recuperar su alma fueron abruptamente destruidas en el momento en que la locura y las ideas retorcidas de su mente colapsaron, dejándola en un estado desquiciado. Ahora, ella era la victima directa de Torothal, y así mismo la diosa había sido absorbida por el cuerpo y alma de la elfa. Ambas eran una sola.

Los arboreos, juntos ahora, tomaron una posición defensiva que intentaba cubrir todos los flancos. A su vez, los sacerdotes que sobrevivieron a la matanza de las drow se pusieron al rededor de la elfa para protegerla.

La batalla comenzó como un océano de luces que se dispersaban al chocar unas contra otras, pasando de un color a otro. Todos los elfos presentes utilizaban sus poderes para contrarrestar el ataque enemigo, aumentando a cada instante el nivel de los hechizos.

Un sacerdote cayó muerto al ser alcanzado por un rayo oscuro de Confused, al tiempo que un ataque enemigo alcanzaba la pierna de Nykolas, provocándole una quemadura. Inírion junto a su abuelo lanzaron un hechizo que derribó a dos sacerdotes más, pero el ataque de los restantes mantenía ocupados a los otros arboreos.

Annawen, quien había estado preparándose, lanzó una poderosa lluvia sobre Tanavar, quien ante el contacto con cada gota parecía desaparecer un poco más. El ataque se transformó en un poderoso granizo que se encargó de destruir el cuerpo del elfo nocturno. El kaldorei, al verse en las últimas, envió todas sus esperanzas a su nieto, mirándolo con una confianza nunca antes vista al tiempo de morir.

En ese momento, Inírion viéndolo a los ojos, recordó la muerte de su padre.

Racconto – INICIO

Al llegar a su cabaña el joven Inírion se encuentra con una gran sorpresa, las ventanas permanecen a oscuras y no se nota actividad alguna al interior de ella.
-¿Qué sucede aquí? –Se detiene de golpe y comienza a caminar sigilosamente hasta lograr llegar a la puerta de su casa, entonces entra y comienza a buscar el rastro de algún intruso en ella pero no encuentra nada salvo a su padre tirada a la mitad de la sala- ¡Padre!, ¿Qué sucedió?, ¿Quién te hizo esto?
-Calma hijo –Dijo tosiendo con su voz grave el viejo Ithilior- no ha sucedido nada que no debiera pasar, ningún enemigo ha pisado nuestro hogar, es solo, que tu padre esta tan viejo que la Redentora lo llama justo ahora a su suave yugo.
-No padre, aún no es tiempo de que te marches, por favor, padre, dime que te quedarás conmigo, te necesito aquí para poder seguir, la vida aquí es demasiado dura para continuar viviéndola yo mismo.
-Eres tan cálido como lo era mi Padre durante las épocas grandes de La Arboleda de las Lunas, justo como lo recuerdo…ahora, podré reencontrarme con él ahí y podre revivir aquellas hermosas épocas en que tu –una grave tos interrumpió al viejo Elfo Nocturno causando un gran terror en su hijo, pero después de unos segundos pudo continuar- en que tu apenas eras un niño hijo, ¿Lo recuerdas?
-Si Padre, recuerdo como jugueteaba con mis primos y como el abuelo nos protegía y nos contaba historias fantásticas de su juventud, acerca del gran amor de la Diosa y de la eternidad Arbórea.
-Es justo ahí a donde iré, al Sueño Esmeralda para unirme con los míos y poder descansar en presencia de la Dama Blanca. –En ese justo momento los grandes ojos azules de Ithilior se cubren de una oscura sombra y su espíritu abandona su antiguo cuerpo, que sin el comienza disolverse en el aire-
-¡Padreee! No me dejes, ¡No! –Inírión lanza un gran lamento al ver la muerte de su padre en sus brazos y al no poder retener su cuerpo entre sus dedos-

Racconto – FIN

Los ojos del gran líder de la Arboleada de las Lunas infunde en cada corazón una emoción similar, un sentimiento de pérdida unido al deber de terminar la lucha y vencer. Como una cuchilla, y al mismo tiempo, Aunrae revive la muerte del propio padre.

Racconto – INICIO

Una neblina sobrenatural en el aire oculta todo de la mirada de ambos y solo se logra escuchar sobre el viento un sonido parecido a un gran río caminando sobre las piedras de su cauce, y entonces la Drow sabe que algo malo ocurre.

A lo lejos se escuchan navajas traspasando la carne de un viejo Drow, y la sangre corriendo sobre el césped nevado que recubre el suelo, el inmenso blanco del despoblado se impregna entonces de un guinda profundo, y sobre el cuerpo del muerto se escribe con una daga una runa en forma de nube, entonces los asesinos escapan cubiertos por la neblina sin que Aunrae o Inírion puedan verlos, luego el despoblado queda despejado y ante los ojos purpura de Aunrae aparece el cadáver de su padre.

-Padre, no –Dice Aunrae.

Racconto – FIN

 


“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VIII”

Acabaron con todos los asesinos y la espesa bruma comenzó a disiparse lentamente, al tiempo que los Arbóreos comenzaban a reconfortarse unos a otros pensando que lo peor ya había terminado, estaban todos reunidos a excepción de Paladín que había caído valientemente en la defensa de su hogar y de Tanavar e Inírion de quienes no tenían las más mínimas señales.

