-Memorias del Profe-

“La Eternidad de las Flores: La Búsqueda en Aguas Intranquilas II”

Una vez estuvieron lo suficientemente dentro del pantano que rodeaba al poblado el Kaldorei le soltó el brazo a Aunrae y dio un gran suspiro.
-Solo por el eterno amor de la Diosa no nos han encontrado esos asesinos del rio o los sacerdotes del templo, no dudo que hubiesen reconocido en nosotros algo de los enemigos de su Diosa – Dijo Inírion mientras se recargaba en un viejo árbol-
-En mi opinión hubiera sido mejor matarlos a todos y poner el pueblo de cabeza con tal de encontrar a esos dos Arbóreos que según el mapa de tu amantísima Diosa están aquí pero que no aparecen por ninguna esquina – Respondió muy enfadada la Drow-
-No, ya se ha derramado la suficiente sangre, quizás ellos no están exactamente en el pueblo sino, como nosotros en el enorme pantano que lo rodea, debemos buscarlos por aquí –Dijo el Kaldorei retomando su habitual compostura de calma-
-Si hallarlos en el pueblo fue tarea imposible, ya quiero imaginarte sorteando los gases mortíferos de este maldecido pantano –Le reclamo la Drow con el mismo enfado-
-Solo tranquilízate Aunrae, recuerda que soy un Druida y para mí el bosque es como mi hogar.
-O eso es lo que debería ser, hasta ahora tu bastón de anciano solo ha servido para que lances luces de colores y crees arbustos, pero jamás has hecho algo más grande, resígnate, jamás serás tan poderoso como todos dicen que fue tu abuelo, de quien sinceramente, dudo que fuera tan poderoso como todos alardean. –Le dijo la Drow mientras observaba el pantano que los rodeaba como buscando algún sendero dejado por algún ser humano o creatura inteligente-

Entonces el Kaldorei se paro en un pequeño pedazo de tierra que tenia despejada la vista al cielo, tomando su báculo con ambas manos lo enterró en el suelo y comenzó a susurrarle cosas al viento durante un largo tiempo, en el que la Drow prefirió reposar sobre la rama de un árbol que estaba a suficiente altura para no seguir mojando su calzado.
Después de algunas horas de espera, el suelo se cimbro como si comenzase un pequeño sismo, con lo cual la Drow se puso en posición de defensa, sin embargo el Kaldorei parecía tener todo bajo control, después otra sacudida y luego una más y otra cada vez más cercanas la una de la otra hasta que por un estrecho apareció un gran Ent que parecía ser tan viejo como el pantano en donde estaban todos.

La Drow solo observo al gran árbol con vida y guardo sus armas intentando tener confianza en que Inírion sabía lo que hacía.
-Muchas gracias por acudir a mi llamado –Dijo el Elfo Nocturno al Ent que lo observaba desde lo alto- 
Sin embargo no hubo respuesta, al menos no una que fuera audible para Aunrae, pues luego el Kaldorei dijo “-Estamos aquí porque la Diosa Madre nos ha enviado – ha querido que busquemos a sus hijos dispersos por el mundo –Sabemos que dos Arbóreos permanecen aquí, pero no sabemos en donde están pues no parece que vivan en el pueblo que está bajo la protección de la Diosa del rio -¿Qué? ¿Usted sabe en donde permanecen?, por favor piadosa criatura de la Redentora llévenos hacia ellos, requerimos urgentemente platicar con ellos.”

