-Memorias del Profe-

“La Eternidad de las Flores: Luna y Río III”

De pronto, sin avisar a nadie, los wisps tomaron formas de elfo y monturas para luchar contra el enemigo. Las arañas gigantes dieron su aparición rodeando el terreno cubierto para la emboscada. De un segundo a otro pasaron de ser casi diez a un ejercito innumerable.

Las tropas enemigas sufrieron bajas al caer varios grupos en agujeros gigantes construidos por las arañas. El miedo los hizo detenerse, haciendo que Annawen se preocupara de revisar el terreno antes de hacerlos avanzar. La precaución le costo una hora, en la cual más trampas fueron ubicadas en distintos lugares del bosque para la batalla.

Cuando Paladín recibió la señal, el azote contra el ejercito fluvial se hizo notar de inmediato. Troncos que chocaban contra armaduras. Magias que intentaban detener el ataque, magias que destruían las defensas del ejercito. Misiles de energía lanzados por las elfas y rocas que caían del cielo transportadas por las distintas aves granizaban en los cuerpos enemigos.

Sin embargo, Annawen lanzó un hechizo que permitió salvar a las tropas que aún vivían. El ejercito se acercó peligrosamente a los arboreos y a los wisps quienes blandieron sus espadas con fuerza.

A caballo, a pie o sobre lagartos gigantes, con y sin armadura, la guerra se delataba con un mar de sangre. Muertes de uno y del otro bando, fuego que destruía a su paso todo lo que se veía venir. Las catapultas enemigas solo cercaban un terreno de lucha del cual sería difícil escapar.

Las elfas wisp, guiadas por Elfamaniaca atacaron a la parte humana del ejercito de Torothal. Barbaras poco vestidos con escudos de madera que parecían incansables. 

Espadas chocando en un lugar y en otro al mismo instante, lanzas que volaban junto al mar de flechas. Magias que destruían decenas de legiones. Confused sentía revivir el momento de la destrucción de la Arboleada, y como en la primera vez, Tanavar no estaba. 

Junto a Aunrae habían producido cuantiosas muertes, corriendo y trepando los árboles que se dispusieran en su camino. Sin embargo, se había alejado del resto de los arboreos, quienes habían quedado en parejas o tríos. Todos a excepción de Elfa, quien por única compañía tenía a los wisps transformados en elfas silvanas.

En un arrebato, Annawen se puso a la cabeza de los humanos, enfrentándose directamente con Elfamaniaca. La sacerdotisa fluvial puso todo su rigor mágico en la batalla. Esferas de energía y llamas volaron hacia Elfa, junto con rocas que la enemiga hizo levitar.

Elfamaniaca esquivó como pudo cada ataque, hasta que libre pudo lanzar una flecha hacia la sacerdotisa de Torothal. Pero aquello fue un error. En su descuido, la enemiga de un rápido salto la alcanzó e impulsó su daga contra su abdomen.

Elfa, al notar la inminente derrota bajó los brazos y se dejó caer, cerrando los ojos. 

Escuchó el sonido de pies golpeando la armadura de la enemiga y sintió unos brazos rodear su cuerpo. 

-¡Koehnes!- gritó al ver al Elfo -¡Nuron!- exclamó al ver al menor de sus hijos.

Las elfas oscuras montaron un par de arañas gigantes que Lolth les proporcionó con monturas de guerra. Su capacidad de ataque aumentó al no tener que distraerse esquivando y repeliendo los diversos ataques enemigos.

Sin embargo, como si de suicidas se tratara, la parte humana del ejercito se lanzaba contra sus monturas en un intento de ataque aéreo que retrasaba su misión de lanzar magias. Con sus cimitarras exterminaban a cada uno de los osados que se atrevía a traspasar la defensa que proporcionaban sus arañas gigantes. 

Por otro lado, Paladín no lo veía fácil. Si bien había blandido su espada con habilidad y honor digna de su caballería, el cansancio le iba limitando el ataque. 
Las constantes hordas renovadas del ejercito fluvial hacían decrecer su potencial rápidamente, al punto de ser incapaz de atacar a más de un enemigo a la vez.

De un momento a otro, un guerrero cuya cabeza era cubierta por la piel de un lobo entró gritando a su campo de visión y le atravesó la espada en el abdomen, perforando su dura armadura de hierro. 
Paladín en una expresión que sólo los asesinos comprenden, dejó salir su último suspiro de vida. 

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Una respuesta

  1. Isa

    un placer siempre pasar por tu bitácora, un abrazo a la distancia desde http://oasisdeisa.wordpress.com

    11 septiembre 2012 en 12:18 PM

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