-Memorias del Profe-

“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad II”

El portal la expulsó en un lugar oscuro, muy oscuro. Su mente divagó perdida, averiguando de que se trataba. ¿Sería un calabozo o una cueva? 

Escucho el goteo. Como si el agua fluyera a momentos, cerca, pero demasiado lejos como para tocarla.

Luego, otros sonidos llegaron a sus oídos. Sus ojos se adaptaron a la oscuridad y su visión infrarroja afloró. Ahora lo veía todo, lo escuchaba todo. Estalagmitas y estalactitas por doquier. Hogares montados en aquellas malformaciones de la tierra, y una luz en una de aquellas estalagmitas, simulando el trabajo de Narbondel. 

Pero todo aquello era muchas veces más pequeño de lo que su padre le había narrado de la Antípoda Oscura, o por lo menos de lo que se refería a Menzoberranzan. Entonces, ¿dónde estaba?

 Desde su posición se podía ver toda la ciudad, incluidas las setas gigantes. Se encaminó hacia ellas, esperando que fueran el extremo más seguro para entrar en la ciudad. 
Habían de variados colores: blancos, grises, negros. 

Sin embargo, le sorprendió hallarse con unos de color violeta. Se acercó a ellos e intentó recordar las enseñanzas de su padre sobre las distintas setas de la Antípoda Oscura. Mas, solo cuando estaba casi tocándola apareció en su mente que eran venenosas. 
Dio un salto hacia atrás y se alejó lo más que pudo, retomando su camino por entre la granja hacia la ciudad. 

Era increíble la cantidad de vegetales que contenía aquel lugar y que retrasaba su entrada. Entre sus pasos logró escuchar a unos humanos cosechar y cortar setas. Seguramente eran esclavos, a pesar de no llevar cadenas. El oído era crucial en un lugar como aquel y no necesitaba mirarlos para detallar sus características.

Siguió con su marcha firme hasta que llegó a una calle que era rodeada por diferentes casas. Aún con eso, nada se parecía a lo que le habían narrado de Menzoberranzan. Descartó la idea de estar en aquella ciudad cuando vio a un humano jugar con un drow. Intuitivamente se acercó a los pequeños y ellos echaron a correr. Se rió y siguió caminando, alguien más allá le diría donde se encontraba.

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