Después de esa charla consigo mismo el Kaldorei hizo una seña a la Drow para que se acerque, entonces el Ent comenzó a caminar y los elfos lo siguieron de cerca, luego de aproximadamente media hora de caminar el Ent y los elfos llegaron a un extraño claro en el pantano, en donde había una pequeña cabaña muy rustica, ese sitio estaba lo suficientemente lejos del pueblo como para no ser perceptible por sus habitantes pero lo suficientemente cerca como bajar a él por provisiones o por alguna emergencia, entonces el Ent sin decir ninguna palabra audible se marcho dejando solos a los elfos que se acercaron a la puerta de la cabaña.
-Con que aquí están –Dijo la Drow tocando a la puerta-
Inmediatamente la puerta se abrió y de ella apareció un anciano que parecía estar enterado de que llegarían visitas. 
-Sean bienvenidos jóvenes, es un placer ver que después de todo el viejo Conejo no se equivoco y ustedes están aquí como él lo supuso –Dijo el Anciano invitándolos a pasar a la cabaña-
-Somos…-Intento decir Inírion antes de ser abruptamente interrumpido por el anciano-
-Sí, tú eres el nieto de Tanavar y esta Drow debe ser la nieta de Confused, son inconfundibles aquí donde uno solo se encuentra con Elfos de agua y humanos resignados, creo que deben saber quién soy yo, soy Gil y hemos estado esperándolo durante un buen rato aquí –Dijo el viejo al tiempo que servía un poco de té en vasos para sus invitados-
-¿Quiénes”hemos”? –Pregunto Inírion-
-Ah, sí, sí, si disculpen a este olvidadizo viejo que se ha olvidado de llamar a ese conejo ridículo –Dijo gil mientras golpeaba una rendija pegada en una pared, de la cual luego de unos segundos apareció un conejo que no parecía ser tan viejo como su compañero humano pero si tenía algo de su pelaje empañado de gris-
-¡Vaya! No me equivoque, lo sabía, ustedes están aquí, tal como yo lo se lo dije a Gil. Esta mañana los he visto en el pueblo cuando baje para comprar un poco de legumbres, y me pareció reconocer en ustedes a mis dos viejos amigos Tanavar y Confused, debo reconocer que son bastante rápidos un segundo estaban parados en una esquina y al siguiente desaparecieron como la bruma matutina ante el sol. –Por eso no pude ni siquiera hablarles-
-Y dígannos ¿Qué los trae a este pueblo que ha caído en tiempos oscuros? –Pregunto con mucho interés Gil, como esperando la confirmación a una respuesta que ya sabía-
Entonces los Elfos contaron a ambos Arbóreos todo lo que había sucedido y la razón que los había llevado hasta ahí, diciéndoles que era necesario que se unieran a los otros Arbóreos que ya estaban en la Posada del Mapache.
-Así que por fin ha sucedido, la Diosa nos llama nuevamente a su yugo –Dijo con mucha templanza Gil- Lo más seguro entonces es que respondamos a su llamado, sin embargo, hay algo que deben saber antes de continuar su búsqueda.
-¿Qué sucede?- Pregunto Inírion quien ya se disponía a abrirles un portal a ambos Arbóreos-
-Están en territorio enemigo, ya debieron haberlo notado, Torothal domina esta parte del mundo desde hace algunos años, este pequeño pueblo es solo un punto más de los muchos en los cuales la Diosa del Rio ha colocado sus templos, para fortuna nuestra, aquí solo hay sacerdotes, los asesinos se fueron después de acabar con la resistencia a esa religión que ahora domina la comarca. –Dijo muy seriamente Gil- Por fortuna nosotros logramos escapar gracias a la ayuda de los espíritus de este pantano, que nos han mantenido a salvo los últimos años.
-¿Y dónde está el templo principal de la Diosa del Rio? –Pregunto ansiosa de sangre la Drow que hasta ese momento se había mantenido bastante callada- Quizás les debamos hacer una visita.
-Lamentablemente, deberán hacer una visita obligada al principal Bastión de Torothal en el Sur –Dijo el Conejo para sorpresa de ambos Elfos- Debido a que ahí se encuentra una de las principales promotoras del culto a la Diosa del Rio, se trata de mi sobrina: Narat la antigua esposa de Tanavar, tu abuela Inírion.
-¿Qué? ¿Cómo es eso posible? Se trata de una broma de mal gusto –dijo inmediatamente Inírion quien no esperaba algo así-

Entonces ambos Arbóreos explicaron a los elfos como Narat después de ser exiliada por un portal hacia las regiones del Sur había abrazado la religión de Torothal con mucha facilidad, como si ya la hubiera conocido desde mucho antes, y como se había convertido en una de las lideresas del ejercito de esa Diosa que había asolado todos los pequeños poblados que estaban dispersos en la antigua región Naga.

Ellos ya habían tenido un encuentro con Narat durante el ataque al pueblo en donde ambos habían vivido desde la Diáspora Arbórea hasta la implantación del Templo Fluvial, sin embargo ese encuentro fue muy desalentador para ambos Arbóreos quienes debieron optar por huir para salvar sus vidas, luego de esa charla Inírion envió a los hijos de la Diosa con sus compañeros y ambos elfos emprendieron el camino hacia la antigua Ciudad de Nozjatar en donde se encontraba uno de los principales templos de la Diosa Torothal, el cual dominaba la antigua región Naga.

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