-Memorias del Profe-

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“necesito…soledad”

Si te detienes por un momento podrías ver que hay detrás de mi mirada, podrías entender los por qué de mis gestos, y de mis acciones; si quisieras conocer más allá de mi nombre, quizás te interesarías por mis miedos y temores, por la debilidad de mi voz al mencionar ciertas palabras como soledad o despedida.

Y quizás, entenderías porque te trato como te trato, porque me alejo cada vez que puedo, porque no desisto de decirte que me dejes, porque no hay otra palabra en mi boca que no sea déjame, pero para comenzar, pregunta qué necesito, y pocas veces la respuesta será diferente, soledad…


“que…”

Que se me gasten los labios en sólo darte besos, que se me acaben los días mirándote a los ojos y que no haya nada más en mi vida que la fuerza con que dices mi nombre; que se acaben las tinieblas y que los ángeles vengan a verme a través de tu compañía. Que se vayan lejos todos los miedos y que me digas cuánto me necesitas, que se apague la luna y se olvide a los mejores poetas, que todo valga nada, y que nada lo sea todo; quiero que contigo todo sea posible, y que conmigo te atrevas a intentar lo imposible.


“quisiera”

Quisiera poder saber que me quieren decir tus ojos, que existe detrás de tu mirada; que hay dentro de tu alma, saberte completamente en mi posesión, conocer cada rincón de tu vida, y saberme de memoria cada uno de tus gestos, que cuando nos vean por la calle, sepan que mi corazón es tan tuyo como mío es el tuyo, quisiera que entonces no tuvieras miedo de tomar mi mano, que tu mano no se quedase sólo en mi espalda; quisiera que en una noche cualquiera te decidieras a hacerme compañía, a dejar que las estrellas caigan del cielo a tu cuerpo, a permitirme amarte como seguramente nadie jamás ha sabido hacerlo.

Quisiera que entendieras lo que mis ojos te gritan, que supieras que detrás de mis miradas sólo existe una eterna necesidad de ti y que mi alma lo único que está ausente es tu recuerdo, que no haya necesidad de dar escusas para negar lo que ya ambos sabemos, que conozcan a la perfección cada momento de esto que todos llaman vida, que mis gestos fuesen parte de tu corazón, que al vernos por la calle, todos guardasen silencio pues les bastaría con ver cómo te sonrío, y que tu mano y la mía fuesen eternamente una; que en ésta noche vinieras a mí, tal como un día te fuiste, a dejar que el sol aparezca por la ventana a la media noche, a permitir que en una epifanía muera todo el pasado.