-Memorias del Profe-

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“no existe”


“hasta ese momento”

¿Hasta cuándo dejaré de quererte?

Hasta que te canses de mi, hasta que te aburra mi plática egoísta, hasta que veas en mis ojos que nunca he podido sentir verdadero amor; hasta que creas lo que el mundo dice de mí, y te decidas a alejarte tal y como viniste, dejaré de quererte hasta que el sol se despierte de mal humor y se oculte a los delincuentes, hasta que pueda recordarte sin dolor y tú me desprecies con todas tus fuerzas.

Hasta que otros hombres tomen mi sitio, y otras mujeres tomen el tuyo; hasta que el final se haga presente y el mañana deje de importar, hasta que por fin te desveles esperándome y yo pueda vivir la noche sin pensarte, hasta ese justo momento, dejaré yo de adorarte.


“un día”

Un día sabrás que te quise sin medida, y que la eternidad es poco comparado con lo que te esperé, ese día lloraré de emoción al saberte por fin mía, pero ten por seguro, será demasiado tarde para los dos, yo estaré acompañado de las almas en pena de la eternidad, y tú, tú serás prisionera de tu soledad.

Un día sabrás por fin lo que se siente perder, conocerás a la derrota cara a cara y mi tumba será tu único refugio, será tan pequeño que no te alcanzará para sustituir los besos que te perdiste de mi boca, y yo seré afortunado, entregando mis palabras a querubines sin hogar ni pasado, perdido en un mundo diferente del que nos vio separados. 

Así no sabrás que todos estamos tan solos, hasta que encontramos a alguien, y entonces nos damos cuenta de lo que es la soledad, solo al salir de ella, pero tú, tú ya no tendrás tiempo de acompañarme y jamás sabrás que siempre estarás rodeada de soledad.


“mis últimos años”

Mis ojos te obsequian hoy lágrimas que no mereces, mis labios desean los tuyos como el sol desea poder volver a ver a la Luna, y sé que tú me olvidas en brazos de otra mientras yo sigo aquí, viviendo pegada a mi almohada, durmiendo para vivir, soñando para recordarte y despertando solo para llorar.

Mis manos añoran los días cuando tus dedos jugueteaban con ellas, mi alma extraña las noches cuando la tuya se le unía para cantarle odas eternas a las estrellas, y yo sigo extrañándote a pesar de las décadas que han pasado desde que no éstas.

Paso estos últimos años de mi vida pensándote eternamente, extrañándote cada vez más cerca de la muerte y cuando el hacedor decida llamarme a su presencia sé que mi último suspiro será tu nombre en un grito que espero llegue hasta ti…


“me mantienes”

Me mantienes de luto, oscuro, tan triste y ruin que no me reconozco; me posees para ti y por ello no soy más del mundo que me vio nacer, gracias a ti soy solo una sombra de lo que fui, solo un recuerdo de esos amigos que dejé, solo un olvido descuidado que no debió suceder, soy solo una mancha en algún mantel, y una cena que se enfría con el pasar de las horas, me mantienes tenebroso, alejado y difumado, tan distinto a lo que era cuando no te conocía, tan distante a las personas que me tenían antes de ti, no soy más lo que solía ser, no estoy más en donde solían encontrarme, no encuentro ya soluciones a tus problemas, no veo ya la luz al final del túnel, no sé ni de dónde vengo y mucho menos hacía donde voy; soy hoy lo que tú quieres que sea, solo un gorrión herido, solo un alcatraz marchitándose, solo un a espera agonizante, soy de ti y para ti, pero tú no me cuidas ni me procuras, pero tú no sabes ni cuánto valgo ni cuanto era sin ti…


“demasiado tarde”

Algún día me habré ido y entonces te preguntaras por qué razón jamás me permitiste hacerte feliz, sé que algún día se acabará mi paciencia, se terminaran nuestras tardes juntos, se morirán las esperanzas y los anhelos; entonces volaré hacia otros brazos, y otros labios me obsequiaran los besos que hoy tú me niegas, solo así sabrás lo infeliz que me hiciste al dejar pasar al tiempo en todos los días que como un ingenuo te perseguía y tu solo te burlabas de mi, solo así comenzarás a amarme de la misma forma en que yo te amo ahora, pero entonces, entonces te lo juro ya será demasiado tarde para ti y para mí.


“el último segundo de nuestra epifanía”

Basta de miedos, ya me basta de tener tanto rencor en mi alma y de no saber donde más guardarlo,  sé que soy culpable de todo lo nuestro, desde aquella tarde bajo la farola hasta el último segundo de nuestra epifanía; es solo culpa lo que corroe mis días y nada más que tan solo la esperanza de no volverte a ver, de saberte lejana, de saberte ajena, de saberte bien; de solo saberte pero no pensarte ni vivirte, de permanecer a raya de aquella tu vida, de aquellos mis días, de aquellos tus gestos, de todo lo que un día dejo de ser para ti y para mi…