Abruptamente el cielo de La Arboleda se partió y de él cayo un enorme rayo justo enfrente de los Arbóreos, electrificando a todos y haciéndolos caer inconscientes al suelo, de ese enorme rayo apareció Annawen acompañada de los pocos Sacerdotes Fluviales que sobrevivieron a la batalla.
-Elune, la poderosa Diosa de los Arbóreos –Dijo con una potente voz Torothal por medio de su avatar viviente-
-Tú, traidora, asesina y mentirosa, sal de mi hogar ahora mismo –Le respondió rápidamente el avatar de Elune que nacía del núcleo de La Arboleda-
-¿Creíste que podías detenerme con los pobres mortales que te sirven?, eso jamás será posible, pues aunque hace muchas décadas hayas descubierto a Narat mi espía en tu hogar y aún cuando hayas creado ese ridículo plan con Tanavar y Confused para dispersar a tus hijos por todo el orbe, aún cuando lograste engañar a todos con el odio hacia esa Drow imbécil, no pudiste detenerme jamás y nunca podrás hacerlo Diosa Luna, porque mi poder no conoce fin y ahora, esta noche será la última en que los mortales verán una Luna aparecer en el cielo, porque esto termina aquí.

Annawen levanto su báculo en contra del Avatar de Elune para lanzarle una última magia, pero entonces desde la Luna Nueva que estaba en el manto nocturno bajó un claro rayo de Luna sobre el centro de La Arboleda, cegando a Annawen y a los sacerdotes que la rodeaban, aparecieron Tanavar e Inírion quien tenía en sus manos su gran bastón, una vez Annawen recobró la vista pudo ver a ambos Kaldoreis frente de ella.

-¿Qué?, ¿Qué rayos hacen aquí? Se supone que todos los Arbóreos fueron acabados por el ejército y por la mano poderosa de Torothal.
-Jamás podrás acabar con el espíritu incansable de los Arbóreos de Elune –Le respondió Tanavar quien al pisar el suelo de La Arboleda había recuperado la juventud que poseía en las épocas en que gobernaba a la comunidad-
Acto seguido Inírion levanto su báculo y de él emanaron luces brillantes que buscaron velozmente los cuerpos de los Arbóreos que yacían en el suelo, todos lograron despertar de su inconsciencia y al ver a los enemigos tan cerca tomaron posiciones defensivas.

-¡Así deba acabar con la vida de cada uno de ustedes con mis propias manos, esto terminará aquí y ahora! –Grito Annawen al tiempo que mando a los Sacerdotes atacar inmediatamente a la defensa Arbórea-


“aquel castaño”

En noches como ésta necesito uno de esos abrazos robados bajo la sombra de aquel castaño; bajo aquella sombra eterna que nos escondía de la luna, en noches como ésta, me siento tan necesitado de ti, tan vació sin tu presencia, tan ausente sin tus besos, tan desierto sin tu vida, me siento ya morir, pero tú no te preocupes, después de todo, desde el principio no esperaba quedarme para siempre en tus días; que el destino te sonría y allá donde vayas que te encuentres con lo mejor de la vida, porque yo aquí estaré muriendo de ti, cada vez que haya noches como ésta.


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río III”

De pronto, sin avisar a nadie, los wisps tomaron formas de elfo y monturas para luchar contra el enemigo. Las arañas gigantes dieron su aparición rodeando el terreno cubierto para la emboscada. De un segundo a otro pasaron de ser casi diez a un ejercito innumerable.

Las tropas enemigas sufrieron bajas al caer varios grupos en agujeros gigantes construidos por las arañas. El miedo los hizo detenerse, haciendo que Annawen se preocupara de revisar el terreno antes de hacerlos avanzar. La precaución le costo una hora, en la cual más trampas fueron ubicadas en distintos lugares del bosque para la batalla.

Cuando Paladín recibió la señal, el azote contra el ejercito fluvial se hizo notar de inmediato. Troncos que chocaban contra armaduras. Magias que intentaban detener el ataque, magias que destruían las defensas del ejercito. Misiles de energía lanzados por las elfas y rocas que caían del cielo transportadas por las distintas aves granizaban en los cuerpos enemigos.

Sin embargo, Annawen lanzó un hechizo que permitió salvar a las tropas que aún vivían. El ejercito se acercó peligrosamente a los arboreos y a los wisps quienes blandieron sus espadas con fuerza.

A caballo, a pie o sobre lagartos gigantes, con y sin armadura, la guerra se delataba con un mar de sangre. Muertes de uno y del otro bando, fuego que destruía a su paso todo lo que se veía venir. Las catapultas enemigas solo cercaban un terreno de lucha del cual sería difícil escapar.

Las elfas wisp, guiadas por Elfamaniaca atacaron a la parte humana del ejercito de Torothal. Barbaras poco vestidos con escudos de madera que parecían incansables. 

Espadas chocando en un lugar y en otro al mismo instante, lanzas que volaban junto al mar de flechas. Magias que destruían decenas de legiones. Confused sentía revivir el momento de la destrucción de la Arboleada, y como en la primera vez, Tanavar no estaba. 

