-Memorias del Profe-

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“la última melodía”

Ven y escuchemos aquella canción una vez más, aun nos quedan unas cuantas horas, antes de que yo deba irme, antes de que tú te decidas a dejarme partir sin despedida, sin lágrimas, sin nada más que un sincero adiós calladito.

Podría ser una simple balada, o quizás prefieras aquel danzón o puede que sea el son. Sea lo que sea, si es a tu lado, se convertirá en un himno a tu memoría, que yo me vaya no significa que vaya a olvidarte, significa que tendré que vivirte en el recuerdo, significa que tendré que hacerme el loco para no morir, que yo voy a necesitarte para siempre y que esa última melodía será un bálsamo para mi corazón.

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“sonrisa”

Sufrir siempre será una opción, una que decidí no tomar el día que te fuiste: entonces me dije que era el momento más adecuado para intentar ser algo más, para no detenerme en tus palabras, para no congelarme en tus recuerdos, para superar la pena del pasado.

Y si hoy me ves, te aseguro que no lograrás reconocerme, mi sonrisa es un faro brillante, mis ojos hablan de la paz que tanto he trabajado, mis pies se notan un poco más cansados pero muy satisfechos, y mis labios, ya no dicen siempre las mismas palabras, te he superado, me he dejado llevar de la mano por la vida, y ella me ha traído a donde siempre quise estar.

Si me hablas, te saludaré con una sonrisa diferente a la que tú me provocabas, y no habrá ni un solo reproche, te lo aseguro.

¿Cómo has estado tú?


“promete”

En esta tarde, nuestra despedida, no hacen falta más palabras, ambos sabemos que así debe ser, sólo, sólo quiero que me hagas una promesa, por favor, sólo eso y me iré sin decir adiós.

Sólo promete que no olvidarás mi sonrisa, aunque pase un largo tiempo sin que la veas, y promete que volveremos a tomarnos un café, y a platicar de la escuela y el trabajo, que seremos uno mismo como lo fuimos aquella primera vez. Yo por mi parte prometo no olvidarme de tus promesas.

Adiós, y perdón.


“si me voy”

Serás de las cosas que más extrañaré, tu boca dulce, tu mirada sincera, eres todo lo que siempre he deseado, todo lo que siempre le pedí al Hacedor, quiero que me hagas tuyo en la inmortalidad que hoy invade mi cuerpo, quiero que me sepas más allá de esta frontera carnal.

Y si mañana, definitivamente me voy, habrás sido tú el último de los pensamientos de mi mente, y su hoy la sombra cubre mis ojos, quiero que sepas que tu siempre fuiste la luz que habitó en ellos, y si pronto o quizás no tan prontito, me hago la nada, quiero que recuerdes, que has sido, eres y serás, todo para mí.

Te amo mujer.


“por ellos, y por mí”

Soy un caminante eterno, lo que dejaste tras de ti, ay mujer: no sabes cuánto bien hiciste en mi vida, y aunque, ahora ya no estás tan presente, impregnado de ti voy abriendo este camino.

Y me acompañan, en esta aventura, el último suspiro que logré robarte, me siguen de cerca los misterios de tus ojos, y la forma curiosa que tenías de besar; me acompañan como misioneros eternos, que van al mismo rumbo al que voy yo, claro, soy yo quien abre el camino, y son ellos quienes disfrutan del paisaje.

Soy yo, quien vive sin ti, y son ellos quienes me dicen que estás mejor sin nosotros, que somos sólo una carga que quedó olvidada en algún vagón de aquel tren madrileño, y por ellos, y por mí, le doy gracias a el Hacedor, por haberme permitido conocerte y por haber hecho que ahora seas tan feliz.


“necesito…soledad”

Si te detienes por un momento podrías ver que hay detrás de mi mirada, podrías entender los por qué de mis gestos, y de mis acciones; si quisieras conocer más allá de mi nombre, quizás te interesarías por mis miedos y temores, por la debilidad de mi voz al mencionar ciertas palabras como soledad o despedida.

Y quizás, entenderías porque te trato como te trato, porque me alejo cada vez que puedo, porque no desisto de decirte que me dejes, porque no hay otra palabra en mi boca que no sea déjame, pero para comenzar, pregunta qué necesito, y pocas veces la respuesta será diferente, soledad…


“algo suena”

Suena tu último beso en el espacio sideral de mis adentros, suenan tus reclamos de siempre, las eternas pláticas del pórtico, suenan hasta tus despedidas, y sueno yo al verte partir, mis lágrimas tienen un sonido muy particular, mis lágrimas ya no ruedan más en silencio, el mutis de tu vida partió en dos el de la mía, desde ahora y para siempre algo habrá en mí de sonar; puede que sea tu primer “te quiero”, puede que sea la clara noche que acompaña a mis despreocupados sueños, puede que sean las primaveras que crecieron sin tus violetas o los inviernos que aparecieron sin avisar y sin dejar crecer mi alcatraces, puede que sea simplemente yo llorando tu huída, pero sólo sé que ese sonido habrá de alcanzarte, allá a dónde vayas tú…