-Memorias del Profe-

Archivo para febrero, 2013

“28/28 de Febrero”

Este fin de mes me ha tomado en Oaxaca de Juárez, como en otros años, he participado en la movilización anual de las Escuelas Normales del Estado de Oaxaca, y ésta ha sido la última ocasión en que yo participaré, estoy a unos pocos pasos de concluir esa parte de mi formación profesional, y en unos pocos meses, habré de hacer frente a nuevos horizontes, tiene mucho tiempo que no vivo una época de cambios tan profundos como la que se asoma en lo inmediato, y eso sólo me llena de emoción, al querer que se hagan realidad esas aspiraciones; puede que quizás no sean de la forma que quiera, pero al menos, siempre habrán de quedar esas buenas expectativas, en los recuerdos de los muchos días que he estado esperando, por ahora, sólo me queda despedir a un mes más, a un mes menos: ¡Hasta pronto Febrero!, la próxima vez que nos veamos, las cosas ya no serán tan parecidas.


“soliloquio del 28 (II)”

Jamás he sido de las personas que gustan tener demasiadas amistades, supongo que esa decisión determina la forma en que trato a quienes me rodean, no puedo decir que no se amable, pero pocas veces decido confiar completamente en los demás y  recuerdo como una frase personal “siempre hay que desconfiar de los otros”. No se trata de vivir la soledad eternamente, sólo se trata de poner un poco de espacio entre las personas con quienes si hay que tener cuidado, y entre quienes logran superar esa primera barrera.

¿Qué puede hacer quien apenas y conoce mi segundo nombre?, nada hay que las personas puedan hacer más que decidir acompañarme y aceptarme con esos defectos tan notables de los cuales no hay necesidad de hacer mención, a cambio, puedo ofrecer la paciencia que se oculta tras de una sonrisa indomable, la compañía necesaria, la ayuda desinteresada y la necesidad de no quedarme solo.


“piensa en mi”


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“la actitud hace la diferencia”


“II Domingo de Cuaresma”

“Jesús, tomando a Pedro, a Juan y a Santiago, subió a un monte a orar. Mientras oraba, el aspecto de su rostro se transformó, sus vestidos se volvieron blancos y resplandecientes. Y he aquí que dos varones hablaban con Él: Moisés y Elías…” (Lc. 9, 28-30)

La primera consideración es ésta: Jesús subió a la montaña y se puso a orar… Nosotros conoceremos que nuestra oración ha sido buena si, como Nuestro, salimos con la faz resplandeciente y los vestidos blancos como la nieve; quiero decir, si nuestra cara brilla por la caridad y nuestro cuerpo por la castidad. La caridad es la pureza del alma, pues no puede soportar en nuestros corazones ningún afecto impuro o contrario a Aquel a quien ama (la caridad y el amor son una sola cosa); y la castidad es la caridad del cuerpo, que rechaza toda clase de impurezas.

Si al salir de la oración tenéis un rostro hosco y melancólico, enseguida se verá que no habéis hecho la oración como debierais.

La segunda consideración es que los apóstoles vieron a Moisés y a  Elías hablando a Nuestro Señor del exceso que Él iba a hacer en Jerusalén. Fijaros bien, durante la Transfiguración están hablando de la Pasión… Y ¿qué exceso es ese? El exceso de que un Dios descienda de su gloria suprema. Y ¿para qué desciende? Viene a tomar nuestra humanidad y a estar sumiso a los hombres, o sea, a todas las miserias humanas, hasta el punto de que, siendo inmortal, se sometió a la muerte y muerte de Cruz…

Me diréis: es bueno subir al Tabor para ser consolados porque eso empuja y hace avanzar a alas almas débiles que no tienen el valor para hacer el bien si n sienten satisfacción. ¡Ah, ni, perdonadme!, la verdadera perfección no se logra entre consuelos. Ya lo veis en la Transfiguración: los tres apóstoles que vieron la gloria de Nuestro señor, no dejaron por ello de abandonarle en su Pasión. Y San Pedro, que siempre había hablado con mucho atrevimiento, fue sin embargo un gran pecador, negando a su Maestro. Del Tabor se baja pecador y al contrario, del Calvario se baja justificado; claro está que siempre que nos hayamos mantenido firmes al pie de la Cruz, Nuestra Señora.


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“a dieta”


“perdí”

Contigo perdí mucho más que sólo una tarde conociendo aquella Verde Antequera, contigo perdí los miedos y las cárceles del pasado, me perdí en tus ojos, es cierto, me perdí para jamás recuperarme, me perdí para poderte encontrar en mi vida, ven a mí, toma mi mano, mira como palpita mi corazón de emoción con sólo tenerte cerca, mira como mis palabras no se hilan bien con mis ideas, es el resultado de tu bendita presencia, me perdí en ti, para poderme hallar en un mundo que nunca supo de mi más que mi primer nombre.

Contigo perdí más que sólo un par de horas; perdí la poca fortaleza que me quedaba, perdí mis ansías eternas de esperarte, y ya me decidí a no dejar que pase el tiempo, cuando podría estarme dedicando a sólo hacerte feliz, mi bien amor, mi bondad encarnada, mi destierro sutil, un cristal que refleja sólo lo que quiero ver, me he perdido en ti, pero es mucho, mucho más lo que he ganado.