Junto a Aunrae habían producido cuantiosas muertes, corriendo y trepando los árboles que se dispusieran en su camino. Sin embargo, se había alejado del resto de los arboreos, quienes habían quedado en parejas o tríos. Todos a excepción de Elfa, quien por única compañía tenía a los wisps transformados en elfas silvanas.

En un arrebato, Annawen se puso a la cabeza de los humanos, enfrentándose directamente con Elfamaniaca. La sacerdotisa fluvial puso todo su rigor mágico en la batalla. Esferas de energía y llamas volaron hacia Elfa, junto con rocas que la enemiga hizo levitar.

Elfamaniaca esquivó como pudo cada ataque, hasta que libre pudo lanzar una flecha hacia la sacerdotisa de Torothal. Pero aquello fue un error. En su descuido, la enemiga de un rápido salto la alcanzó e impulsó su daga contra su abdomen.

Elfa, al notar la inminente derrota bajó los brazos y se dejó caer, cerrando los ojos. 

Escuchó el sonido de pies golpeando la armadura de la enemiga y sintió unos brazos rodear su cuerpo. 

-¡Koehnes!- gritó al ver al Elfo -¡Nuron!- exclamó al ver al menor de sus hijos.

Las elfas oscuras montaron un par de arañas gigantes que Lolth les proporcionó con monturas de guerra. Su capacidad de ataque aumentó al no tener que distraerse esquivando y repeliendo los diversos ataques enemigos.

Sin embargo, como si de suicidas se tratara, la parte humana del ejercito se lanzaba contra sus monturas en un intento de ataque aéreo que retrasaba su misión de lanzar magias. Con sus cimitarras exterminaban a cada uno de los osados que se atrevía a traspasar la defensa que proporcionaban sus arañas gigantes. 

Por otro lado, Paladín no lo veía fácil. Si bien había blandido su espada con habilidad y honor digna de su caballería, el cansancio le iba limitando el ataque. 
Las constantes hordas renovadas del ejercito fluvial hacían decrecer su potencial rápidamente, al punto de ser incapaz de atacar a más de un enemigo a la vez.

De un momento a otro, un guerrero cuya cabeza era cubierta por la piel de un lobo entró gritando a su campo de visión y le atravesó la espada en el abdomen, perforando su dura armadura de hierro. 
Paladín en una expresión que sólo los asesinos comprenden, dejó salir su último suspiro de vida. 


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río II”

Saliendo del portal Confused era idéntica a Aunrae. Los años que habían pasado retrocedieron hasta el punto exacto en que Drad había sido más poderosa. Tal vez en apariencia a ojos de su raza tuviera sólo unas décadas más que la joven drow, pero para otras especies eran iguales.

La anciana se sorprendió al hallarse en la Arboleada de las Lunas. Lo último que recordaba era como había destruido todo con sus propias manos, y luego de eso sus carnes habían envejecido en la Antípoda Oscura. 
Ahora, todas sus arrugas desaparecidas, y las fracturas y deterioros causados por la edad habían acabado por repararse. 

Sus sentidos captaron el nuevo olor que ahora se escabullía en su nariz, una mezcla de vapor de agua, sangre y luna. 

-¿Ya ha comenzado la guerra?- cuestionó a la joven.
-Así parece-

Confused no se sorprendió. Continuaron por el bosque hasta que hallaron lo que parecía ser el comedor central. Allí, Gil las recibió con alimentos y un particular té de menta. 

Ambos antiguos arboreos tuvieron un reencuentro corto, pero preciso. Se contaron algunas novedades. Luego, él explico la situación actual y como se veía venir la lucha.

Instantes después la drow y su nieta se preparaban para emboscar a una parte del ejercito fluvial. Nyko y Genova preparaban las trampas mientras ellas se acomodaban en la espesura de los árboles para lanzar ataques mágicos. 

Elfa estaba junto a sus primas, aunque a una altura mayor para preparar el ataque aéreo con las criaturas del lugar.

Paladín montado en su fiel corcel esperaba tras una roca para activar las trampas de un sólo blandir de su espada contra las cuerdas. La señal que esperaban era el chillar de la ardilla, Nuty, quien oculto miraba la impaciente procesión de la horda enemiga.


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río I”

Mientras los elfos partieron hacia rumbos desconocidos todos los demás Arbóreos prepararon la defensa de su hogar.

Antaño cada uno de ellos había obtenido un arma que además de ser un símbolo arbóreo poseía la capacidad de encontrar y derrotar a los enemigos de la Diosa Madre, ahora esas armas habían vuelto a sus manos y serian utilizadas para gestar la última batalla para defender a La Arboleda de las Lunas del ejercito fluvial.

Todo el bosque que rodeaba a La Arboleda fue encantado por los espíritus que eran fieles a la Luna, en ellos se abrieron veredas que tenían por objetivo hacer que el ejército enemigo se perdiera para dar más tiempo a Aunrae e Inírion; también muchos de los animales y árboles se tornaron agresivos hacia los invasores, algunos wisp que en el pasado habían obedecido fielmente las ordenes de Tanavar en La Arboleda de las Lunas se adentraron por las veredas para cazar y dar muerte a los sacerdotes de Torothal. Sin embargo el ejercito era inmenso y aunque esas trampas causaron algunas bajas en sus filas, la realidad era que la inmensa ola se armas y odio se cernía sobre el hogar de la comunidad Arbórea.

