-Memorias del Profe-

“sueño esmeralda”

Su respiración cansada le aviso, igual que siempre, que ya había caminado demasiado y no le quedo más que sentarse debajo de un viejo roble a observar aquella Luna de verano que destilaba magia en el cielo. 

-En una noche como esta… -No termino la frase y en lugar de palabras soltó un largo suspiro que había tenido guardado en su pecho durante mucho tiempo, y hecho esto, el vetusto anciano se levanto apoyándose de su bastón y continúo con su camino eterno-

-Demasiados ciclos lunares ya ¿No lo crees? –Le pregunto su sombra que le seguía de cerca aun en las noches más oscuras-

-Claro, han sido muchos ciclos, pero todavía nos faltan muchos más.

-No termino de entender por qué quisiste huir, por qué razón no te quisiste quedar con los tuyos y por qué te obligaste a tomar un camino que sabrías jamás terminaría.

-Tú no estás para entender, tu solo estas para seguirme a donde quiera que vaya, ¿Lo entiendes?

-Sí, no tienes que repetirme la condena que yo mismo forje; es solo que a veces siento que la muerte nos alcanzará en algún momento, quizás durante tus largos sueños. –Dijo ella con cierto tono de amargura-

-Para eso te tengo, tú jamás duermes y tienes que protegerme aun cuando duerma profundamente y me entregue a los brazos del sueño esmeralda, aun a costa de tu propia existencia…

-Insisto, ¿Para qué repetirme esa condena?

-Simple costumbre compañera.

El viejo se detuvo, nuevamente la respiración le avisaba que estaba al tope de sus fuerzas, esta vez decidió descansar más profundamente, se alejo un poco del camino, lo suficiente para no ser visto y para no perderle de vista, lanzo un hechizo de camuflaje y entrego su cuerpo al sueño esmeralda. Mientras tanto la sombra tomo la forma de un búho y lo observo dormir desde una distancia adecuada.

En sus sueños el anciano se veía mucho más joven, antes de esos 480 ciclos que ahora mismo cargaba sobre su espalda, en sus sueños lograba volver a ver a su esposa Narat y a sus dos hijos, tan jóvenes y alegres como siempre, se reencontraba con su familia, con esos amigos de siempre, que hace muchos ciclos no veía pero que siempre habían estado con él. Una noche para el resto del mundo eran para él meses enteros en sus sueños, y aunque no sabía si solo revivía lo vivido o vivía nuevamente aquella época tan hermosa, sabía que al despertar se reencontraría nuevamente solo e itinerante, por ello disfrutaba cada minuto en compañía de los suyos. 

Casi al alba, el sueño esmeralda le soltó las manos al druida y este pudo ponerse de pie nuevamente, como siempre él  parecía rejuvenecido y con más fuerzas que antes, como siempre dejo de lado su bastón y continuo con su eterno viaje acompañado de su sombra, ambos continuaron sobre el camino de alta esperanza, el mismo que los había visto unirse en una triste noche de invierno y el mismo que parecía no tener un final verdadero…

Anuncios

Una respuesta

  1. Es cierto que en cualquier momento podemos morir… eso me llevó a reflexionar esta entrada.

    14 agosto 2011 en 4:52 PM

¿Comentas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s