-Memorias del Profe-

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“recuérdame”

No sabes cuánto me has lastimado, pero prefiero que sigas sin saberlo: recuérdame como era contigo, siempre sonriente, siempre feliz, recuérdame por favor, nunca me olvides, no dejes que el tiempo borre mi sonrisa; ni mis besos, ni mis manos, ni mi mirada sobre tus ojos. Recuérdame y déjame vivir en tu memoria. Mi amor.

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“promete”

En esta tarde, nuestra despedida, no hacen falta más palabras, ambos sabemos que así debe ser, sólo, sólo quiero que me hagas una promesa, por favor, sólo eso y me iré sin decir adiós.

Sólo promete que no olvidarás mi sonrisa, aunque pase un largo tiempo sin que la veas, y promete que volveremos a tomarnos un café, y a platicar de la escuela y el trabajo, que seremos uno mismo como lo fuimos aquella primera vez. Yo por mi parte prometo no olvidarme de tus promesas.

Adiós, y perdón.


“esa última promesa”

Derramo lagrimas llenas de sal, y suspiro con tu recuerdo en mi corazón, me siento solo, tan solo desde aquel día que me dejaste a la orilla del olvido, tan solo desde que me prometiste jamás volver a prometerme amor, y aunque sé que lo que me duele eres tú, jamás habrá nada que me acerque tanto de ti como lo hizo tu último abrazo y jamás habrá algo que me alejé tanto de ti como lo hizo esa última promesa.

Hoy las farolas se vuelven a encender con el primer acercamiento de la noche, y con ellas se enciende en mi corazón una nueva esperanza, quizás esta sea la noche en que por fin nos encontremos a la vuelta de la esquina en este mi sueño, quizás esta sea la noche cuando tú me digas “puedes ya olvidar aquella tonta promesa”, quizás podamos encontrar un nuevo camino para andar en esta misma ciudad, y esta vez por fin no habrán más lagrimas de sal ni suspiros perdidos.

 


“tu decisión”

Es claro que no puedo olvidarte, pero tengo el resto de mis días para seguir intentándolo; ciertamente extraño todo aquello que te hacía especial en mi mundo, extraño las mañanas de abril y a su sonriente sol despuntando el horizonte, extraño tus besos de silencio y tus palabras llenas de energía, extraño aquellas tardes frente a Santo Domingo, extraño tu cámara fotográfica y tu vestido azul, extraño el reflejo de ti que se extinguió en mis ojos, extraño el alcatraz que te obsequie en nuestra primera cita y aquella dulce espera del último momento.

Es tan claro como un lago de la montaña que no debo intentar dejarte partir, que podría morir si intento respirar sin ti, que dejaría cien mil veces de existir antes que decidirme a perderte para siempre, pero esta vez no elijo yo; es solo tu decisión la que me obliga a intentar seguir sin ti por el resto de mis vida…