Además, Torothal había enviado a un avatar suyo para dirigir la guerra; Annawen la elfa silvestre que había acompañado a Inírion y Aunrae por la antigua ciudad naga de Nozjatar, guiaba con gran maestría a los guerreros por las oscuras veredas de los bosques argento, y acababa con muchas de las amenazas que ese bosque representaba para los guerreros fluviales.

Él bosque retraso todo lo que pudo a los enemigos de Elune, sin embargo ellos llegaron pronto a las puertas de La Arboleda de las Lunas, y Annawen al frente del ejercito rompió la última barrera física que defendía a los Arbóreos.

Apenas cayeron ambas puertas al suelo una gran oscuridad que salió lanzada desde el interior de La Arboleda cubrió al ejército fluvial, esta penumbra dispersó por varios minutos a los guerreros y sacerdotes de Torothal, dentro de esta oscuridad los Arbóreos pudieron entrar en las filas de los enemigos y acabar con algunos de ellos pero tan pronto como Annawen disipó la bruma ellos se desvanecieron con ella refugiándose al interior de su hogar.

La Diosa del rio conocía de sobra las técnicas de su enemiga y sabía que un enfrentamiento directo no seria posible, ella haría todo lo posible por detener su caminata y evitar que alcanzasen el centro del recinto en donde Elune tenía un avatar que nacía del núcleo de la misma Arboleda, por ello decidió enviar a su ejército poco a poco para acabar con todas las defensas posibles, para que cuando ello sucediera su avatar pudiese entrar libremente y acabar con Elune para siempre…


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad IV”

El sueño Esmeralda era muy diferente a como Inírion lo había imaginado, un inmenso bosque en el que todo Kaldorei se sentiría en la gloria, sin embargo para él ese no era el paraíso en ese justo instante en el que necesitaba encontrar a su abuelo, sin embargo, no parecía haber por donde iniciar.

Caminó por los senderos de ese bosque durante muchas horas sin encontrarse con ningún Elfo Nocturno únicamente animales y plantas de todas las razas habidas y por haber, sin embargo a lo lejos escuchaba voces femeninas que entonaban canticos hermosos, seguramente Sacerdotizas que habían trascendido de la vida mortal y que ahora dedicaban su existencia a enaltecer el nombre de la Diosa.

Después de caminar por mucho tiempo, llego a un pequeño claro en donde se encontraba una gran pila de color blanco de la cual nacía una afluente de agua clara, lentamente se acerco a ella, en todo momento se sentía observado por algo desde las profundidades del bosque sin embargo ello no le atemorizaba sino que se sentía impulsado por un extraño valor, una vez estuvo al lado de la pila observo a su interior y vio en ella una extraña daga en forma de Luna, en un arrebato de instinto metió la mano en el nacimiento del afluente y tomando la daga con su mano izquierda la saco rápidamente de ahí.

-Una espada de Elune, ¿Qué hace esto aquí? Se supone que en estos bosques no existen armas, este tipo de instrumentos solo son para las Sacerdotizas del mundo mortal –Dijo sorprendido al verla en sus manos Inírion-
-¿Recuerdas las palabras que te dijo hijo? –Le pregunto una voz que provenía de sus espaldas-
Inmediatamente Inírion se dio la vuelta y se encontró frente a frente con un Kaldorei anciano (quizás tenía más de 2000 años, una cifra extraordinaria para su raza)
-A…abuelo –Solo atino a decir Inírion-
-Así es, soy Tavanar Oakwalker, Primer Gran Druida Gris Emérito de La Arboleda de las Lunas y claro que soy tu abuelo –Expreso el anciano con una inmensa sonrisa que dejo ver sus dientes blancos como los rayos de Luna-
-Ella nos dijo, “encontraran todo lo que necesiten”, y siempre ha cumplido su palabra.
-Y la está cumpliendo ahora mismo con lo que tienes en tus manos hijo –Le respondió el Kaldorei anciano-
-¿Qué significa eso?
-Significa que cuando llegue el momento tú sabrás que hacer con esa espada, guárdala.
-Si –acto seguido Inírion la guardo- Abuelo he venido aquí por…
-Sí, has venido por mí, lo sé, te he estado esperando más tiempo del que te puedes imaginar -Dicho esto Tanavar fijo su mirada en el báculo que tu nieto portaba-
-Oh, sí, es tu báculo abuelo, la Diosa me lo dio para protegernos. –Extendió su brazo para entregárselo-
-No, no es mí báculo es tuyo Inírion –Tanavar levanto su brazo y apareció en él un báculo muy parecido al de Inírion- y debes saber que en lo que nos espera te será muy útil –Después levanto su báculo y abrió un gran portal sin color- pues solo tú puedes llevarme a donde nos necesitan hijo.
Inírion levanto su báculo y apuntándolo hacia el portal que su abuelo había abierto dijo en voz alta- A casa.

El portal se torno de color azul y jalo con gran fuerza a ambos Kaldoreis lanzándolos hacia La Arboleda de las Lunas.


