-Memorias del Profe-

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“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VIII”

Acabaron con todos los asesinos y la espesa bruma comenzó a disiparse lentamente, al tiempo que los Arbóreos comenzaban a reconfortarse unos a otros pensando que lo peor ya había terminado, estaban todos reunidos a excepción de Paladín que había caído valientemente en la defensa de su hogar y de Tanavar e Inírion de quienes no tenían las más mínimas señales.

Abruptamente el cielo de La Arboleda se partió y de él cayo un enorme rayo justo enfrente de los Arbóreos, electrificando a todos y haciéndolos caer inconscientes al suelo, de ese enorme rayo apareció Annawen acompañada de los pocos Sacerdotes Fluviales que sobrevivieron a la batalla.
-Elune, la poderosa Diosa de los Arbóreos –Dijo con una potente voz Torothal por medio de su avatar viviente-
-Tú, traidora, asesina y mentirosa, sal de mi hogar ahora mismo –Le respondió rápidamente el avatar de Elune que nacía del núcleo de La Arboleda-
-¿Creíste que podías detenerme con los pobres mortales que te sirven?, eso jamás será posible, pues aunque hace muchas décadas hayas descubierto a Narat mi espía en tu hogar y aún cuando hayas creado ese ridículo plan con Tanavar y Confused para dispersar a tus hijos por todo el orbe, aún cuando lograste engañar a todos con el odio hacia esa Drow imbécil, no pudiste detenerme jamás y nunca podrás hacerlo Diosa Luna, porque mi poder no conoce fin y ahora, esta noche será la última en que los mortales verán una Luna aparecer en el cielo, porque esto termina aquí.

Annawen levanto su báculo en contra del Avatar de Elune para lanzarle una última magia, pero entonces desde la Luna Nueva que estaba en el manto nocturno bajó un claro rayo de Luna sobre el centro de La Arboleda, cegando a Annawen y a los sacerdotes que la rodeaban, aparecieron Tanavar e Inírion quien tenía en sus manos su gran bastón, una vez Annawen recobró la vista pudo ver a ambos Kaldoreis frente de ella.

-¿Qué?, ¿Qué rayos hacen aquí? Se supone que todos los Arbóreos fueron acabados por el ejército y por la mano poderosa de Torothal.
-Jamás podrás acabar con el espíritu incansable de los Arbóreos de Elune –Le respondió Tanavar quien al pisar el suelo de La Arboleda había recuperado la juventud que poseía en las épocas en que gobernaba a la comunidad-
Acto seguido Inírion levanto su báculo y de él emanaron luces brillantes que buscaron velozmente los cuerpos de los Arbóreos que yacían en el suelo, todos lograron despertar de su inconsciencia y al ver a los enemigos tan cerca tomaron posiciones defensivas.

-¡Así deba acabar con la vida de cada uno de ustedes con mis propias manos, esto terminará aquí y ahora! –Grito Annawen al tiempo que mando a los Sacerdotes atacar inmediatamente a la defensa Arbórea-

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“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VII”

-Por aquí- indicó Aunrae a su abuela, mientras saltaba de un Ent a otro que se encontraba a su derecha.

La anciana drow seguía el paso de su nieta, imitando casi todos sus movimientos. Se acercaban raudamente a los sacerdotes dirigidos por Annawen, sin preocuparse por otra cosa que eliminar la ofensiva enemiga. Saltaban de rama en rama y corrían por las copas de aquellos incinerados Ents que aún luchaban por la Arboleada.

Annawen por su parte se encargaba de dirigir los hechizos en una u otra dirección, y con cual o tal magnitud. Su malicia había aumentado exponencialmente desde su encuentro con los jóvenes elfos. Torothal había recubierto su corazón con una capa oscura ante la pérdida de su anterior sacerdotisa, Narat.

Las elfas oscuras se escondieron tras los primeros Ents de la linea de ataque del ejercito. Allí inspeccionaron el área objetivo y planificaron sus estrategias. Aunrae de un salto se puso tras los sacerdotes, mientras que su abuela se ponía al frente de los Ents para enfrentar directamente.

Confused lanzó esferas de energía de distintos colores sobre el enemigo, matando a aquellos que no alcanzaron a protegerse. Por su parte, la joven drow asesinaba con el filo de sus cimitarras a cuanto sacerdote se encontraba delante de ella. Cuando la anciana notó que dejaban de morir, reforzó su ataque con un rayo oscuro que salió de sus manos, el cual mató una gran parte del ejercito. 
Cuando sólo restaban unos 5 elfos y su líder, todos se esfumaron a través de la neblina. 

