-Memorias del Profe-

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“no podremos”

Un buen día iré corriendo a buscarte, en aquella casa de la que dijiste “será nuestra”, y al encontrarte, sin importar cuánto me tome hacerlo, me dedicaré a besar cada lunar de tu cuerpo hasta el final de los tiempos, a decir que eres lo más precioso en mi vida, que estoy profundamente agradecido con Dios por haberte traído como luz en medio de tinieblas, de las tinieblas de mi vida.

Porque me sé tuyo completo, no sé dónde estuviste éstos 22 años, pero ahora que te he encontrado, difícilmente dejaré que desaparezcas tan fácilmente, porque quiero hacer de lo nuestro una historia que se cuente de generación en generación como un ejemplo de amor, y que para siempre, como todo el mundo, tú recuerdes cómo es que esa tarde la vida me llevó a ti, como me viste subiendo aquellas escaleras, como sonreíste sin darte cuenta al volverme a ver, por fin, al vernos nuevamente por primera vez.

No podrán jamás olvidarse de nosotros, no podré jamás borrarte de mi historia, no podrás jamás abandonar la seguridad de mis brazos, no podremos dejar de ser esto.


“gracias”

Suenas fuerte, en cada rincón del abismo que es mi alma; eres un rayo de luz ahí donde nadie más puedo reinar, eres esperanza ahí donde tantos y tantas se perdieron, quiero que lo sepas, déjame decirlo una vez más, suenas fuerte en mis adentros, no porque no vaya a haber nada más, sino porque después de ti, todo lo  demás jamás será igual.

Gracias por llegar a mi vida justo a tiempo.

Ciertamente es poco lo que puedo ofrecerte, mírame, apenas mis manos tienen fuerza para tomar a la vida que se viene, pero todo eso que puedo, por poco o insignificante que llegue a ser, lo deseo para ti, que sabes la justa medida de mi corazón, que supiste reinar y venir.


“prefiero”

No voy a armar otro de esos tangos a los que tengo tan acostumbrado; ésta vez no será así, he llegado al límite de lo que podía soportar, y ahora, no me quedan más lágrimas para derramar, no quedan más reclamos para hacerte, ni tampoco más peleas para comenzar, ahora habrá de ser a mi manera, a mi eterna manera de hacer las cosas.

Prefiero que sea así, sin sollozos ni llantos tontos,  prefiero mil veces sonreír recordante como en aquellas buenas épocas, prefiero conservar tus fotos y cada una de las cosas que me obsequiaste, prefiero tener un recuerdo tuyo en mi vida, porque es mejor vivir atada a tu presencia que permitir que tu continúes haciendo destrozos en mi vida.

 Aléjate de una buena vez, déjame en paz; no sirvo para las historias de amor, déjame por favor, no intentes explicar las cosas, no quieras solucionar todo, has de cuenta que cierto día amaneciste con la noticia de mi muerte, y yo creeré que el Hacedor te ha llamado a su presencia, eso será sin duda mucho mejor.


“adorarte”

No entiendo a la vida, jamás he sido capaz de comprenderla del todo; pero si de algo estoy seguro, eso es que debo agradecerle que te haya traído aquí, cuando en esa noche desierta apareciste debajo de aquella farola, cuando no había por mis rumbos más nada que soledad y tristezas, debo agradecerle que hayas llegado no demasiado pronto y tampoco lo hayas hecho tarde, sino sólo justo a tiempo.

Jamás he sido capaz de entender que es lo que la vida quiere de mí, no he podido descubrir que es lo que el destino prepara para mí, y siempre ha sido mi máxima pena pensar que quizás no haya ni un solo motivo para mi existencia, pero si hay algo que tengo claro, eso es que en mi vida, el único camino desde ahora, será sólo adorarte…


“quiero”

Llegaste cierto día, sinceramente no recuerdo muy bien como fue, sólo sé que ahora agradezco a la vida que haya sido así; conforme te conocí, encontré en ti todo lo que jamás creí posible, pude mostrarte mis más profundos secretos sin miedo a temer algo, y pude decirte cuánto sentía cada vez que te tenía cerca. Esto no es mérito mío, claro que no, fuiste tú quien me mostró como amar, los pequeños detalles hicieron la diferencia, esas noches de pláticas interminables, esas sonrisas que jamás fueron robadas, la manera en que sostenías mi mano cuando te saludaba y los gritos que tus ojos me decían cuando debías por fin despedirte.

Todo ha hecho que estemos aquí, hoy frente a un altar, frente a un futuro que sé será inolvidable, y hoy quiero tener una sonrisa que sea indomable por ti, quiero tener sueños para obsequiarte, y quiero tenerte a ti,  para sólo vivir haciéndote feliz.


“pero nunca jamás”

Podrán venir mil veranos, y llegar a nuestra puerta cientos de noches claras, podrán pasar las horas en el viejo reloj de mi espalda, y podré cambiar de nombre, origen y virtud; pero jamás, nunca jamás, me olvidaré de quererte y desearte siempre lo mejor del mundo.

Podré usar quizás un par de máscaras para los demás y mostrarles la falsedad de mi indomable sonrisa, podré pedirle a Dios que te lleve lejos de mí, que te olvides de mis palabras, de mi mano tocando tu espalda baja; pero jamás, nunca jamás, podré desear siquiera que yo llegué a olvidarte siquiera un día de mi vida.

Y podrás sonreírle con más intensidad que a mí, podrás entregarle el amor que jamás me diste, y decirle despacito cuánto la quieres, podrás viajar cientos de kilómetros por verle, como nunca lo hiciste conmigo; pero jamás, nunca jamás, hallaras en ella todo lo que yo te di, todo lo que nunca sabrás que me robaste.


“tanto en tan poco”

Tiene  tanto tiempo, desde la primer vez que nos cruzamos por los pasillos de aquella antigua escuela; tiene tanto tiempo, desde que en una tarde de confesiones me dijiste que yo era lo único que nunca habías conseguido, que poco a poco y de una forma inexplicable entraste en mi vida, en mi mundo, en mis adentros, tiene tanto tiempo que me parece tan irreal que hoy siga queriéndote como la primera vez, que todo emocionado te dije te amo, después de aquella fugaz carrera por la playa, con las gaviotas y las nubes como testigos.

Tenemos tanto en común, y son tantas las cosas que nos diferencias que a ciencia cierta no sé por cuales te amo más que a mis días, y más a mis noches, más que al silencio y mucho más que al bullicio de mi ciudad. Tanto es tan poco en ti, que lo poco que el mundo ve en ti, se convierte en todo en mí.