-Memorias del Profe-

Entradas etiquetadas como “Espiritu Santo

“oración por las vocaciones”

Señor Dios, Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo nos dijo: “La mies es abundante, pero los obreros pocos. Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Animados por estas enseñanzas, te pedimos que envíes a tu Iglesia, numerosas y santas vocaciones para el sacerdocio, a la vida religiosa y al apostolado laical. Consérvales fieles en su ministerio hasta el fin; y concédeles, por tu Espíritu Santo, un gran amor a Dios y a los hermanos, para que en su ministerio y en su vida busquen solamente tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.


“ven Espíritu Santo”

Ven, Dios Espíritu Santo
envíanos desde el cielo
tu luz para iluminarnos
Ven ya Padre de los pobres
Luz que penetra en las almas
Dador de los dones

Fuente de todo consuelo
amable Huésped del alma
paz en las horas de duelo
Eres pausa en el trabajo
brisa en un clima de fuego
consuelo en medio del llanto

Ven luz santificadora
y entra hasta el fondo del alma
de los que te adoran
Sin tu inspiración divina
los hombres nada podemos
y el pecado nos domina

Lava nuestras inmundicias
fecunda nuestros desiertos
y cura nuestras heridas

Ven, Dios Espíritu Santo…

Doblega nuestra soberbia
calienta nuestra frialdad
y endereza nuestra senda
Concede a aquellos que ponen
en Ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones

Ven ya, Padre de los pobres…

Danos virtudes y méritos
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno
Ven, ven Espíritu Santo
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos
el fuego de tu amor…


“La fiesta de la Santísima Trinidad”

La devoción a la Santísima Trinidad se inició en el siglo X, y a partir de esta época se fue difundiendo también su fiesta litúrgica, entrando en el calendario romano en 1331. Si bien desde el comienzo del cristianismo la oración litúrgica se ha dirigido al Padre, por mediación del Hijo y en el Espíritu Santo, y el mismo Jesús habló de Dios como una comunión de amor y manifestó el misterio de las tres divinas personas, lo original de esta fiesta es honrar específicamente a Dios sin tener como motivo un acontecimiento salvífico, ni la memoria de un santo. Tal como dice la oración colecta, se trata de “profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa”.

A lo largo de tres ciclos de lecturas, las primeras (del AT) nos hablan de la revelación del Dios único de Israel; los Evangelios proclaman las palabras de Jesús en las que se refiere al Padre, se manifiesta a sí mismo como el Hijo igual a Él y anuncia el envío del Espíritu Santo. 

Por último, las lecturas apostólicas recogen la experiencia profunda de la filiación divina adoptiva, por la que los cristianos pueden conocer el amor del Padre, la gracia que manifiesta y comunica el Dios y hombre Jesucristo, y la comunión del Espíritu Santo, vínculo de unidad en la intimidad de Dios y en la comunidad eclesial. La antigua ley hispánica, en los siglos V al VII, enseñó magníficamente la fe trinitaria, sobre todo en los Concilios de Toledo, y de su liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que nuestro Dios es “uno solo, pero no solitario” (Concilio VI de Toledo, año 638), amor puro que sólo busca darse de forma creadora y llevarnos a participar de su unidad vital eterna. 


“Ven espiritu Santo”

Hoy tu espíritu Señor nos congrega en la unidad,  nos da fuerzas para andar renovados en tu amor. Santo espíritu de Dios, de la paz y de la luz, que nos das a conocer el misterio de Jesús, Ven al fin a saciar nuestra sed de paz.

Este mundo en su dolor clama ardiente de ansiedad, que tu espíritu de amor lo conduzca a la verdad. Ven al fin a reinar, cambia al mundo ya. Ni la carga de tu cruz nuestras fuerzas rendirá.

La alegría que Tú das nadie nos la ha de quitar. Ven al fin a gritar en mi voz: ¡Amén!