Ambas elfas al notarlo decidieron volver con el resto de los arboreos.

Por su lado, el resto de la comunidad contrarrestaba el ataque de los asesinos fluviales. Todos habían sido atacados, y de un modo u otro habían sido salvados -fuera por su propia habilidad o por la ayuda de un amigo-.

Pero, de pronto, se decidieron a atacar a todos a la vez, generando una batalla que parecía tener en desventaja a los hijos de Elunen. 

Confused apareció antes de que dieran fin a la vida de Nuty, mató al asesino que le atacaba y se puso a la ardilla en el hombro. Aunrae mató a otro par con sus armas, mientras se preparaba para recibir a otros asesinos que se atrevieran a aparecer. El resto de los arboreos acabó con su oponente en un plazo no mayor al que apareció otra tropa de asesinos, listos para acabar con sus vidas.

Nyko atravesó con su espada al encapuchado que tenía enfrente, sin embargo este alcanzó a herirle el brazo izquierdo, dejándolo inutilizable. Genova, al notarlo, corrió a su lado para apoyarlo en un futuro ataque.
Por su parte, Koehnes y Nuron peleaban como pareja, espalda con espalda, de manera que ninguno fuera atacado por sorpresa. Ambos tenían sus dagas amarradas a la cintura, con el arco tensado para cualquier situación.
Gil con su báculo presto a defenderse, parecía un maestro invencible. Mas su cuerpo estaba lleno de rasgaduras y pequeñas magulladuras que le deterioraban la capacidad de combate. 

El cansancio se apoderaba de los arboreos, cada instante consumía sus fuerzas más y más.


“La Eternidad de las Flores: Río y Luna VI”

Tan pronto como la neblina cubrió toda La Arboleda Confused y Aunrae se prepararon para la embestida de los enemigos, sin embargo ningún asesino se había acercado a ellas, la orden había sido clara, los sacerdotes acabarían con los Ents mientras que los asesinos irían en búsqueda de cada Arbóreo que estuviese escondido en lo profundo de los caminos de su hogar, y debido a la cercanía en que ambas se encontraban con los Ents, ningún asesino las ataco; ahora eran presa de los rayos que lanzaban los sacerdotes fluviales, los cuales se impactaban contra las cabezas de los Ents incendiándolos.

-Si esto sigue así, no tardaran en acabar con todos los Ents y la defensa de La Arboleda se terminará con ellos –Dijo Aunrae a su abuela-
-Tienes razón, debemos ir a atacar a los Sacerdotes de Torothal para evitar que acaben con estas creaturas.
Ambas Elfas se alejaron del ejercito de arboles vivientes y fueron al encuentro de los Sacerdotes que se encontraban atrincherados en las inmediaciones de la entrada de La Arboleda, desde donde dirigía sus ataques Annawen.

Mientras tanto en el centro de La Arboleda los arbóreos se preparaban para el ataque de los asesinos quienes estaban cubiertos por la neblina que los rodeaba en un círculo perfecto debido a que la Luz que emanaba del Avatar de Elune la disipaba.
-Jamás pensé que caería en una noche como ésta, pero si ha de ser así, agradezco a la Redentora que me permita caer a su lado mis amigos –Dijo valientemente Niko quien preparo sus espadas para recibir a los asesinos-
-No caeremos esta vez, no aquí en nuestra casa –Le respondió el viejo conejo Dictador al tiempo que tomaba su gran mazo con ambas manos y se colocaba a su lado-

Los demás Arbóreos, incluyendo a Elfa quien había sido rápidamente curada por Gil, formaron junto con ellos un pequeño círculo alrededor del avatar de la Diosa Luna, no para protegerla porque eso en realidad no era necesario, sino para que la luz que ella emanaba pudiera ayudarles a sortear a los enemigos.

Y de un momento a otro el primero de los asesinos apareció a una gran velocidad desde la espesa bruma con una enorme daga que tenía como objetivo el corazón de Nuron el hijo de Elfa, sin embargo éste en un rápido movimiento impacto en su frente un fugaz disparo de flecha salido de su arco de roble, tras de el asesino que ahora yacía en el suelo con un gran río de sangre fluyéndole de su frente vinieron otros más…


“La Eternidad de las Flores: Luna y Río I”

Mientras los elfos partieron hacia rumbos desconocidos todos los demás Arbóreos prepararon la defensa de su hogar.

Antaño cada uno de ellos había obtenido un arma que además de ser un símbolo arbóreo poseía la capacidad de encontrar y derrotar a los enemigos de la Diosa Madre, ahora esas armas habían vuelto a sus manos y serian utilizadas para gestar la última batalla para defender a La Arboleda de las Lunas del ejercito fluvial.

