-Memorias del Profe-

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¿Qué me queda?

Una herida que no podré curar jamás, un poco de silencio en este mundo que no se puede parar, una calle solitaria a las 2:00 am, un sueño cortado en plena madrugada, justo cuando el sol está por salir. Un café amargado por el tiempo, un beso disparado antes de su momento, una promesa imposible de cumplir.

Un ruego innecesario, un poco de incienso húmedo, y un mucho de lo que tú te llevaste en tu bolso. Una parte de mí que no supe comprender, una parte de ti que no quisiste disfrutar ni vivir, un mar que no encuentra calma, un cielo que sólo sabe llorar, una playa desierta, donde quedan las huellas de aquellos últimos amantes.

Un libro que jamás pude acabar, una oración que no pude pronunciar, una fotografía que no quise conservar, una llamada telefónica que no debí tomar, la copa de vino rebosante hasta sus bordes, un poco de paz, sólo un poco de ella acompañada de una guerra interminable entre tu alma y la mía.

El salvajismo con que tomabas mi cuerpo, y la tranquilidad con que yo esperaba todos tus gestos.

¿Qué me queda? Ahí lo tienes.


“te extraño”

Extraño los días contigo, sinceramente no encuentro en mi vida un poco de orden; desde que no estás, no sé si vivo o es tu recuerdo el que vive en mí, no sé si muero o es tu último beso el que me roba la vida aún hoy.

Extraño aquella tarde en la playa, el primer beso, las palomas del parque central, extraño el café de la tarde, amanecer tendidos en el suelo, extraño el sabor de tu cuello, la forma en que decías mi nombre, y extrañándote es como existo, ya no vivo, no vivo sin ti, soy poco menos que una sombra, poco menos que un recuerdo borroso, poco menos que una maldición en tu historia.

Te extraño.


“confieso”

Confieso, te besé sólo para olvidar.

Y ahora mi pecado es amarte sin medida, ni tiempo, ni nada más.

Te necesito tanto como al aire que respiro, pero más indispensable que él. Y siento que si no te beso, pronto olvidaré lo que es vida.

Confieso, te besé sólo para olvidar, pero ahora, te quiero por siempre recordar.


“me confieses”

Si lo debo confesar no tengo problema alguna en hacerlo, sábelo bien: no tengo nada en mente, sólo esta necesidad insensata de ti, sólo estos labios que se muerden por un beso tuyo, y sólo soy eso, un fantasma cuya vida pasó desapercibida, un naufrago que nunca salió del todo del mar, y un poco de lo que tu dejaste detrás de ti.

Soy aquello que ya no quisiste recordar, y un dulce que nunca te agrado, una bebida embriagante cuyo sabor jamás olvidaste, no tengo nada en mis planes, sólo que de un buen día llegues a necesitarme en la justa medida en la que yo te necesito a ti, sólo que te sepas amada a la buena.

Y si es posible, que un día me confieses tu amor con el mismo valor que hoy lo hago yo.


“si me besas”

Si me besas te juró que no podré detenerme más; y es que haces que eternidad suene tan fácil, haces que el futuro no sea una preocupación,  haces que me entregue completamente a ti.

Te necesito, y me basta eso para buscarte, encontrarte y sólo dedicarme a amarte.


“me sé”

Puede que no encuentre tus besos en libro alguno, puede que por fin entienda que  lo tuyo y lo mío jamás fue algo correcto; puede que se haga demasiado tarde si continúo en este camino, pero llevo el alma abierta en una herida por tu causa, llevo sobre mi espalda aquella noche en que me engañaste, llevo entre mis dedos el sudor que tu espalda me obsequió, llevo tantas cosas en mi mente, que ya no sé dónde comienzo yo y dónde terminas tú;  llevo aún la esperanza de que las palabras fuesen verdad, que no hubieran sido sólo parte de tu trama.

Me sé muy bien triste, me sé ajeno, casi muerto, casi ido, me sé ya agobiado y casi terminado, me sé todo esto por tu culpa, pero quizás, quizás también por la mía. 


“contigo”

¿Qué he de decirte? Tus ojos desnudan mi alma, me dejan indefenso, me dejan sin sentido alguno: más que el de amarte hasta el límite, ninguno otro más que el de hacer que llegues a necesitarme, que llegues a ver lo que nadie más vio en mí; porque sólo así podría yo seguir viviendo, sólo así podría yo acercarme a la inmortalidad.

Contigo no existen mentiras, sólo la pura y llana verdad, sólo esta necesidad irreverente de que vengas a mí, que me abraces, que beses mi frente, y me veas a los ojos, que me digas de mil maneras diferentes con tu mirada aquello que aún callan nuestras bocas.