-Memorias del Profe-

“soliloquio del 28 (II)”

Jamás he sido de las personas que gustan tener demasiadas amistades, supongo que esa decisión determina la forma en que trato a quienes me rodean, no puedo decir que no se amable, pero pocas veces decido confiar completamente en los demás y  recuerdo como una frase personal “siempre hay que desconfiar de los otros”. No se trata de vivir la soledad eternamente, sólo se trata de poner un poco de espacio entre las personas con quienes si hay que tener cuidado, y entre quienes logran superar esa primera barrera.

¿Qué puede hacer quien apenas y conoce mi segundo nombre?, nada hay que las personas puedan hacer más que decidir acompañarme y aceptarme con esos defectos tan notables de los cuales no hay necesidad de hacer mención, a cambio, puedo ofrecer la paciencia que se oculta tras de una sonrisa indomable, la compañía necesaria, la ayuda desinteresada y la necesidad de no quedarme solo.

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Una respuesta

  1. Al menos pareces ser honesto..:)

    3 marzo 2013 en 7:10 AM

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