-Memorias del Profe-

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“indefenso”

¡Qué indefenso me tienes! Mírame, soy una sombra de lo que fui, me has hecho humilde hasta el extremo de no saberme de nadie más que tuyo, me has hecho un poco menos de lo que fui, la justa medida de tu mirada diciéndome que soy lo que tú necesitas, la justa medida de tus labios recorriendo mi espalda y mis brazos, la justa medida de un abrazo que se hizo fuego en mis adentros.

Pero no te equivoques, si me tienes indefenso, no es porque tú lo hayas querido así, más bien se debe a que yo lo acepté.

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“aquella primera vez”

Sinceramente no sé como noté aquella primera vez tu mirada sobre mi espalda, no sé cómo me decidí a mirarte a los ojos, y a rosar con mis labios tu cuello; en verdad no sé la forma en que te volviste lo más importante, y mírame, ya no me imagino mi vida sin ti; mírame soy sólo uno más de esos locos que van por la vida cantando viejas trovas de amor, soy sólo un pobre muchacho cuyo nombre decidiste recordar para siempre, y tú, sigues y seguirás siendo lo más importante para mí y vivo feliz desde que estas aquí, ya no le temo al futuro y le agradezco cada noche a Dios por ti, formas parte de eso que el mundo llama la alegría y eres así mismo todo lo que necesito en mi vida; no encuentro palabras para decirte lo mucho que me gusta estar contigo, ninguna de mis miradas es suficiente para darte las gracias por tanto amor…


“me importa”

Morderte los labios,  cuanto quiero hacerlo. Volverte a ver, y esta vez decirte que me encantas, que nunca creí en el amor a primera vista hasta que te vi, decirte esta vez que me encantó que tocaras mi espalda y me sonrieras como si nos conociéramos desde siempre.

Quizás tu alma y la mía han tenido aventuras en el pasado, quizás en otra vida, pero solo quizás; ahora me importa más esta vida, ésta oportunidad de encontrarnos, esa mirada sincera que me regalaste, ese mensaje que recibí cuando te fuiste, esa forma tan propia en la que dijiste mi nombre la primera vez, me importa más saberte mío, y saberme tuya, que no veas en mi a la muchacha que todos ven, sino a una mujer que está dispuesta a ir detrás de ti, allá a donde quieras tu ir.

Esta vez decirte, que no hace falta nada más para comenzarnos a amar, nada más que tus ojos y los míos jurando en silencio que seguirán mirándose profundamente como quizás ya lo hicieron en el pasado.


“sigues”

Me pregunto si quizás hoy piensas en mí, si acaso mi nombre aparece por tu mente, o si ya solo un fantasma de tu pasado, si llevas en tu pulso ese decario que un día te di o si ya lo has olvidado sobre tu buro.

Deberías saber que cada vez que voy por la calle me encuentro por tu recuerdo en cualquier lugar, deberías saber que no respiro por estar esperando a que me devuelvas una de mis llamadas; deberías saber que nunca jamás podré superarte, que desde esa única noche te clavaste en mi terco corazón, que llevo tus brazos tatuados en mi espalda y el olor de tu pelo entre mis dedos.

Eso lo deberías saber ya, pero tú jamás sabes nada de mí, continuas con tu vida como si aquella vigilia jamás hubiera existido, como si la playa no nos hubiera acompañado, como si las palomas jamás hubieran viajado desde lejos, como si el cielo no se hubiese teñido de rojo sobre los dos, sigues con lo que dices es tú vida mientras yo, continúo preguntándome a diario por ti…