-Memorias del Profe-

“La Eternidad de las Flores: Veredas Obstinadas V”

Aunrae tenía el ceño fruncido. Las venas esparcidas en su frente comenzaron a tomar forma, denotando la rabia que sentía la drow. 

Al ir de cacería solía vestirse con una capucha de piel de lobo blanco, unos pantalones y un abrigo del mismo material. Incluso traía unas botas hechas con cuero de lobo, las cuales había curtido ella misma después de matar al animal. 

Poseía dos cimitarras, mas sólo llevaba una a la hora de cazar.

-Debo recuperar mis cosas de la cabaña y perseguiré a esos cobardes- pensó en voz alta, al tiempo que se lo repetía internamente.

El muchacho la siguió, guardando su distancia, pues su cara mostraba tal fiereza que podría haberle hecho algo. Sin embargo, el confiaba en que no lo haría. 

La drow abrió la entrada de su cabaña, al entrar notó que todo estaba esparramado, tirado o destruido fuera de su sitio.
Gritó con una furia descomunal, salió del lugar, y tomando con las dos manos la espada cortó el árbol más próximo de un solo golpe. Luego le enterró la cimitarra repetidas veces al mismo tronco, disminuyendo la fuerza y la velocidad con que lo hacía cada vez que volvía a golpearlo. 

En todo momento Inírion la estuvo observando, al tiempo que se preguntaba qué relación sanguínea podría tener con ella. 

-¿Será descendiente de la drow Confused?- se preguntó de un momento a otro al ver su poder contra el tronco. 

Después de unos minutos Aunrae se calmó, respiró hondo y volvió a entrar. El muchacho la siguió, ahora con más confianza, y se paró en la puerta.

La chica escarbó entre los destrozos hasta que encontró la otra cimitarra. Luego, entró en una habitación que parecía ser la suya, cerrando la puerta tras ella. 
Se tardó aproximadamente quince minutos en salir, pero cuando lo hizo una armadura del color de la obsidiana recubría su cuerpo. Nuevamente la capucha de piel de lobo estaba sobre todo lo demás, lo cual supuso Inírion la protegería del frío. 

Tras eso, la drow abrió la puerta de la otra habitación y se puso a hurgar. El elfo nocturno caminó hasta la puerta de la pieza y examinó el lugar, deteniéndose únicamente al notar un brillo extraño detrás de una tabla.

-Allí- indicó, intentando que Aunrae le oyera.
-¿Qué?- cuestionó la joven levantando la cabeza para mirarlo.

Miró hacia donde apuntaba el muchacho. Con la mano derecha quitó la tabla de un tirón. De inmediato quedó descubierto el broche con forma de hoja de roble. Alzó la mano para alcanzarlo, pero antes de poderlo tocar una luz blanca cegó a ambos elfos.

De pronto, se vieron envueltos por la oscuridad. La luna les iluminaba, de forma que alcanzaban a verse el rostro, pero más allá de ellos no había nada.
Vieron en todas direcciones sin éxito, hasta que de la luna pareció descender una silueta luminosa.

-La Diosa Madre- dijo Inírion casi sin poder creerlo.

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