-Memorias del Profe-

“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo III”

-¡Koehnes, Nuron, vengan aquí!- gritó la pequeña Drow.
-¿Cuánto se tardan en levantarse?- le preguntó Inírion.
-Realmente no lo sé, parecen niñas- dijo con malicia Aunrae.
-¡Ya vamos!- gritó desde la copa de su árbol Koehnes.

Al cabo de unos minutos los gemelos bajaron de un salto, cayendo en frente de quienes los esperaban.
La chica golpeó a ambos elfos en el brazo, el Nocturno rió.

-Ya, vamos al lago- ordenó la joven, al tiempo que se ponía a caminar. 

Los chicos asintieron y la siguieron de cerca, siempre con el Kaldorei en la cola y la drow a la cabeza de la fila. Inírion solía tener alergias que le impedían llevar el ritmo de sus primos.

Nuron despertó de su sueño. Los recuerdos de la Arboleada de las Lunas cada vez se hacían más presentes en sus sueños. 
Le comentaba a Koehnes sobre ello, hasta que una noche su hermano le dijo que era tiempo de partir.

Quizás la Diosa Madre se comunicó con él, o un impulso creado por la misma lo había hecho pensar que debían movilizarse a otro lugar de la tierra.
Fuese como fuera, Nuron, el menor de los gemelos, siguió a su hermano sin dudar, ansioso por aquello que podría esperarles en un futuro próximo.

También tenía la esperanza de encontrarse con su madre, de quién habían sido separados en el momento de la destrucción de la comunidad en la cual habían nacido. Solos y perdidos debieron hallarse un lugar en el pueblo en el que habían caído. 

Koehnes, siendo el mayor, había tomado la responsabilidad por los dos y se había endurecido con el tiempo. A su vez, Nuron había dejado que sus sentimientos se apoderaran de él, cayendo variadas veces en la depresión. Se cuidaban todo el tiempo, y jamás dejaban que el otro fuera solo a algún lugar. 

***

Los grises ojos de la Elfa apuntaron en su dirección. Si fuesen humanos, tal vez hubieran quedado paralizados, pero eran elfos, como ella, y no se dejarían perturbar por eso.

-En nombre de la Diosa Madre te saludamos, Elfamaniaca- expresó Inírion, haciendo una reverencia.
-…- la elfa parecía mirar al horizonte.
-Es la hora de que todos los Arboreos se reúnan- prosiguió con fuerza el Kaldorei -Se nos está llamando para el renacimiento, todos estarán allá-
-Ko..eh..nes.. y.. Nu.. ron..- balbuceó.
-¿Quiénes?- cuestionó la Drow.
-Ko..ehnes y Nuron, mi-is hijos- explicó.

Los jóvenes se miraron sorprendidos, existían dos Arboreos que no estaban registrados en el mapa y de los cuales no habían recordado nada.
Inírion fue el primero en retener la imagen de ellos.

-¡Claro!- exclamó al recordar -los primos eran los hijos de Elfamaniaca-

En ese momento Aunrae pareció recordar a aquellos niños con los que había compartido su infancia.
Nuevamente los jóvenes se miraron. Inírion preguntó a la sombra blanca, quién le dijo que no había nada de que preocuparse, pues ellos iban en camino.

Tras eso, el Kaldorei explicó la situación a sus acompañantes. Elfamaniaca cambió radicalmente con la noticia, sus ojos parecieron tomar un brillo, y ya se sentía su presencia que comenzaba a renacer en su interior. Aceptó acompañarlos, de modo que juntos atravesaron el portal que abrió Inírion para llegar a la posada de Mapache.

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