Todo el bosque que rodeaba a La Arboleda fue encantado por los espíritus que eran fieles a la Luna, en ellos se abrieron veredas que tenían por objetivo hacer que el ejército enemigo se perdiera para dar más tiempo a Aunrae e Inírion; también muchos de los animales y árboles se tornaron agresivos hacia los invasores, algunos wisp que en el pasado habían obedecido fielmente las ordenes de Tanavar en La Arboleda de las Lunas se adentraron por las veredas para cazar y dar muerte a los sacerdotes de Torothal. Sin embargo el ejercito era inmenso y aunque esas trampas causaron algunas bajas en sus filas, la realidad era que la inmensa ola se armas y odio se cernía sobre el hogar de la comunidad Arbórea.

Además, Torothal había enviado a un avatar suyo para dirigir la guerra; Annawen la elfa silvestre que había acompañado a Inírion y Aunrae por la antigua ciudad naga de Nozjatar, guiaba con gran maestría a los guerreros por las oscuras veredas de los bosques argento, y acababa con muchas de las amenazas que ese bosque representaba para los guerreros fluviales.

Él bosque retraso todo lo que pudo a los enemigos de Elune, sin embargo ellos llegaron pronto a las puertas de La Arboleda de las Lunas, y Annawen al frente del ejercito rompió la última barrera física que defendía a los Arbóreos.

Apenas cayeron ambas puertas al suelo una gran oscuridad que salió lanzada desde el interior de La Arboleda cubrió al ejército fluvial, esta penumbra dispersó por varios minutos a los guerreros y sacerdotes de Torothal, dentro de esta oscuridad los Arbóreos pudieron entrar en las filas de los enemigos y acabar con algunos de ellos pero tan pronto como Annawen disipó la bruma ellos se desvanecieron con ella refugiándose al interior de su hogar.

La Diosa del rio conocía de sobra las técnicas de su enemiga y sabía que un enfrentamiento directo no seria posible, ella haría todo lo posible por detener su caminata y evitar que alcanzasen el centro del recinto en donde Elune tenía un avatar que nacía del núcleo de la misma Arboleda, por ello decidió enviar a su ejército poco a poco para acabar con todas las defensas posibles, para que cuando ello sucediera su avatar pudiese entrar libremente y acabar con Elune para siempre…


“La Eternidad de las Flores: Sinfonía de Luz y Oscuridad III”

Mientras avanzaba la ciudad se tornaba más interesante, más criaturas parecían convivir en aquel ambiente que ella hubiera preferido saber nombrar.

Se estaba deslumbrando al mirar algunos edificios, cuando, sin querer, chocó con alguien. Era una elfa oscura de avanzada edad, con algunas arrugas en los ojos. De inmediato la anciana se puso en guardia, empuñando las manos. Llevaba una canasta en el brazo izquierdo.

Aunrae, sorprendida, imitó a la mujer dispuesta a pelear.

-Aunrae- pronunció la anciana.
-¿A-abuela?- preguntó incrédula.

Ambas bajaron los brazos. Confused abrazó a su nieta con fuerza, cosa que duró unos instantes antes de que le comenzara a preguntar porque estaba allí.
La explicación de la joven le parecía divertida, incluso fantástica, pero sabía que no podía ser de otra forma. 

-Cuando Lolth aceptó ser parte del panteón de la Arboleada de las Lunas, sabía muy bien que su enemiga Torothal estaba en contra. Eso fue una de las cosas que impulsó su decisión, junto con la promesa de sangre. Este lugar es una desgracia para nuestra diosa, la reina de las arañas; mas, en los corazones de los drows descansa el hambre insaciable que llevará acabo su venganza-
-Abuela, ¿Dónde estamos?-
-Rilauven, una tierra de rebeldes- dijo apuntando a una gran construcción que simulaba una araña destruída. Al acto notó la canasta que llevaba en el brazo y comentó -Había olvidado que tenía que llevar esto a casa, acompañame-

En ese momento emprendieron el rumbo a unos metros hacia el centro. Se toparon con drows montados en lagartos, una tropa que se dirigía a las lejanías, probablemente. 

Sin más, el camino los llevó a una casa en medio de una granja de setas, casualmente la misma que había visto al entrar. Allí, los humanos que al principio consideró esclavos saludaban a su abuela como si fueran conocidos de toda la vida.

