-Memorias del Profe-

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“la última melodía”

Ven y escuchemos aquella canción una vez más, aun nos quedan unas cuantas horas, antes de que yo deba irme, antes de que tú te decidas a dejarme partir sin despedida, sin lágrimas, sin nada más que un sincero adiós calladito.

Podría ser una simple balada, o quizás prefieras aquel danzón o puede que sea el son. Sea lo que sea, si es a tu lado, se convertirá en un himno a tu memoría, que yo me vaya no significa que vaya a olvidarte, significa que tendré que vivirte en el recuerdo, significa que tendré que hacerme el loco para no morir, que yo voy a necesitarte para siempre y que esa última melodía será un bálsamo para mi corazón.

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“promete”

En esta tarde, nuestra despedida, no hacen falta más palabras, ambos sabemos que así debe ser, sólo, sólo quiero que me hagas una promesa, por favor, sólo eso y me iré sin decir adiós.

Sólo promete que no olvidarás mi sonrisa, aunque pase un largo tiempo sin que la veas, y promete que volveremos a tomarnos un café, y a platicar de la escuela y el trabajo, que seremos uno mismo como lo fuimos aquella primera vez. Yo por mi parte prometo no olvidarme de tus promesas.

Adiós, y perdón.


“para siempre”

Una tarde, y mi acostumbrada propuesta: “¿Qué te parece si tomamos un café? Paso por ti, en el mismo lugar, a la misma hora, con tu vestido azul y mi filipina palo de rosa”, una puerta que se abre, diez mil sueños que se cumplen.

Y te conté un par de mis amaneceres, en tus manos el sol parece un poco más opaco, es quizás que la luz de tus ojos le quita belleza, me contaste un poco de tu vida, nada que no supiera ya, pero oírlo de tu boca es un completo delirio.

El café es algo mágico en tu compañía, la tarde es demasiado efímera cuando estás tú, si al final no puedo despedirme, es porque quisiera que ésto durara para siempre.


“necesito…soledad”

Si te detienes por un momento podrías ver que hay detrás de mi mirada, podrías entender los por qué de mis gestos, y de mis acciones; si quisieras conocer más allá de mi nombre, quizás te interesarías por mis miedos y temores, por la debilidad de mi voz al mencionar ciertas palabras como soledad o despedida.

Y quizás, entenderías porque te trato como te trato, porque me alejo cada vez que puedo, porque no desisto de decirte que me dejes, porque no hay otra palabra en mi boca que no sea déjame, pero para comenzar, pregunta qué necesito, y pocas veces la respuesta será diferente, soledad…


“un adiós”

Hice de cuenta que jamás exististe, me imagine un mundo donde aquellas miradas jamás fueron reales, donde eras un producto de mi imaginación, y por un momento fui feliz; no te necesitaba para nada y encerrada en mi mente parecías inofensiva, sin embargo, he comprobado que es mucho peor el no tenerte ni siquiera cerca, el tenerte muy dentro de mi: es peor que no haberte conocido el que fueres un producto de mi mente, y por eso es que hoy te necesito a mi lado, para darme cuenta, de que eres real, de que no dependes de mi para ser feliz y que ya has elegido el camino a seguir.

Te necesito para una ultima despedida, para un hasta nunca, para que así al menos quede una herida que sanar y no solo tormentos que soportar.


“tú dulce alma”

Escribiré despacio, en realidad no tengo prisa por terminar esta última carta para ti.

Mi querida, hoy es el día de la despedida, de esa última tarde juntos, del último beso, de un último suspiro; no es que tú o yo deseemos no estar juntos no, es más bien que el mundo a veces tiene caminos distintos para dos mortales que se creen bien juntos; tal como nos sucede hoy a ti y a mí, me voy para nunca volver, me voy no porque desee irme ni porque tú me ruegues que desaparezca , me voy porque el camino es esta vez muy diferente a lo que ha sido los últimos años para ti y para mí.

Tu lugar está lejos de mí, tan lejos como no puedes imaginarlo hoy, tan lejos como jamás lo desee ni lo desearía, pero a pesar de esta nuestra despedida, de mi partida, siempre quedaran en nuestros adentros pedazos de una historia que jamás fue contada por nadie, ni por ti ni por mí, quedaran pedacitos de esa Luna de Octubre, esencia de azahar y un alcatraz mal tratado en tu ventana, a pesar de que ya no vayamos a estar juntos ni un solo día más, quedaran para ambos todo eso que vivimos un día a la orilla del mar, eso que pudiste crear con tus manos para mi vida, lo que yo pude entregarte con cada mirada y cada abrazo, quedan esos bellos tesoros en el baúl de mi corazón, y quedan para siempre en las memorias de tu dulce alma…

Adiós mi amada.


“despedida”

Querida: 

Solo deseo que ojala que haya donde vayas encuentres lo que yo jamás pude darte, ojala pudiera darte más que esta carta de mi puño y letra pero sé que cualquier cosa seria poco para agradecerte los días maravillosos que vivimos en nuestro país, no encuentro una forma más perfecta de decirte adiós que diciéndote hasta pronto. 

Sabes perfectamente lo pésimo que soy para las despedidas, por eso no deseo decirte que jamás me volverás a ver, prefiero mil veces seguirte diciendo que hare de cuenta que no te he perdido, y que podrás encontrarme en esas formas que tu siempre  le encuentras a las nubes, en aquella banca del parque, en la risa de los niños de la sexta avenida y en las olas que el mar seguirá entregándole a La Plata, siempre guarda en tu corazón mi número, por si algún día vuelves y no me ves, solo llama y con gusto iré por ti allá donde nadie más podrá encontrarte. 

Sé que quizás llores al recibir esta carta, sé que quizás no quieras guardarla pero sabes tú tan bien como yo, que mis palabras ya han sido llevadas antes a ti por el viento, que no hay necesidad de que intentes olvidarme, que siempre habrá algo que me haga presente en tu vida, solo guarda esta carta junto a las otras cosas que no deseas olvidar de esta parte de tu vida que desde mañana se llamará pasado, y que haya donde vayas seas inmensamente feliz. 

Hasta pronto mi amor.