-Memorias del Profe-

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“tiempo”

Y mientras tanto, seguimos aquí: esperando a que lleguen mejores tiempos, retrasando todo lo que podríamos disfrutar, aguardando por esa oportunidad que sabemos merecemos, y sin embargo, tu rostro ya no es tan frágil como antaño, mis manos ya no tienen tanta fuerza como un día la tuvieron.

Mientras que el tiempo pasa veloz, sin espera, sin piedad, sin paciencia, tu y yo, seguimos soñando.


“recuérdame”

No sabes cuánto me has lastimado, pero prefiero que sigas sin saberlo: recuérdame como era contigo, siempre sonriente, siempre feliz, recuérdame por favor, nunca me olvides, no dejes que el tiempo borre mi sonrisa; ni mis besos, ni mis manos, ni mi mirada sobre tus ojos. Recuérdame y déjame vivir en tu memoria. Mi amor.


“pido”

Tiene un tiempo que vengo pensándote demasiado, creo que los días y las noches no me son suficientes.

Pido que me alcancen las horas para pensarte todo lo que quiero pensarte, ruego al cielo por otra señal como la de aquella farola, que me diga que la anterior no fue una casualidad, sólo quiero que te sientas segura en mis brazos, solo quiero que te sepas amada con completa locura, sólo quiero que abras el camino a un destino que nunca se equivoca.

Quiero que me sepas completamente tuyo, desde que me acuesto hasta que me despierto, desde que me despierto hasta que comienzo a soñar, soy más tuyo cada vez que me ves a los ojos, soy tan tuyo, que estoy en tu pelo, en tus dientes, en tus manos, estoy en tu cadera fuerte, en cada uno de tus poros, en todo tu cuerpo estoy por ser tan tuyo como lo es el alma que Dios te obsequió.


“un libro, un alcatraz y una oración por ti”

Sufrí de un vomito inspiracional, y con él logré acabar aquellas cartas que jamás conocerás, logré pintarte desnuda con mis palabras: que bello cuadro el que haces en la sala de mi mente, y es tan vivo que logro apreciar ese temblor que tiene tu cuerpo cada vez que tomo tu cadera, esas manos que siempre me jalan hacía ti, y la mirada que elevas al cielo cada vez que las cosas se te salen de control, tu divina figura; adoro como el viento juega con tu pelo.

La epifanía vino después de la taza de café: un libro, un alcatraz y una oración por ti, es todo lo que hoy tengo para dar, y todo por esta terquedad de buscarte en mi vida , y todo porque me sé completamente tuyo, contigo cada día es un mar de palabras y poemas.


“quisiera”

Quisiera poder saber que me quieren decir tus ojos, que existe detrás de tu mirada; que hay dentro de tu alma, saberte completamente en mi posesión, conocer cada rincón de tu vida, y saberme de memoria cada uno de tus gestos, que cuando nos vean por la calle, sepan que mi corazón es tan tuyo como mío es el tuyo, quisiera que entonces no tuvieras miedo de tomar mi mano, que tu mano no se quedase sólo en mi espalda; quisiera que en una noche cualquiera te decidieras a hacerme compañía, a dejar que las estrellas caigan del cielo a tu cuerpo, a permitirme amarte como seguramente nadie jamás ha sabido hacerlo.

Quisiera que entendieras lo que mis ojos te gritan, que supieras que detrás de mis miradas sólo existe una eterna necesidad de ti y que mi alma lo único que está ausente es tu recuerdo, que no haya necesidad de dar escusas para negar lo que ya ambos sabemos, que conozcan a la perfección cada momento de esto que todos llaman vida, que mis gestos fuesen parte de tu corazón, que al vernos por la calle, todos guardasen silencio pues les bastaría con ver cómo te sonrío, y que tu mano y la mía fuesen eternamente una; que en ésta noche vinieras a mí, tal como un día te fuiste, a dejar que el sol aparezca por la ventana a la media noche, a permitir que en una epifanía muera todo el pasado.