-Memorias del Profe-

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“algo suena”

Suena tu último beso en el espacio sideral de mis adentros, suenan tus reclamos de siempre, las eternas pláticas del pórtico, suenan hasta tus despedidas, y sueno yo al verte partir, mis lágrimas tienen un sonido muy particular, mis lágrimas ya no ruedan más en silencio, el mutis de tu vida partió en dos el de la mía, desde ahora y para siempre algo habrá en mí de sonar; puede que sea tu primer “te quiero”, puede que sea la clara noche que acompaña a mis despreocupados sueños, puede que sean las primaveras que crecieron sin tus violetas o los inviernos que aparecieron sin avisar y sin dejar crecer mi alcatraces, puede que sea simplemente yo llorando tu huída, pero sólo sé que ese sonido habrá de alcanzarte, allá a dónde vayas tú…

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“un libro, un alcatraz y una oración por ti”

Sufrí de un vomito inspiracional, y con él logré acabar aquellas cartas que jamás conocerás, logré pintarte desnuda con mis palabras: que bello cuadro el que haces en la sala de mi mente, y es tan vivo que logro apreciar ese temblor que tiene tu cuerpo cada vez que tomo tu cadera, esas manos que siempre me jalan hacía ti, y la mirada que elevas al cielo cada vez que las cosas se te salen de control, tu divina figura; adoro como el viento juega con tu pelo.

La epifanía vino después de la taza de café: un libro, un alcatraz y una oración por ti, es todo lo que hoy tengo para dar, y todo por esta terquedad de buscarte en mi vida , y todo porque me sé completamente tuyo, contigo cada día es un mar de palabras y poemas.


“tus violetas”

Mejor sería que te fueras sin despedirte, que te olvidarás de mí, que nunca le contarás a nadie acerca de mí; mejor fuese si jamás te hubiese conocido, si en mis días significarás apenas menos que nada, que en ninguna vida te hubiera entregado yo mi amor.

Mejor sería no estar esperando por ese momento que quizás no llegue, mejor sería decirle a la vida que ya nos cansamos de recorrer sus caminos, mejor sería creer ciegamente como niños que Dios sabe lo que hace, y que sí él quiere, tú volverás a mí, pero no tú sabes bien, que hoy y siempre, yo no quiero tus inviernos si no se dan mis alcatraces, que no quiero mis primaveras, si no crecen tus violetas…

tus violetas...


“justo ahí”

Y justo ahí, estabas tú, tan verdadera y única: tan digna y benigna, tan bella y perfecta. Eres todo lo que siempre quise, todo aquello que nadie más supo, eres la clave para este rompecabezas que es mi corazón, eres la luz al final de camino, y la esperanza de un día mejor.

Eres ya el sueño del que nunca quiero despertar, un cuadro de alcatraces; las flores favoritas de mi madre, y un dulce susurro de mi ángel de la guarda, eres lo que Dios prometió a mi vida, aquellas cosas que muchos olvidaron preguntar y lo que jamás dudé frente a las otras personas.

Justo ahí, en donde no te pedí, en donde no te esperaba, en donde no te sabía, justo en donde debías estar.


“cosas dichas”

Me han dicho por ahí, que ya no vives igual; que nunca más volviste a La Plata, que jamás quisiste volver a recibir alcatraces, y ahora sé que de todo ello, soy el único culpable, que feliz fui al saberlo.

Me han contado en un café cualquiera que tú jamás volviste a mirar igual por aquella ventana de tu casa que da a la calle, me dijeron que mentiste el día que me despedí, y que la mentira de ese día te persigue hasta hoy, que triste no poderte liberar de ella.

Ahora quiero que te cuenten a ti, lo mal que estoy sin ti, lo débil que fue mi corazón el primer mes, y lo corta que ha sido mi vida sin ti; quiero que te digan en un verso mal escrito lo que ya sabes pero no recuerdas, que te amé hasta el último segundo, y que te necesitaré hasta mi último momento en ésta vida. Que melancólica existencia ésta con tantas y tan pocas cosas dichas…


“confieso”

Tú siempre fuiste un poco complicada, nada sencilla, toda una sorpresa en mi vida, jamás lo suficiente presumida y por nada falsa ni altanera, fuiste como un regalo navideño en pleno verano, algo inesperado, pero que agradeceré por toda mi vida.

Siempre pareciste más de lo que en realidad eras, tus ojos fueron ese misterio que quise descubrir, y tus labios aquel territorio que jamás logre conquistar, me hicieron falta energías, me hicieron falta momentos mágicos, confieso que me hicieron falta miradas de complicidad y secretos expuestos a mis ojos desde lo profundo de tu pecho.

 Siempre serás un alcatraz que florece en pleno otoño, una esperanza de continuar, un sueño que no pude concretar, una promesa que no pude cumplir, un compromiso adquirido con el corazón, un plan secreto que nadie debe conocer, siempre serás la inocencia de los niños de 6 años, y mi amor platónico, para todas las vidas habidas y por haber.


“pasa el tiempo”

Vaya que pasa el tiempo, apenas ayer te vi por primera vez, me parece apenas un suspiro todo el tiempo que hemos estado juntos, me parece una ilusión todo eso que vivimos juntos; todo lo que nadie más supo, aquello que forma parte de nuestra historia de amor. Y aunque el camino se haga cada vez más estrecho, y aunque la esperanza parezca morir, aunque los deseos no se conviertan en realidad, tú sabes muy bien lo cerca que estoy de ti, y aunque el tiempo pase, jamás importará lo suficiente como para hacer que me aleje de ti.

En noches como esta suelo recordarte muy cercanamente, disolviéndote entre el viento que juguetea con las hojas de los robles y almendros, en noches como esta me pareces tan viva, tan vital, tan profunda, que dormir no me provoca emoción, ya no necesito de los sueños para estar a tu lado.

Sábetelo muy bien, así deje de brillar la luna  y desaparezcan todas las estrellas, así se apague el sol y el viento deje de correr, así no vuelvan a florecer jamás los alcatraces, y me encuentre cara a cara con mi muerte, nunca dejaré de recordarte y de sentirte tan mía como en las noches que vivimos juntos.