-Memorias del Profe-

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“en mi oración de la noche”

Ya te lo dije, pero lo volveré a repetir ¿Dónde has estado escondida la última vida?

Te necesitaba mucho antes de conocerte, te deseaba mucho antes de recordarte, y ahora doy gracias a Dios por tu presencia en mis días.

Doy gracias a Dios porque has venido a mí, sin esperarte, sin buscarte, sólo has llegado y te has convertido en el todo.

Lo prometo, hoy estarás nuevamente en mi oración de la noche.

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“gracias”

Suenas fuerte, en cada rincón del abismo que es mi alma; eres un rayo de luz ahí donde nadie más puedo reinar, eres esperanza ahí donde tantos y tantas se perdieron, quiero que lo sepas, déjame decirlo una vez más, suenas fuerte en mis adentros, no porque no vaya a haber nada más, sino porque después de ti, todo lo  demás jamás será igual.

Gracias por llegar a mi vida justo a tiempo.

Ciertamente es poco lo que puedo ofrecerte, mírame, apenas mis manos tienen fuerza para tomar a la vida que se viene, pero todo eso que puedo, por poco o insignificante que llegue a ser, lo deseo para ti, que sabes la justa medida de mi corazón, que supiste reinar y venir.


“gracias”

Gracias a ti, me convertí en un poeta que es feliz sin tener hogar, en un peregrino eterno, que va a la búsqueda de aquello que jamás conoció con todas sus energías. Gracias mujer, porque me hiciste hombre, porque tus besos me dieron fuerza y me hicieron continuar, gracias porque en mis sueños me hacías sentir que todo tenía sentido y todo iría bien.

Gracias porque abriste de par en par la nación de tu pecho, y me dejaste entras a cada espacio de tu vida, gracias porque no supe cómo ni cuándo ni en dónde, pero te hiciste parte fundamental de mis días.

Y gracias, porque me quieres con la misma intensidad que mi alma se entrega a ti.


“aquella primera vez”

Sinceramente no sé como noté aquella primera vez tu mirada sobre mi espalda, no sé cómo me decidí a mirarte a los ojos, y a rosar con mis labios tu cuello; en verdad no sé la forma en que te volviste lo más importante, y mírame, ya no me imagino mi vida sin ti; mírame soy sólo uno más de esos locos que van por la vida cantando viejas trovas de amor, soy sólo un pobre muchacho cuyo nombre decidiste recordar para siempre, y tú, sigues y seguirás siendo lo más importante para mí y vivo feliz desde que estas aquí, ya no le temo al futuro y le agradezco cada noche a Dios por ti, formas parte de eso que el mundo llama la alegría y eres así mismo todo lo que necesito en mi vida; no encuentro palabras para decirte lo mucho que me gusta estar contigo, ninguna de mis miradas es suficiente para darte las gracias por tanto amor…


“tú haces”

No busco amor, hoy busco simplemente a quien amar; no quiero hallar en la arena huellas perdidas, deseo poder acompañar las tuyas; no aspiro a encontrarme una joya a mitad de la Avenida, prefiero pulir una nueva de tu corazón con mis suaves manos; no ansío reencontrarme con viejos amores, deseo solo escribir un cuento sobre el perfume que emana tu piel, escribir nuestra historia en ti.

Puede parecer que digo demasiadas cosas, que no soy como el resto del mundo, que voy más de prisa que los demás, y la verdad es que tú haces que sea así, tú haces que mi sonrisa sea hoy lo que jamás había sido: tú haces que mi corazón se infle y que comience a volar, lograste desterrar de mis días el miedo a ser feliz, la tristeza del porvenir, la preocupación del qué dirán, abriste con tus ojos la ventana del verano y desalojaste al invierno de la melancolía donde vivía, y todo esto solo te lo debo a ti…


“el bien que ha venido por mi bien”

Tengo la frente pegada a la pared y no encuentro la forma en que te has metido tan profundo, ya son demasiadas noches pensándote y no sé qué es lo que quiere de ti mi destino, tan solo me sé tuyo y eso es lo que me hace rendirme a tus pies sin dudarlo ni un momento; alguien dijo una vez, “no hay mal que por bien no venga”, pero tú no has sido ningún mal en mi vida, y no entiendo como un bien como tú puede crear tantas cosas en alguien como yo; en un hombre que se entrego al egoísmo desde su primera juventud, en un niño que nunca ha terminado de madurar, en un fantasma que vive solo de recuerdos, en esto tú has creado la caridad y el amor, has vuelto a pintar el cielo de azul y mi alma de argento, pues tu eres el bien que ha venido por mi bien, y solo me queda agradecértelo de mil y una formas…