-Memorias del Profe-

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“te extraño”

Extraño los días contigo, sinceramente no encuentro en mi vida un poco de orden; desde que no estás, no sé si vivo o es tu recuerdo el que vive en mí, no sé si muero o es tu último beso el que me roba la vida aún hoy.

Extraño aquella tarde en la playa, el primer beso, las palomas del parque central, extraño el café de la tarde, amanecer tendidos en el suelo, extraño el sabor de tu cuello, la forma en que decías mi nombre, y extrañándote es como existo, ya no vivo, no vivo sin ti, soy poco menos que una sombra, poco menos que un recuerdo borroso, poco menos que una maldición en tu historia.

Te extraño.

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“de la inspiración”

Escribí tu nombre en cielo, fue el mejor de los regalos para ti. Firmé con mi nombre en tu espalda, y esa fue la escalera que me llevó al paraíso. En tus brazos encuentro algo que no he hallado en ningún otro lugar, en tus labios el sabor de la gloria y en tus ojos, en tus ojos encontré el secreto de la inmortalidad.

Puedo decirte mil cosas, todas ellas nacen de la inspiración que tú provocas en mí.


“esta noche será la noche”

Mi corazón explota cada vez que dices mi nombre, hay una reacción sobrenatural en mí, mueves todo mi mundo, y lo vuelves parte del caos que habita en tus ojos, pero en tu caos encuentro mi paz, en tu silencio encuentro las palabras correctas.

No dudes que jamás había aprendido cómo amar, más contigo eso y mucho más logré aprender, he logrado saberme afortunado, y ya no pasará esta noche sin que sepas todo lo que logras en mí, tu sonrisa genera universos paralelos de los cuales somos soberanos perpetuos, tus labios hacen que las peores tempestades parezcan un juego de niños en una charca, y tu cadera, tu cadera hace que cualquier condena eterna se poca cosa.

Me has seducido completo, y ya no soy yo el que vive en mí, es sólo la necesidad de ti, la que me impulsa, la que me empuja, me alienta, la que hace que el día sea más corto por desear pasar una noche más en tus brazos, ésta noche será la noche.


“tengo ganas”

Tengo unas ganas de salir corriendo, ir a dónde quiera que estés, encontrarte con mi nombre en tus labios, y decirte que el pasado es un embrujo mal hecho, demostrarte que soy tuyo como nunca lo fui de alguien más.

Y tengo unas ganas de verme en tus ojos, encontrar ahí un refugio perfecto contra el mundo; encontrar ahí el tiempo necesario para amarte con locura y ternura. Ser lo que quieras que sea, y dejar que te conviertas en lo que siempre he deseado.

Tengo ganas de ti, de morder tu espalda, de saborear tus labios, de encontrarte sin ropa en medio de la madrugada, y de envolverme en tus brazos para nunca salir de ahí.


“tu ruiseñor”

Gracias a ti la sonrisa no me abandona, y es que resulta muy sencillo ser feliz cuando estoy contigo. Si te doy mi paz y tranquilidad es sólo porque tú me has dado nueva vida, y no tengo con qué pagar tan gran regalo.

Dame tu mirada, y acompáñame nuevamente a tomar un café por la tarde,  ya amo el aroma de tabaco que despide tu ropa, y ya amo la forma en que dices mi nombre, la fuerza con que vibro en tu voz.

Y ser tu ruiseñor por una eternidad o dos, que al fin de cuentas, sea de día o sea de noche, siempre sabré estar para ti, y siempre podrás venir a mí.


“mi segundo nombre”

Oigo tu dulce voz en la noche de la ciudad, te encuentro como la primera vez: te encuentro aquí, allá, también en mi corazón y te hallo en cada fibra de la piel de las mujeres que me rodean, y siento que por ti se me va  la vida, siento que sin ti, no soy nada más de aquello que logré ser, sólo una fotografía gastada en la pared de una casa abandonada, sólo soy un recuerdo que nadie quiso conservar, ¿Qué más da que me dé entero a ti? Si ni siquiera quieres volver a mi tu rostro;  si ni siquiera te atreves a mencionar mi segundo nombre.

Atzin, tú, tú puedes decirme simplemente así, no importa que nadie más sepa cómo me llamo, y no interesa que sólo tu entiendas la palabra que sale de tus labios.

Oigo tu dulce voz en mi corazón, y fuera de mí, nadie más la logra escuchar.


“necesito…soledad”

Si te detienes por un momento podrías ver que hay detrás de mi mirada, podrías entender los por qué de mis gestos, y de mis acciones; si quisieras conocer más allá de mi nombre, quizás te interesarías por mis miedos y temores, por la debilidad de mi voz al mencionar ciertas palabras como soledad o despedida.

Y quizás, entenderías porque te trato como te trato, porque me alejo cada vez que puedo, porque no desisto de decirte que me dejes, porque no hay otra palabra en mi boca que no sea déjame, pero para comenzar, pregunta qué necesito, y pocas veces la respuesta será diferente, soledad…