-Memorias del Profe-

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“por ellos, y por mí”

Soy un caminante eterno, lo que dejaste tras de ti, ay mujer: no sabes cuánto bien hiciste en mi vida, y aunque, ahora ya no estás tan presente, impregnado de ti voy abriendo este camino.

Y me acompañan, en esta aventura, el último suspiro que logré robarte, me siguen de cerca los misterios de tus ojos, y la forma curiosa que tenías de besar; me acompañan como misioneros eternos, que van al mismo rumbo al que voy yo, claro, soy yo quien abre el camino, y son ellos quienes disfrutan del paisaje.

Soy yo, quien vive sin ti, y son ellos quienes me dicen que estás mejor sin nosotros, que somos sólo una carga que quedó olvidada en algún vagón de aquel tren madrileño, y por ellos, y por mí, le doy gracias a el Hacedor, por haberme permitido conocerte y por haber hecho que ahora seas tan feliz.


“decídete a perdonar”

Autor: Juan Rafael Pacheco.

En nuestra relación con las personas, -todos esos que llamamos “el prójimo”-, el amor siempre tiene que ir por delante, mucho antes que cualquier conducta del otro o de cualquier circunstancia de su persona. El amor es el punto de partida.

A ese “otro”, de entrada se le quiere, se le valora, se está dispuesto a ayudarle, a fomentar su bien.

Este enfoque tan a ras de tierra nos lo brinda el Padre Luis de Moya, quien afirma que, “más que ‘dar’, el amor es ‘comprender’. Por eso, si tienes el deber de juzgar, busca una excusa para tu prójimo, que las hay siempre. Y antes que nada, rezar: Rezar por quienes nos parece que no actúan como debieran.”

 Comenta Mons. Jesús Sanz Montes que “el amor que calcula, el que pide condiciones, ése no le interesa a Jesús. Acaso pensamos que no tenemos grandes enemigos, y es muy posible que así sea. Pero la enemistad que Jesús nos invita a superar con amistad, y el rencor que Él nos urge a superar con amor, pueden estar muy cerca, tal vez demasiado cerca.

El amor que Jesús nos propone es el que debemos adoptar como parte de nuestra forma de ser y que sea gesto cotidiano, permanente. Porque los amigos o enemigos a los que indistintamente debemos amar se pueden encontrar cerca o lejos, en nuestro hogar o en el vecino, puede ser un familiar o un compañero, frecuentar nuestras sendas o sorprendernos en caminos infrecuentes. Todo esto da lo mismo. No hay distinción que valga para dispensarnos de lo único importante, de lo más distintivo y de lo que nos diferencia de los paganos: el amor. En esto nos reconocerán como sus discípulos.”

Como discípulos, todos estamos llamados a ser santos. Cuando oímos esto nos cuestionamos si se estarán refiriendo a nosotros. Y descartamos la idea considerando que se refieren a los sacerdotes y obispos, las monjas y los religiosos. Quizás también a algunos laicos muy comprometidos en sus quehaceres evangelizadores. Sin embargo, afirma Fray Fernando Torres Pérez que “la santidad del cristiano no consiste en hacer muchas penitencias ni mortificaciones. Tampoco estriba en dedicar la vida a la oración y a la meditación. Ser santos es amar y amar hasta el extremo. Es amar a los enemigos. Es renunciar a lo que podría ser justo según este mundo para optar por la fraternidad, por la hermandad a cualquier precio. Hasta el precio de pagar con la propia vida. Exactamente igual que hizo Jesús. Porque ser cristiano no es más que seguir el camino del Maestro.”

¡De por Dios! ¡En qué idioma tendrán que decírnoslo! ¡El rencor no tiene cabida en el corazón de un seguidor de Cristo! Y no es cuestión de decir: “Yo no lo odio, ni le tengo rencor, sino que no me siento preparado para perdonarlo…” ¡NO! ¡Que eso no está en ningún sitio del Evangelio!

Decídete a perdonar, decídete a amar. El perdón, como el amor, no es un sentimiento, es una decisión. Hazlo, y hazlo ya.

Es Jesús quien te lo pide.


“fin de vacaciones”

Las vacaciones de semana santa concluyen el día de hoy, y la verdad es que hablar de ellas es algo muy agradable; este receso primaveral fue sumamente especial debido a que tuve la oportunidad de conocer a personas maravillosas y de reencontrarme con viejos amigos, todo ello en el marco de las fiestas litúrgicas de ésta época tan bonita.

Por cuarto año consecutivo tuvimos la oportunidad de recibir la visita de misioneros en Parroquia, y al igual que en años anteriores me correspondió apoyarlos al cumplir su misión en las diferentes comunidades de mi Parroquia, son grandes las enseñanzas que ellos me han dejado y aún más las que he podido ver con un poco de distancia ahora que ellos han vuelto a sus lugares de origen, creo que la más grande de ellas es hacerme consciente de que Dios no se equivoca y que nos envía justo a donde somos necesitados, y que es nuestra responsabilidad responderle con todas nuestras energías, esa respuesta viva que repercute en los demás, es la aspiración más grande que dejan en mi los días santos que ya han pasado.

Además, durante esta última semana tuve la oportunidad de poder encontrarme de nueva cuenta con antiguas amistades que no se ven afectadas por el paso del tiempo, sonrisas y alegrías fueron constancia en estos últimos días del receso primaveral, de la misma forma debí preparar las cuestiones relacionadas con mi muy próxima práctica docente que iniciará el día de mañana con el retorno a clases en mi escuela primaria.

En lo general fueron unas vacaciones excelentes y estoy profundamente agradecido con Dios que me permitió vivirlas de la mejor forma posible para mi, ahora con el comienzo de las clases y la cotidianidad vuelven a encender las esperanzas de ese mejor futuro que lucho por construir día con día.

¡Feliz regreso a clases!