-Memorias del Profe-

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“el invierno en tu cuerpo”

Dices cosas bonitas con tu boquita, dices cosas que me llenan de ilusión y yo no sé si creerte o saber que mientes, tu cadera es una  carretera peligrosa, y no le temo al riesgo que corro en ella.

Y si me quieres, no me falles, vengo del cielo, vengo del vientre de una mujer de hierro, si me quieres no me mientas, que juntos nos espera el infierno; y yo te quiero, prometo no dejar que reine el invierno en tu cuerpo, prometo entregarme entero.

¿Qué más dudas?


“oasis”

El radio de transistor, y este cuarto es el mismo aunque no estás, sigue siendo lo mismo que fue en aquellas épocas en que nos encerrábamos del mundo, cuándo solía caminar descalzo sobre el frío mármol del suelo, cuando tu figura era lo más bello en mi mundo, que medio sólo la extensión de mi habitación.

Que no daría porque aquellos 16 años volvieran a ser, que no daría porque visitarás esta ciudad como un verano o un invierno más, como cuando te vi por primera vez frente a la Leona Vicario,  como cuando no quisiste entrar al cine conmigo para mejor caminar por las calles de este, que sin ti, es un desierto en dónde el único oasis es mi cuarto con su radio de transistor.


“algo suena”

Suena tu último beso en el espacio sideral de mis adentros, suenan tus reclamos de siempre, las eternas pláticas del pórtico, suenan hasta tus despedidas, y sueno yo al verte partir, mis lágrimas tienen un sonido muy particular, mis lágrimas ya no ruedan más en silencio, el mutis de tu vida partió en dos el de la mía, desde ahora y para siempre algo habrá en mí de sonar; puede que sea tu primer “te quiero”, puede que sea la clara noche que acompaña a mis despreocupados sueños, puede que sean las primaveras que crecieron sin tus violetas o los inviernos que aparecieron sin avisar y sin dejar crecer mi alcatraces, puede que sea simplemente yo llorando tu huída, pero sólo sé que ese sonido habrá de alcanzarte, allá a dónde vayas tú…


“tus violetas”

Mejor sería que te fueras sin despedirte, que te olvidarás de mí, que nunca le contarás a nadie acerca de mí; mejor fuese si jamás te hubiese conocido, si en mis días significarás apenas menos que nada, que en ninguna vida te hubiera entregado yo mi amor.

Mejor sería no estar esperando por ese momento que quizás no llegue, mejor sería decirle a la vida que ya nos cansamos de recorrer sus caminos, mejor sería creer ciegamente como niños que Dios sabe lo que hace, y que sí él quiere, tú volverás a mí, pero no tú sabes bien, que hoy y siempre, yo no quiero tus inviernos si no se dan mis alcatraces, que no quiero mis primaveras, si no crecen tus violetas…

tus violetas...


“lo cubramos de pañoletas azules”

Tú y yo encerrados en una jaula de cristal, dos aves que se escaparon a todos los cazadores excepto a aquel que llevaba por nombre pasión, dos aves que se besan cada mañana al salir el sol, y que cantan a la soledad de los ayeres eternos, quisiera estar a tu lado, pero no aquí, quisiera que tuvieras la misma libertad con la que naciste, que me vieras sonreír sin necesidad de tener que fingir, que supieras que esa corona que llevas la construí ayer con los pedazos de mi alma que tu lograste rescatar, quisiera encontrar la combinación del candado que guarda la puerta a la vereda de tu corazón, que volvamos a aquel árbol en otro otoño, que lo cubramos de pañoletas azules para que nadie se entere que el invierno ha hecho su hogar en él al dejarlo totalmente desnudo, para que nadie pueda vernos amándonos entre sus hojas…


“una noche como cualquier otra”

Fue una noche como cualquier otra,  la Luna colgada en el manto celeste y tu mirada clavada en mi mente, justo entonces yo te necesitaba como necesita la primavera a los campos floreados,  como necesita al invierno el viento del norte, como se necesitan mutuamente la playa y el mar para ser lo que son, como se necesita aquello que da la vida, aquello que no se puede encontrar en ningún otro lugar, y justo entonces te vi, caminando por aquel parque central, como quien divaga buscando compañía para alejar la soledad,  justo entonces reconocí tu mirada de algunos sueños vividos en el pasado y supe que serías tú la que viniendo a mi libraría mi vida de toda la melancolía en donde, hasta aquella noche como cualquiera otra, me había visto obligado a vivir….


“en un suspiro”

Fue imposible no notarte entre tanta gente, no existe nadie como tú, tan perfectamente tú; que en esos jeans te veías tan espectacular, con tu pelo suelto y tus ojos claros como el cristal  de un lago durante una mañana de invierno; fue inevitable voltear la mirada cuando por accidente me viste por primera vez y fue inevitable sentir que mi alma se me escapaba en un suspiro que voló directo a ti, y te hizo parte de mis días por el resto de mi vida; si supieras que me muero por volverte a encontrar, si te dieras por enterada que ya casi no respiro desde aquel día, todo por miedo a que lo poco que queda de mi alma se escurra por mis labios y se lance al mundo a tu búsqueda sin llevarme a mi detrás de ella.