Entraron, y se dispusieron en la mesa del gran comedor circular, esperando lo que Drad traía en su canasto. Uno de los hombres puso los platos, y otro, sin cabello, los servicios. La anciana sacó carne de rothe, aderezada con distintas especias. Luego fue a la cocina y trajo setas en rodajas que puso en medio de la mesa, junto a la carne.

Aunrae, quien había permanecido de pie junto a la puerta de entrada observando el espectáculo, fue llamada por su abuela, quien le indicó se sentara junto a ella.

Así, comenzó una cena que ella no había conocido nunca antes. Estaba comiendo en la Antípoda Oscura, ¿qué drow no estaría feliz con aquello?
Sin embargo, aún tenía presente que debía regresar cuando antes, pues las tropas del enemigo acechaban el hogar. 

En cuanto hubieron terminado todos, decidió anunciar que se llevaría a su abuela. Todos la miraron con un horror de otro mundo, al punto que tres de ellos decidieron atacar.

-Chogas, Estebanes, Akaoni. Aléjense de mi nieta- gritó Confused al ver la amenaza inminente. 

Aunrae ya estaba con las espadas desenfundadas, lista para cortar cabezas. Mas el grito de su abuela, y al parecer, magia expelida por la misma, suspendió en el aire a los humanos. 

-No puedes irte, ¿Quién nos defenderá?- preguntó uno de los ancianos.
-Sabíamos que este momento llegaría de todas formas, anda, ¡vete!- gritó otro.
-Ella no se va a ningún lado, suéltanos y enfréntate a nosotros como corresponde- gruñó Estebanes.
-Abuela, suéltalos, yo los convierto en fiambre en medio segundo- dijo con rabia la joven.

Drad se rió de todos y se sentó. Los miró divertida y esperó unos minutos, en los cuales gritaban todos. Cuando finalmente se callaron decidió abrir la boca para explicar que no pretendía quedarse ahí, y que quien se le opusiera moriría bajo el calor de su mano.
Soltó a los hombres. Akaoni corrió hasta ella e intentó asfixiarla, mas ella de un solo movimiento y lo retuvo en una llave sobre el piso.

-¿Qué no te queda claro? Vuelve a tocarme y te mataré- gruñó, ahora muy molesta.
-No te puedes ir, nosotros te necesitamos- dijo con la voz entrecortada el atacante.
-Iré a una guerra, no al paraíso. De todas formas el Círculo siempre odio la Arboleada, y yo soy de allí, ¿Para qué me quieren aquí?-
-Bueno, nosotros…-
-Vendrá Eidahan, llegará en un par de horas. Ya deberían saber defenderse con lo que tienen, a pesar de ser un montón de abuelos. Me largo- finalizó y salió del lugar, seguida de Aunrae.

Un portal gris se abrió frente a ellas, y atravesándolo un millón de sensaciones se apoderó del cuerpo de Drad.


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo III”

-¡Koehnes, Nuron, vengan aquí!- gritó la pequeña Drow.
-¿Cuánto se tardan en levantarse?- le preguntó Inírion.
-Realmente no lo sé, parecen niñas- dijo con malicia Aunrae.
-¡Ya vamos!- gritó desde la copa de su árbol Koehnes.

Al cabo de unos minutos los gemelos bajaron de un salto, cayendo en frente de quienes los esperaban.
La chica golpeó a ambos elfos en el brazo, el Nocturno rió.

-Ya, vamos al lago- ordenó la joven, al tiempo que se ponía a caminar. 

Los chicos asintieron y la siguieron de cerca, siempre con el Kaldorei en la cola y la drow a la cabeza de la fila. Inírion solía tener alergias que le impedían llevar el ritmo de sus primos.

Nuron despertó de su sueño. Los recuerdos de la Arboleada de las Lunas cada vez se hacían más presentes en sus sueños. 
Le comentaba a Koehnes sobre ello, hasta que una noche su hermano le dijo que era tiempo de partir.

Quizás la Diosa Madre se comunicó con él, o un impulso creado por la misma lo había hecho pensar que debían movilizarse a otro lugar de la tierra.
Fuese como fuera, Nuron, el menor de los gemelos, siguió a su hermano sin dudar, ansioso por aquello que podría esperarles en un futuro próximo.

También tenía la esperanza de encontrarse con su madre, de quién habían sido separados en el momento de la destrucción de la comunidad en la cual habían nacido. Solos y perdidos debieron hallarse un lugar en el pueblo en el que habían caído. 

Koehnes, siendo el mayor, había tomado la responsabilidad por los dos y se había endurecido con el tiempo. A su vez, Nuron había dejado que sus sentimientos se apoderaran de él, cayendo variadas veces en la depresión. Se cuidaban todo el tiempo, y jamás dejaban que el otro fuera solo a algún lugar. 