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad II”

El portal la expulsó en un lugar oscuro, muy oscuro. Su mente divagó perdida, averiguando de que se trataba. ¿Sería un calabozo o una cueva? 

Escucho el goteo. Como si el agua fluyera a momentos, cerca, pero demasiado lejos como para tocarla.

Luego, otros sonidos llegaron a sus oídos. Sus ojos se adaptaron a la oscuridad y su visión infrarroja afloró. Ahora lo veía todo, lo escuchaba todo. Estalagmitas y estalactitas por doquier. Hogares montados en aquellas malformaciones de la tierra, y una luz en una de aquellas estalagmitas, simulando el trabajo de Narbondel. 

Pero todo aquello era muchas veces más pequeño de lo que su padre le había narrado de la Antípoda Oscura, o por lo menos de lo que se refería a Menzoberranzan. Entonces, ¿dónde estaba?

 Desde su posición se podía ver toda la ciudad, incluidas las setas gigantes. Se encaminó hacia ellas, esperando que fueran el extremo más seguro para entrar en la ciudad. 
Habían de variados colores: blancos, grises, negros. 

Sin embargo, le sorprendió hallarse con unos de color violeta. Se acercó a ellos e intentó recordar las enseñanzas de su padre sobre las distintas setas de la Antípoda Oscura. Mas, solo cuando estaba casi tocándola apareció en su mente que eran venenosas. 
Dio un salto hacia atrás y se alejó lo más que pudo, retomando su camino por entre la granja hacia la ciudad. 

Era increíble la cantidad de vegetales que contenía aquel lugar y que retrasaba su entrada. Entre sus pasos logró escuchar a unos humanos cosechar y cortar setas. Seguramente eran esclavos, a pesar de no llevar cadenas. El oído era crucial en un lugar como aquel y no necesitaba mirarlos para detallar sus características.

Siguió con su marcha firme hasta que llegó a una calle que era rodeada por diferentes casas. Aún con eso, nada se parecía a lo que le habían narrado de Menzoberranzan. Descartó la idea de estar en aquella ciudad cuando vio a un humano jugar con un drow. Intuitivamente se acercó a los pequeños y ellos echaron a correr. Se rió y siguió caminando, alguien más allá le diría donde se encontraba.


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad I”

Después de aquella última noche en La Arboleda de las Lunas, por ese inmenso portal la Diosa lo había enviado hacia muchos puntos del orbe, ya hace mucho tiempo había traspasado las fronteras de la vida y había alcanzado lo que los mortales llaman “inmortalidad”.

Sus caminos se habían perdido entre la oscuridad de la soledad durante mucho tiempo y sus recuerdos se convirtieron en fantasmas que lo acompañaron en el punto en que traspaso el umbral de su muerte, pero todo ello solo sirvió para limpiar su alma, para purificar sus pensamientos y encontrar el sendero correcto para llegar a la Diosa.

Los últimos años los había pasado durmiendo en el Sueño Esmeralda, ajeno a todo lo que sucedía en la vida de sus amigos y hermanos, no porque así lo hubiese deseado sino porque la Diosa tenía preparados nuevos horizontes para todos; ahora después de largas décadas Tanavar había por fin abierto los ojos para verlo todo tan claro como el primer rayo de su Madre en Primavera, y solo esperaba poder salir del paraíso de Elune para poder regresar con quienes eran verdaderamente los suyos.

*******

Inírion abrió los ojos y se encontró en un inmenso bosque bellísimo, justo ahí habría de comenzar su nueva aventura.


“LA ETERNIDAD DE LAS FLORES”

Un par de inmensas puertas se alzaban ante la vista de todos, esas puertas antaño habían relucido con un fulgor especial ante la luz de la Madre, pero ahora se notaban muy opacas y casi destruidas por las décadas que habían pasado desde la última noche de La Arboleda de las Lunas.
-Ábrete –Dijo Inírion muy seguro de sí mismo-

En ese instante las puertas comenzaron a moverse impulsadas por una antigua magia, ahora tan poderosa como en el pasado pero más viva que nunca, el sonido que provocaban las puertas al abrirse era tan estruendoso que todo el Valle de Argento se cimbro sobre sí mismo como despertando de su largo sueño hasta el punto en que La Arboleda de las Lunas estaba abierta a sus antiguos moradores.

-Muy bien, adelante –Dijo Inírion al tiempo que el mismo comenzaba a dirigir la procesión hasta el centro de la Arboleda, por su mente pasaron los episodios de su infancia en ese recinto que a pesar de estar impregnado de la presencia de la Diosa se observaba muy diferente a como él lo recordaba-
La última noche de La Arboleda había sido un epitafio de destrucción y caos, Drad Confused había enloquecido y destruido todo lo que el recinto contenía, las casas de los moradores ahora se encontraban carbonizadas y las plantas, a pesar de haber renacido por el paso del tiempo se veían realmente abandonadas, las flores se mantenían cabizbajas y con ellas todos los sonidos del lugar se mantenían al borde del olvido eterno, sin embargo todos los antiguos arbóreos se sentían en casa, no eran ajenos a aquel lugar aún a pesar de todo el tiempo que había pasado, durante las últimas semanas todos se habían reencontrado con su pasado, con los episodios más felices de sus vidas en compañía de sus seres queridos, y ahora al estar frente a las ruinas de La Arboleda de las Lunas permanecían seguros de que todo cambiaria en su futuro.

