-Memorias del Profe-

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“oremos por el Papa”


“oración por la paz”

Señor,
hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe, olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
Amén. 


“Una fe que se proclama, se anuncia y se comparte”

Las catequistas tienen la importante misión de anunciar el Evangelio a los pequeños, a los niños cuyo espíritu, al igual que el de los adultos, está ansioso de encontrar a Dios. En la forma de transmitir este mensaje es en donde debe centrarse la atención para lograr que nuestra catequesis sea cada vez más un anuncio vivo, eficaz y centrado en la presencia de Cristo en la Iglesia.

Para este fin, es indispensable el uso de recursos que beneficien, el que los niños puedan entender más claramente lo que Dios quiere decirles, a través de su Palabra, es decir, a través del mensaje vivo que es Jesucristo: Palabra de Verdad y Amor que ofrece libertad verdadera a los hombres.

Es claro que la Palabra es lo más importante al interior de la Catequesis, sin embargo, el llevar a los niños al encuentro con él requiere del uso de recursos que despierten el interés de los niños.

No se trata de modificar lo que dice el Evangelio, sino de transmitir este mensaje por medio de materiales, actividades, objetos y recursos que permitan al pequeño encontrarse con un Dios cercano a su realidad, para posteriormente poder cumplir la misión de llevar el mensaje de Cristo a su realidad.

Pidamos al Espíritu Santo que guíe nuestra labor catequética, para poder llevar a los niños al encuentro con  Cristo vivo y puedan así anunciar su Evangelio al mundo. Así sea.


“Los 10 mandamientos del Acólito”

1.- Es puntual en todos los actos: reuniones y celebraciones litúrgicas.

2.- Se presenta siempre aseado, tanto en la propia persona como en el vestido y en el calzado. Un acólito se lava las manos antes de la celebración, no se presenta al altar despeinado ni sucio.

3.- Es amable y cortés con todos.

4.- Guarda orden riguroso respecto a los objetos del culto.

5.- Observa silencio en el templo. Evita risas y bromas en lugares y momentos de silencio.

6.- Mantiene limpia su alba y la guarda ordenadamente.

7.- No descuida la oración diaria, la Misa Dominical, la Comunión frecuente y el sacramento de la Reconciliación.

8.- Hace bien su trabajo, con atención, concentración y devoción: no curiosea en el templo ni mira hacia los lados; es prudente y cuidadoso con los utensilios; no hace ruido innecesario con vinajeras u otros objetos y está siempre atento a lo que necesita el sacerdote que preside la Eucaristía.

9.- Estudia y conoce la liturgia de la iglesia: sus signos, ritos y significado. Y así se da cuenta de dónde y cuándo lo necesitan.

10.- Es humilde y sobrio y evita toda forma de ostentación.


“oración a la Santa Cruz de Jerusalen”

¡Santa Cruz de mi Jesús, que expiró para darnos luz, yo te doy mi reverencia, oh preciosa y Santa Cruz!

El camino que nos marques en el mundo seguiremos, que la Cruz siempre abrazados con su signo venceremos.

A tus plantas hoy me encuentro, mi Divino Redentor.

Haz que con santa paciencia, cargue en el mundo mi Cruz.

Oh Dios Omnipotente que sufriste en la Cruz la muerte, para redimirnos de nuestros pecados.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, se mi verdadera luz.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, ten piedad de mí.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, se mi esperanza.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, aleja de mí todo temor a la muerte.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, derrama en mi alma el bien.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, aleja de mí todo mal.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, hazme entrar en el camino de la salvación.

Oh Santa Cruz de Jesucristo, presérvame de todos los accidentes, temporales y corporales para que pueda adorarte siempre, así como a Jesús Nazareno a quien imploro para que tenga piedad de mí.

Haz que el espíritu maligno visible o invisible huya de mi por todos los siglos de los siglos.

Amén.


“¿demasiado joven?”

“Yo contesté:

“¡Ay, Señor! ¡Yo soy muy joven y no sé hablar!”. Pero el Señor me dijo: “No digas que eres muy joven. Tú irás a donde yo te mande”  Jeremías 1’6-7

Tomen tiempo para leer el contexto del pasaje, así podrán darse cuenta la dimensión de estas palabras de Jeremías. El pasaje narra con toda claridad que ¡DIOS… LE…HABLA!, y por cierto le da un discurso que con la décima parte cualquiera de nosotros ya tendría vocación para siempre. No especifica como le habló el Señor, si tomamos en cuenta que no eran tiempos de telefonía, televisión, ni redes sociales; o, habrá sido un profeta, o una visión directa. Pero el punto es que este chaval, llamado Jeremías recibe órdenes de primera mano de Aquel al que no se le pueden discutir decisiones y llamados.

Aunque Dios lo sabe todo, y sabía cual iba a ser la respuesta de este jovencito, el resto de la creación no tenía ni idea de lo que iba a salir de la boca de este chiquillo, por lo que tuvo que haber una especie de segundo de silencio incómodo con sabor a corte celestial sorprendida cuando Jeremías se excusa del llamado ofrecido, pues a Dios, se supone, no se le puede responder así. Pero Jeremías demuestra que es joven hasta en esto, responde con toda sinceridad; un poco más y le dice a Dios…”número equivocado”, o bueno, ”mejor llámame otro día con más tiempo”. Cuando hay excusas para no responder, estas se vuelven un deporte, son camaleónicas porque cambian de color según sea la circunstancia, y finalmente cuando no es una cosa, es otra, el miedo es el maestro de las explicaciones convenientes. En este caso la excusa de Jeremías es que es muy joven y que por eso no sabe hablar bien, (cierto es que no mentía, a las pruebas nos remitimos, ¡si así hablaba con Dios!, ¿cómo lo ponemos a hablar con demás?). La respuesta de Dios es al grano: tu excusa no pasa, y punto. Es más, le deja claro: ¡precisamente porque eres joven es que te estoy llamando!. TU EXCUSA… ES MI REQUISITO.

Cada uno revise su propio historial de excusas: es que soy muy joven, es que soy muy viejo, es que apenas empiezo, es que ya casi termino, es mi carácter, es que mi historia, es que…  No es que a Dios no le importe tu excusa, pero es un hecho que no le estorba para amarte y llamarte, y no te estaría llamando si ignorara eso. Como dice una maravillosa frase del Obispo Juan Jose Aguirre que lo resume todo:”Cuando dejé todo por ti…no te hiciste muchas ilusiones”. La misión o vocación a la que Dios te llama es maravillosa e importante, pero más importante que el llamado, es Aquél que te llamó y le da sentido a toda esta aventura, en especial cuando llegan los desiertos y no se siente tan clara su Voz. Sonríe tú también pues no te llaman por bolsa de trabajo, si no porque te aman, y el amor cubrirá el resto de acciones que tu incapacidad no pueda alcanzar. Aquel que llama y te ama, se encargará de todo lo demás.

Fuente:http://tinvalro.macmate.me



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“la oración…”