-Memorias del Profe-

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“volverán”

Y volver a pasar una noche en tus brazos, volverte a ver a los ojos como la primera vez, desear ser todo tuyo en todas las formas posibles, y es que tu imaginación nos da tantas posibilidades y es que mi disposición nos da tantos caminos.

La Verde Antequera será nuestro testigo nuevamente, volverán a nosotros aquellos días perdidos por sus calles, y nuevamente será un verano por la ciudad de los enamorados, nuevamente seré un joven acompañándote a la Iglesia de Santo Domingo, tras de ti, viendo tu espalda, viendo tu dulce cabello, iré por una calle antigua pensando, “gracias a Dios  porque llegaste a mi vida”.

Volverán a nosotros aquellas primeras emociones, el Jarabe Mixteco y también la Sandunga, volverán la nieve de limón y tus labios con sabor a miel, mis brazos dispuestos a abrazarte frente a todos, mi mirada diciendo cosas que nadie entiende, nadie más que la Verde Antequera, tu y yo.

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“nunca más”

Prometiste volver a aquella iglesia, lo prometiste y creí en tu palabra: me convenciste como a un pequeño, y vendado caí en tus manos, siempre pensé que sería maravilloso tenerte a mi lado, y tú presencia solo fue una herida en mi costado.

Daría lo que fuera por volver a aquellas noches en La Verde Antequera, pero ya no más, nunca más a tus mentiras, nunca más a tu hipocresía, nunca más a mirarte fijamente a los ojos con la esperanza de ver verdad en ellos. Nunca más, a la noche en Santo Domingo y a la madrugada acompañada de aroma de café.


“servicio”

Según mis recuerdos llevo ya poco menos que 7 años en el servicio en parroquia, tres hermosos años con el Padre Genaro que terminaron con su fallecimiento y casi cuatro años con el Padre Mario que vino a darle nueva vida a nuestra iglesia; primero en un grupo de jóvenes y posteriormente (a raíz de estudiar para maestro) como responsable del grupo de Servidores del Altar; desde el primer año de servicio recibí un obsequio muy especial que guardo con mucho cariño, una pequeña cruz de madera que fue traída desde Guatemala por el Padre Genaro, luego de eso poco a poco Dios comenzó a llevarme a conocer a personas maravillosas a través de su camino, y varias de esas personas en diversos momentos me obsequiaron otras cruces de muy diferentes estilos y significados, todas ellas motivos para alegrarme y como muestras de que el camino era el correcto.

Y aunque ciertamente cuando comencé hace casi siete años no esperaba ninguna recompensa material de mi decisión, agradezco que de una u otra forma mi labor no sea indiferente, aun cuando siempre siga la misma premisa en todas mis acciones; “actúa no para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se note”, debo agradecer profundamente a Dios porque mi presencia en el camino de los demás se ha notado de una u otra forma, y porque de esta forma estoy permanentemente convencido de no desistir, de siempre continuar y avanzar.