-Memorias del Profe-

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“peco”

Me arrepiento de haber dejado que entraras a mi cabeza, me arrepiento de haber caído en tu tentación, de ser uno más de los que te siguen sin consciencia, sin remordimiento. Mírame, tan fácil para ti.

Y el peor de mis pecados es no poder decirte que no; aunque me niegues, el licor de tus labios; aunque no quieras escuchar, las palabras que suelta mi boca. Peco porque quiero hacerlo, y en mi delirio lo único que me ocurre decir es cuánto te necesito, cuánta falta me haces mujer, ahora que estás sin estar, ahora que permanezco soñándote y despierto deseándote.


“esta noche será la noche”

Mi corazón explota cada vez que dices mi nombre, hay una reacción sobrenatural en mí, mueves todo mi mundo, y lo vuelves parte del caos que habita en tus ojos, pero en tu caos encuentro mi paz, en tu silencio encuentro las palabras correctas.

No dudes que jamás había aprendido cómo amar, más contigo eso y mucho más logré aprender, he logrado saberme afortunado, y ya no pasará esta noche sin que sepas todo lo que logras en mí, tu sonrisa genera universos paralelos de los cuales somos soberanos perpetuos, tus labios hacen que las peores tempestades parezcan un juego de niños en una charca, y tu cadera, tu cadera hace que cualquier condena eterna se poca cosa.

Me has seducido completo, y ya no soy yo el que vive en mí, es sólo la necesidad de ti, la que me impulsa, la que me empuja, me alienta, la que hace que el día sea más corto por desear pasar una noche más en tus brazos, ésta noche será la noche.


“me confieses”

Si lo debo confesar no tengo problema alguna en hacerlo, sábelo bien: no tengo nada en mente, sólo esta necesidad insensata de ti, sólo estos labios que se muerden por un beso tuyo, y sólo soy eso, un fantasma cuya vida pasó desapercibida, un naufrago que nunca salió del todo del mar, y un poco de lo que tu dejaste detrás de ti.

Soy aquello que ya no quisiste recordar, y un dulce que nunca te agrado, una bebida embriagante cuyo sabor jamás olvidaste, no tengo nada en mis planes, sólo que de un buen día llegues a necesitarme en la justa medida en la que yo te necesito a ti, sólo que te sepas amada a la buena.

Y si es posible, que un día me confieses tu amor con el mismo valor que hoy lo hago yo.


“que…”

Que se me gasten los labios en sólo darte besos, que se me acaben los días mirándote a los ojos y que no haya nada más en mi vida que la fuerza con que dices mi nombre; que se acaben las tinieblas y que los ángeles vengan a verme a través de tu compañía. Que se vayan lejos todos los miedos y que me digas cuánto me necesitas, que se apague la luna y se olvide a los mejores poetas, que todo valga nada, y que nada lo sea todo; quiero que contigo todo sea posible, y que conmigo te atrevas a intentar lo imposible.


“una promesa”

Creí en tus palabras, te entregue mi entera confianza y a cambio tú no me diste más que penas y dolores, siempre dijiste con tus labios lo que tu corazón jamás sintió ni percibió; y yo siempre caí a tus pies, siempre me vi a tu lado feliz; y mírame, por creerte tus promesas hoy no soy más que una sombra de lo que fui, y ya que una promesa no debe olvidarse, y tú dejaste atrás las promesas de primavera, dejaste este sueño, y cambiaste todo lo que era tan bonito, lo hiciste sólo un doloroso recuerdo,  yo llevo desde entonces una promesa en el pecho desde entonces; una medalla que me recuerda día con día lo mucho que debo desconfiar de los demás.


“aquel andador”

Creo que pudimos alcanzar a la luna si hubiéramos comenzado más temprano; en realidad nadie sabe qué fue lo que paso entre tú y yo aquella noche en que nos revestimos de cristal, fueron tus labios tan dulces y certeros que atravesaron mi alma, dejándole una enorme herida por donde desde entonces se me escapan los suspiros para ir en tu búsqueda…

Ese día prometí que te acompañaría a donde quiera que fueras, ¿recuerdas como miraste la primera vez?, yo si lo tengo presente, yo si sabría decirte el momento exacto cuando entraste a mi vida, y como aquel andador fue el primero de nuestros testigos…

Y aunque hoy tu certeza es solo una despedida anunciada, puedo asegurarte que volveremos a encontrarnos cuando tú lo decidas, que yo estaré aquí una o dos eternidades para poder volver a verte llegar…


“tú: alegría y esperanza”

Esperanza, es el nombre de lo que hiciste en mi corazón; anhelo, es la primera de las victorias que tú me hiciste vivir.  Y es que siendo tan diferente no me pude resistir, lo único que quiero hoy es ganar mil victorias más a tu lado, dejarme seducir por el encanto eterno de tus ojos, y probar cada mañana el dulce sabor de tus labios, lo único que quiero hoy es abrir el camino que se cierne sobre nosotros y no dejar escapar ni un segundo de alegría, guardar en mi corazón el primer suspiro que me obsequiaste y permitirte ser tu quien decida lo que vendrá.

Alegría, es el nombre de lo que de mi corazón emana cada vez que te tengo cerca; felicidad, no es más ya el objetivo sino el camino mismo. Porque son tus palabras tan dulces y el invierno tan efímero, que no tardarán en florecer en el campo las margaritas de tu compañía, no tardaran demasiado en irse las miradas subjetivas, los callados intentos de un alma que se obstina en que tú no eres la primera, cuando realmente has sido para siempre la única.