Llegaron al centro del lugar, ahí un inmenso comedor derruido por el tiempo y las explosiones de energía oscura que cayeron sobre él en la Diáspora Arbórea les daba la bienvenida a su hogar, al que nunca había dejado de ser su hogar. Inírion se paro en el centro del comedor y de un fuerte golpe cembro su báculo en el suelo de La Arboleda, después se alejo un poco de él al tiempo que los demás Arbóreos formaban un circulo a su rededor.

-¡Madre! –Gritó fuertemente el Kaldorei al tiempo que levantaba el rostro hacia el cielo despejado sin Luna que antecedía al primer rayo de Luna Nueva-
Entonces una esfera de luz blanca nació de la piedra que coronaba el báculo del Druida, poco a poco fue creciendo y cubriendo toda La Arboleda de las Lunas, al entrar en ella los Arbóreos comenzaron a brillar con la misma fuerza de las primeras estrellas de la tarde, sus vestimentas se tornaron al pasado y se convirtieron poco a poco en indumentarias propias de los Arbóreos que siempre habían sido.

Uno a uno oyeron la dulce voz de Elune en sus corazones y sintieron a sus fuerzas volver a ellos, sus cuerpos gastados por el tiempo de un momento a otro rejuvenecieron y fueron convertidos en los recintos del espíritu Arbóreo que eran antes de la última noche de La Arboleda de las Lunas, al mismo tiempo conforme todo el lugar entraba en la esfera de luz comenzaba a tener su antigua apariencia, las golondrinas volvieron a volar y con ellas el lago mágico recobró la vida que antaño había tenido en sus profundidades, los espíritus abandonaron el olvido y volvieron a recorrer los senderos de los inmensos bosques Arbóreos, los hogares de todos los Arbóreos presentes fueron reconstruidos y las casas de quienes jamás habían sido Arbóreos fueron borradas de la faz de la comunidad, de las flores nació un canto eterno, su eternidad había sido restaurada y ahora todo era como siempre debió haber sido.

Una vez todo el lugar fue bendecido por la Diosa Madre al recobrar su antigua apariencia, el báculo de Inírion se convirtió en una hermosa sombra blanca que hablo a todos los Arbóreos que la rodeaban.

-Justo ahora el ejecito de Torothal ha entrado en los Valles de Argento, y el peligro se avecina sobre todos, estos bosques han sido nuestro hogar desde hace siglos y la ambición de la Diosa del Rio no debe hacerse realidad o no quedará más esperanza para nosotros, es necesario que defiendan esta comunidad tal como en el pasado lo han hecho; estaré con ustedes a lo largo de toda la batalla y no los abandonaré ni siquiera en el último segundo confió en ustedes, encontraran todo lo que necesitan para continuar hijos míos. –Dicho esto la sombra se convirtió en un rayo de luz impérenme que se alzo sobre el suelo de La Arboleda hasta alcanzar el manto oscuro, al impactarse en él creó una nueva Luna-

Entonces todos los Arbóreos se dispersaron por La Arboleda y los bosques aledaños para preparar la defensa de su hogar, todos excepto Inírion y Aunrae a quienes la Diosa les había indicado que tendrían otra tarea durante la defensa.

Ambos debían ir en busca de los únicos dos Arbóreos capaces de destruir a la Diosa del Rio, Tanavar Oakwalker y Drad Confused Duredspar, sin embargo, esta búsqueda no la podrían realizar juntos, cada uno de ellos habría de ir por su antepasado hasta el punto en donde se encontraban en ese justo momento, el Kaldorei fue enviado por un portal azul hacia los eternos bosques del Sueño Esmeralda, mientras que la Drow llego por medio de un gran portal gris a la inmensa Antípoda Oscura, ambos con la única indicación de Elune: “Encuéntrenlos y ellos vendrán a mi”…


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo IV”

Apenas llegaron a La Posada del Mapache los Elfos junto a los demás Arbóreos prepararon todo para su partida, Inírion hablo con la Redentora y ella le indico el camino a seguir, desde su posición debían rodear las montañas heladas de Hilldeath y entrar en las profundidades de los olvidados Valles de Argento, ahí encontrarían el sendero que los llevaría hasta las ruinas de La Arboleda.

Tan pronto como tomaron camino una espesa neblina cubrió la ciudad en donde habían estado hospedados, a la puerta de la Posada del mapache llamo una fría mano que no tuvo compasión de su existencia y le arranco con sufrimiento hasta su último suspiro con toda la verdad de lo que en ese lugar había sucedido durante las últimas semanas.

Mientras tanto los Arbóreos pasaron algunos días bordeando la cordillera maldita que rodeaba al recinto Arbóreo, ahí la presencia de la Diosa Madre era cada vez más poderosa, todos los ancianos que acompañaban a los dos jóvenes Elfos comenzaron a sentir como sus fuerzas se restablecían con cada paso que los acercaba a su antigua morada; no había tiempo que perder, las fuerzas de la Diosa Fluvial le seguían los pasos y no se detendrían ante nada ni nadie, continuaron su camino cuesta arriba hasta que finalmente en el quinto día de travesía se encontraron con los inmensos Valles de Argento, que parecían estar dormidos en el tiempo, ahí algunos wisp y otros espíritus del bosque los ayudaron a encontrar el camino hasta su hogar a cuya puerta llegaron un día antes de la Luna Nueva.


