-Memorias del Profe-

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“tengo ganas”

Tengo unas ganas de salir corriendo, ir a dónde quiera que estés, encontrarte con mi nombre en tus labios, y decirte que el pasado es un embrujo mal hecho, demostrarte que soy tuyo como nunca lo fui de alguien más.

Y tengo unas ganas de verme en tus ojos, encontrar ahí un refugio perfecto contra el mundo; encontrar ahí el tiempo necesario para amarte con locura y ternura. Ser lo que quieras que sea, y dejar que te conviertas en lo que siempre he deseado.

Tengo ganas de ti, de morder tu espalda, de saborear tus labios, de encontrarte sin ropa en medio de la madrugada, y de envolverme en tus brazos para nunca salir de ahí.

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“la primera noche”

Quiero que me digas cuantas veces has soñado conmigo, confiésalo, en verdad me haces falta en ésta noche, estás tan cerca pero a la vez tan lejos, daría media vida por tenerte entre mis brazos y el resto porque te decidieras a amarme sin temores ni incertidumbres.

Quiero que hagas de cuenta que ésta es la primera de las noches juntos, que todo será nuevo; que no habrá nada conocido y que cualquier cosa que hagamos hará historia en nuestras vidas; ven conmigo, quédate una noche nueva, quédate y no te resistas a lo que tu alma y la mía piden a gritos. Sé que me necesitas tal como yo hoy te exijo.


“nadie más entenderá”

Tú me hacías sentir vivo, tú y la ciudad me hacían vivir feliz; y justo ahora, tú has cambiado y nuestra ciudad ya no es la misma, justo ahora, me siento vacío y ajeno, tanto sentimiento y sólo tengo como compañía a un oxidado café. Sé que puede que algún día te encuentre en el transporte público, puede que alguna vez tenga que fingir que no te conozco al verte en brazos de otro, pero aún cuando ya no haya nada entre tú y yo, puedes confiar en que siempre recordaré aquella primera tarde junto frente al mar; siempre serás mía en una forma que jamás nadie más entenderá.


“cuánta falta me haces”

No pusimos nada en su lugar, aquella tarde siempre fue el primero de los mejores momentos de mi vida, tú siempre fuiste lo único que realmente tuve, y yo, siempre fui una cuenta perdida para ti.

Cuántas veces no necesite de unos brazos que me dieran calor y amor, cuántas veces no quise decirle a Dios que me liberará de todo esto; pero no, él sabía justamente porque lo hacía todo; él sabía perfectamente que si yo sufría en aquellos momentos sólo era para necesitarte mucho más de lo que ya te necesitaba, sin saberlo siquiera.

Justo por eso cuando viniste a mí, no hizo falta más que verte a los ojos,  para desearte por el resto de mis días, y claro que ahora si sé cuánta falta me haces.


“solo por el beso”

¿Cuánto tiempo vas a pedirle al tiempo?, hoy estas aquí, mañana quizás me deba ir, hoy puedes verme a los ojos, mañana quizás deba conformarme con tu recuerdo; y si dejamos pasar el ahora quizás debamos arrepentirnos el resto de nuestros días, pero si te decides, si te dices desde ahora sin ese momento especial que todos bocean, sin aquella magia en el aire, y sin ese olor a jazmines en tu pelo recién lavado, sin que un Cupido se aparezca ni haya ángeles cantando, sin todo eso, tan solo bésame y ya.

Yo te prometo que cortaré una rosa de aquella jardinera, ¡Que importa si los vecinos se deciden a denunciar!; probaré suerte entre tus brazos, y les diré adiós a todos en un barco cuyo destino por fortuna no conocemos, le diré al mundo que en ti he encontrado mi lugar, y todo, todo si tú te decides a besarme, no prometo días sin nubes negras, ni prometo componerte cada día una nueva canción; sólo prometo que allá a donde este barco nos lleve, allá en donde quiera que estemos, estaré siempre a tu lado, y todo, por ese primer beso que ya espero…


“tanto amor”

A la mitad de la noche, aparece por la ventana tu recuerdo, sólo me queda recibirlo como si fueses tú, sólo me permite una única palabra de bienvenida y entre sus brazos entrego la poca pasión que sobrevivió a la ruptura que nos separó, entre sus brazos se van la paciencia y el esmero de los momentos que ya no volverán.

Entre la horas del reloj, se van perdiendo los días y los susurros, las palabras que decíamos al mismo tiempo, las miradas de las que el mundo jamás se percataba, se van perdiendo de la misma forma en que yo te perdí, se van dejando tras de sí estelas de completa soledad.

Tanta soledad, y tú tan lejos, tanto desamor y tú con tanta alegría, tanto martirio y tú con esa sonrisa eterna, tantas noches y sólo me queda tu recuerdo entrando por la ventana…


“no te he dejado de amar”

Soñé que te veía venir, justo como te fuiste un día sin avisar; dejándome atrás con todas esas palabras de amor, junto con esos pocos besos que pudimos concretar, con aquella tarde tumbados en la cama, con los muchos kilómetros que logramos viajar y con las muchas esperanzas que tú creaste. Y al verte venir con los brazos llenos de más besos, más tardes y muchos más kilómetros recorridos con renovadas esperanzas, no pude más que comenzar a llorar, para pedir que todo eso fuera verdad, desde la última vez que nos vimos han pasado tantas cosas en mi vida, que ya no sé si sigo siendo el mismo o si termine por cambiar, pero si algo te puedo asegurar y que ni por un solo segundo desde aquel día te he dejado yo de amar.