***

Los grises ojos de la Elfa apuntaron en su dirección. Si fuesen humanos, tal vez hubieran quedado paralizados, pero eran elfos, como ella, y no se dejarían perturbar por eso.

-En nombre de la Diosa Madre te saludamos, Elfamaniaca- expresó Inírion, haciendo una reverencia.
-…- la elfa parecía mirar al horizonte.
-Es la hora de que todos los Arboreos se reúnan- prosiguió con fuerza el Kaldorei -Se nos está llamando para el renacimiento, todos estarán allá-
-Ko..eh..nes.. y.. Nu.. ron..- balbuceó.
-¿Quiénes?- cuestionó la Drow.
-Ko..ehnes y Nuron, mi-is hijos- explicó.

Los jóvenes se miraron sorprendidos, existían dos Arboreos que no estaban registrados en el mapa y de los cuales no habían recordado nada.
Inírion fue el primero en retener la imagen de ellos.

-¡Claro!- exclamó al recordar -los primos eran los hijos de Elfamaniaca-

En ese momento Aunrae pareció recordar a aquellos niños con los que había compartido su infancia.
Nuevamente los jóvenes se miraron. Inírion preguntó a la sombra blanca, quién le dijo que no había nada de que preocuparse, pues ellos iban en camino.

Tras eso, el Kaldorei explicó la situación a sus acompañantes. Elfamaniaca cambió radicalmente con la noticia, sus ojos parecieron tomar un brillo, y ya se sentía su presencia que comenzaba a renacer en su interior. Aceptó acompañarlos, de modo que juntos atravesaron el portal que abrió Inírion para llegar a la posada de Mapache.


“La Eternidad de las Flores: Florecimiento contra tiempo II”

-¿Cuánto tiempo más tenemos Madre? –Pregunto Inírion a la sombra blanca con la que había estado hablando durante las últimas noches de trayecto-
-Tendrán hasta la próxima Luna Nueva, entonces Torothal se encontrara a la puerta de nuestro hogar y no habrá nada más que hacer –Le respondió la sombra quien se acerco a él para darle un inmenso abrazo-
Después Inírion fue despertado por Aunrae para continuar el camino por las llanuras costeras.

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Tenía unos inmensos ojos grises, ojos que antaño había sido del tono azul del mar, ambos ojos miraban hoy fijamente las olas, había pasado ya demasiado tiempo, al principio se había sentido acompañada de sus presencias a donde quiera que iba, ansiosa de encontrarlos y de saber de ellos después de aquella trágica diáspora que los había separado, sin embargo después de muchas décadas de angustiante búsqueda sus energías la habían abandonado, termino convirtiéndose en un mito de la región, una bella dama vestida de gris que durante las tardes salía a pasear por la costa, mirando fijamente las olas del mar, como si en esos corceles formados de espuma y sal se encontrasen las almas de sus hijos perdidos.

A ella temían todas las hordas bárbaras que habitaban en las llanuras costeras pues sabían que encontrarla era igual a un presagio de muerte, una trágica muerte tan trágica como el canto que salía de sus labios en cada nueva Luna Llena, un canto tan desgarrante como la daga más afilada de los nueve infiernos.

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Desde los primeros días en que el paisaje cambio abruptamente de un inmenso pantano a una extensa llanura ambos supieron que iban por el camino correcto, hasta ahora habían recorrido prácticamente todo el orbe y habían logrado encontrar de una u otra forma a todos los Arbóreos dispersos excepto a Elfamaniaca, a quien era preciso ubicar lo más pronto posible para llevarla junto a los demás Arbóreos a las ruinas de La Arboleda de las Lunas.

-Maldita llanura, está infestada de tribus estúpidas que solo sirven para ser masacradas, lo peor, en ninguna de ellas hemos siquiera visto una pista de la Elfa que buscamos –Dijo con bastante cansancio la Drow después de haber acabado con más de 5 tribus salvajes-
-Tienes demasiada razón, pero esa última hoja de roble es bastante extraña, hoy está en una parte de la costa, y mañana aparece en otra, al día siguiente entra en un poblado y después se desaparece del mapa durante largo tiempo –Respondió el Kaldorei para intentar animar a su compañera- debemos estar atentos a dónde aparece para ir por ella, no nos quedan más que dos semanas antes de que los ejércitos de Torothal lleguen a las puertas de nuestro hogar…

Finalmente y después de varios días de recorrer sin rumbo fijo las costas del Oeste del mundo, Aunrae e Inírion se encontraron frente a frente con Elfamaniaca….