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo III”

-¡Koehnes, Nuron, vengan aquí!- gritó la pequeña Drow.
-¿Cuánto se tardan en levantarse?- le preguntó Inírion.
-Realmente no lo sé, parecen niñas- dijo con malicia Aunrae.
-¡Ya vamos!- gritó desde la copa de su árbol Koehnes.

Al cabo de unos minutos los gemelos bajaron de un salto, cayendo en frente de quienes los esperaban.
La chica golpeó a ambos elfos en el brazo, el Nocturno rió.

-Ya, vamos al lago- ordenó la joven, al tiempo que se ponía a caminar. 

Los chicos asintieron y la siguieron de cerca, siempre con el Kaldorei en la cola y la drow a la cabeza de la fila. Inírion solía tener alergias que le impedían llevar el ritmo de sus primos.

Nuron despertó de su sueño. Los recuerdos de la Arboleada de las Lunas cada vez se hacían más presentes en sus sueños. 
Le comentaba a Koehnes sobre ello, hasta que una noche su hermano le dijo que era tiempo de partir.

Quizás la Diosa Madre se comunicó con él, o un impulso creado por la misma lo había hecho pensar que debían movilizarse a otro lugar de la tierra.
Fuese como fuera, Nuron, el menor de los gemelos, siguió a su hermano sin dudar, ansioso por aquello que podría esperarles en un futuro próximo.

También tenía la esperanza de encontrarse con su madre, de quién habían sido separados en el momento de la destrucción de la comunidad en la cual habían nacido. Solos y perdidos debieron hallarse un lugar en el pueblo en el que habían caído. 

Koehnes, siendo el mayor, había tomado la responsabilidad por los dos y se había endurecido con el tiempo. A su vez, Nuron había dejado que sus sentimientos se apoderaran de él, cayendo variadas veces en la depresión. Se cuidaban todo el tiempo, y jamás dejaban que el otro fuera solo a algún lugar. 

***

Los grises ojos de la Elfa apuntaron en su dirección. Si fuesen humanos, tal vez hubieran quedado paralizados, pero eran elfos, como ella, y no se dejarían perturbar por eso.

-En nombre de la Diosa Madre te saludamos, Elfamaniaca- expresó Inírion, haciendo una reverencia.
-…- la elfa parecía mirar al horizonte.
-Es la hora de que todos los Arboreos se reúnan- prosiguió con fuerza el Kaldorei -Se nos está llamando para el renacimiento, todos estarán allá-
-Ko..eh..nes.. y.. Nu.. ron..- balbuceó.
-¿Quiénes?- cuestionó la Drow.
-Ko..ehnes y Nuron, mi-is hijos- explicó.

Los jóvenes se miraron sorprendidos, existían dos Arboreos que no estaban registrados en el mapa y de los cuales no habían recordado nada.
Inírion fue el primero en retener la imagen de ellos.

-¡Claro!- exclamó al recordar -los primos eran los hijos de Elfamaniaca-

En ese momento Aunrae pareció recordar a aquellos niños con los que había compartido su infancia.
Nuevamente los jóvenes se miraron. Inírion preguntó a la sombra blanca, quién le dijo que no había nada de que preocuparse, pues ellos iban en camino.

Tras eso, el Kaldorei explicó la situación a sus acompañantes. Elfamaniaca cambió radicalmente con la noticia, sus ojos parecieron tomar un brillo, y ya se sentía su presencia que comenzaba a renacer en su interior. Aceptó acompañarlos, de modo que juntos atravesaron el portal que abrió Inírion para llegar a la posada de Mapache.


“La Eternidas de las Flores: Florecimiento contra tiempo I”

 

Después de la batalla la Drow tardo varios días en recuperarse completamente, durante esos días Inírion observa la actividad que se desarrollaba alrededor del templo fluvial, el asesinato de la Gran Sacerdotisa de Torothal había alborotado a su sequito como un enjambre de avispas que se preparaba velozmente para contraatacar la ofensa.

-A estas alturas ellos ya deben saber lo que la Redentora desea, es casi seguro que sepan que los Arbóreos se están reuniendo y no tardaran en encontrar nuestro refugio, a pesar de que la Diosa Madre es muy poderosa, en esta zona del mundo la Diosa del Rio demostró ser más poderosa al no permitir que me comunicara con ella –Dijo Inírion observando desde lejos la ciudad- quizás asesinar a Narat no haya sido la mejor idea, debo esperar a que Aunrae esté completamente recuperara y debemos intentar hacer frente al numeroso ejercito Fluvial.
Entonces desde el refugio en donde habían permanecido los últimos días salió lentamente Aunrae.
-No te preocupes Inírion, podemos acabar con ellos fácilmente, no serán más que escoria frente a nosotros –Dijo la Drow al tiempo que se acercaba al punto desde dónde el Kaldorei observaba la ciudad-
-Aunrae, no deberías estar de pie, las heridas que Narat te provocó fueron demasiado profundas, estuviste al borde de la muerte y debes recuperarte completamente antes de que decidamos que hacer –Le dijo Inírion al ver con sorpresa la fuerza de Drow-
-¡Tonterías! La maldita me tomo desprevenida y aprovecho bien su oportunidad, pero es bueno saber que tuviste el valor de acabar con su mísera vida.

Luego de observar durante toda la tarde la ciudad ambos se fueron a descansar con el propósito de emprender camino hacia el ejército durante la madrugada.

Sin embargo La Diosa Blanca se le presentó a Inírion en sus sueños para decirle que ellos dos solos no podrían hacer frente a la Diosa del Rio, que no había tiempo que perder para buscar a la última de las Arbóreas perdida y llevarla junto a todos sus hijos a la antigua Arboleda de las Lunas antes de que el ejército de Torothal llegase a las ruinas de la comunidad.

Muy de mañana Inírion despertó a Aunrae y le contó todo lo que la Diosa Madre le había indicado, ella acepto bastante disgustada y después ambos emprendieron un camino contra tiempo hacia las llanuras de la Costa de Plata ubicadas al Oeste del orbe.

 


“La Eternidad de las Flores: La Búsqueda en Aguas Intranquilas V”

Antes de poder pensarlo más, la Elfa Silvana fue arrastrada por las aguas hacia el templo, y una vez dentro de él, las puertas se cerraron.

El río estaba agitado. La Drow miraba en todas direcciones, esperando el primer indicio de un ataque, mientras el Kaldorei afirmaba su báculo con fuerza con ambas manos.

De un instante a otro, las aguas se hicieron contra Aunrae, quien no pudo defenderse pues, a pesar de haber desenvainado las cimitarras, le era imposible cortar el agua.
Fue sumergida durante varios segundos.

El chico, paralizado, intentó llamar a la Diosa Madre, pero se veía interrumpido por una fuerza superior. 
Se echó a correr hacia la Elfa Oscura, pero antes de que llegara a ella, la vio levantarse a cuestas. Tenía cortes en la cara que sangraban con fluidez, rasgaduras en las ropas que dejaban entre ver heridas recién hechas. Todas las extremidades, y en general el cuerpo, estaban parcialmente dañados.

-¡No te escondas sanguijuela!- Gritó Aunrae con fuerza.

Otra vez el agua arremetió contra ella, pero esta vez se escuchó chocar contra algo.
En menos tiempo que la vez anterior, salió del agua, forcejeando con lo que parecía una sirena. La afirmaba por la espalda, agarrando sus brazos en una llave que la inmovilizaba momentáneamente.

-Mátala- le gritó a Inírion.

Éste dudó, antes de que pudiera alzar el báculo, la criatura se había soltado del agarre de la Drow.

-No conseguirás que mi propio nieto me destruya, maldita- dijo y después rió -Soy Narat, Gran Sacerdotisa de la Diosa Torothal- bramó.
-Abuela…- balbuceó el Elfo.
-No intenten convencerme de que regrese a la Arboleada, ni de ninguna otra tontería relacionada. Torothal siempre quiso su destrucción, incluso más ahora que nunca- sentenció -Es por eso que ahora mataré a esta malnacida descendiente de Confused y luego tú, mi nieto, formarás parte de las filas del ejército de la Diosa de la Lluvia y los Ríos- terminó, para comenzar a reír como desquiciada. 

Volvió a atacar a la Drow, esta vez con el tridente. Aunrae paró el ataque con las cimitarras, pero no logró percatarse de que la aleta de la sirena iba en contra suya.
Las aletas estaban recubiertas por unos metales filosos que, al enterrarse en el abdomen de la chica, parecían un tridente de dos puntas.

La Drow se tragó un grito, y antes de dejar a Narat escapar le enterró sus cimitarras: una en la aleta y otra en el brazo derecho. Luego se dejó caer y vio a la Sacerdotisa alejarse, mientras todo se volvía de negro.

Inírion apuntó hacia Aunrae con el báculo y la dejó levitando a pocos centímetros sobre el agua. Su cabeza estaba llena de dudas, más ahora que la única persona que lo había acompañado, defendido y ayudado se encontraba desplazada a un lado del combate. Más encima, mal herida. En cualquier minuto la Drow perdería la suficiente sangre y dejaría de existir, ¿lo iba a permitir?

Narat se acercó a él con el tridente en la mano que le quedaba buena. 

-¿Vas a traicionarme tu también o te unirás a nuestra causa?- le preguntó la sirena.
-Yo…- tartamudeó, levantando el báculo -yo no te permitiré matarnos- dijo decidido al tiempo que apuntaba a la Sacerdotisa. 

Una luz blanca salió del arma y aterrizó en Narat, haciéndola desintegrarse lentamente.

-¡Traidor!- gritó la sirena -¡Torothal los perseguirá hasta el final!-

En cuanto la abuela de Inírion desapareció por completo, el rayo de luz también se extinguió.

El Kaldorei corrió hacia su compañera y le curó las heridas más graves. Luego un wisp lo ayudó a llevarla lejos de la ciudad, donde pasó la noche sanando el resto de los cortes que tuviera. 


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 832 seguidores