-Memorias del Profe-

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“recuérdame”

No sabes cuánto me has lastimado, pero prefiero que sigas sin saberlo: recuérdame como era contigo, siempre sonriente, siempre feliz, recuérdame por favor, nunca me olvides, no dejes que el tiempo borre mi sonrisa; ni mis besos, ni mis manos, ni mi mirada sobre tus ojos. Recuérdame y déjame vivir en tu memoria. Mi amor.

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“tengo ganas”

Tengo unas ganas de salir corriendo, ir a dónde quiera que estés, encontrarte con mi nombre en tus labios, y decirte que el pasado es un embrujo mal hecho, demostrarte que soy tuyo como nunca lo fui de alguien más.

Y tengo unas ganas de verme en tus ojos, encontrar ahí un refugio perfecto contra el mundo; encontrar ahí el tiempo necesario para amarte con locura y ternura. Ser lo que quieras que sea, y dejar que te conviertas en lo que siempre he deseado.

Tengo ganas de ti, de morder tu espalda, de saborear tus labios, de encontrarte sin ropa en medio de la madrugada, y de envolverme en tus brazos para nunca salir de ahí.


“si me voy”

Serás de las cosas que más extrañaré, tu boca dulce, tu mirada sincera, eres todo lo que siempre he deseado, todo lo que siempre le pedí al Hacedor, quiero que me hagas tuyo en la inmortalidad que hoy invade mi cuerpo, quiero que me sepas más allá de esta frontera carnal.

Y si mañana, definitivamente me voy, habrás sido tú el último de los pensamientos de mi mente, y su hoy la sombra cubre mis ojos, quiero que sepas que tu siempre fuiste la luz que habitó en ellos, y si pronto o quizás no tan prontito, me hago la nada, quiero que recuerdes, que has sido, eres y serás, todo para mí.

Te amo mujer.


“quisiera”

Quisiera poder saber que me quieren decir tus ojos, que existe detrás de tu mirada; que hay dentro de tu alma, saberte completamente en mi posesión, conocer cada rincón de tu vida, y saberme de memoria cada uno de tus gestos, que cuando nos vean por la calle, sepan que mi corazón es tan tuyo como mío es el tuyo, quisiera que entonces no tuvieras miedo de tomar mi mano, que tu mano no se quedase sólo en mi espalda; quisiera que en una noche cualquiera te decidieras a hacerme compañía, a dejar que las estrellas caigan del cielo a tu cuerpo, a permitirme amarte como seguramente nadie jamás ha sabido hacerlo.

Quisiera que entendieras lo que mis ojos te gritan, que supieras que detrás de mis miradas sólo existe una eterna necesidad de ti y que mi alma lo único que está ausente es tu recuerdo, que no haya necesidad de dar escusas para negar lo que ya ambos sabemos, que conozcan a la perfección cada momento de esto que todos llaman vida, que mis gestos fuesen parte de tu corazón, que al vernos por la calle, todos guardasen silencio pues les bastaría con ver cómo te sonrío, y que tu mano y la mía fuesen eternamente una; que en ésta noche vinieras a mí, tal como un día te fuiste, a dejar que el sol aparezca por la ventana a la media noche, a permitir que en una epifanía muera todo el pasado.


“nostalgia”

Una noche más; otra que llegas como siempre, tan puntual: vienes y te vas, no sin antes dejar un montón de recuerdos tirados por mi cama, no sin antes hacerme revivir con pena todo aquello que creí haber olvidado entre el primero y el quinto café pero, pero puede que por fortuna ésta sea la noche en que me decida a no dejarte correr, que vaya tras de ti, como un día fui detrás de aquella mujer; y puede que me encuentre a la muerte vestida de blanco, tocando nuevamente a la puerta, puede que me vea a los ojos y se decida por fin a darme ese abrazo que me prometió el día que la conocí, puede que por fortuna también ya no haya ninguna noche más, que cuando vuelvas tan puntual como lo eres, te encuentres ahora tú en completa soledad, acompañada de una bella dama con un sencillo vestido blanco que al verte te prometa un abrazo eterno, tal como me lo prometió a mí…


“mejor”

Vuelves justo ahora, que no necesito nada de ti, que por fin soy libre y que cumplo uno de mis sueños, justo ahora que puedo seguir sin ti; ¿Por qué? No entiendo tu necesidad de atormentarme en éste momento, vienes con tu encanto, con todo lo que posees y siempre has tenido, con la sublime manera de mirarme a los ojos, con esa fuerza al decir mi nombre, vuelves para tomar tu lugar, para volver a ser quien eras en mi vida: una reina, que jamás ha sabido nada de éste mortal que la ama como a su vida misma, vuelves una vez más, y al verte llegar no puedo más que sentir una inmensa alegría, por volverte a tener en mi vida.

Pero justo ahora, no necesito nada más de ti, mejor hubiera sido, jamás reencontrarte, jamás haber leído aquel mensaje, jamás volver a sonreír por tu presencia en ésta maldita ciudad; mejor hubiera sido, que yo hubiera podido olvidarte de verdad….


“cuánta falta me haces”

No pusimos nada en su lugar, aquella tarde siempre fue el primero de los mejores momentos de mi vida, tú siempre fuiste lo único que realmente tuve, y yo, siempre fui una cuenta perdida para ti.

Cuántas veces no necesite de unos brazos que me dieran calor y amor, cuántas veces no quise decirle a Dios que me liberará de todo esto; pero no, él sabía justamente porque lo hacía todo; él sabía perfectamente que si yo sufría en aquellos momentos sólo era para necesitarte mucho más de lo que ya te necesitaba, sin saberlo siquiera.

Justo por eso cuando viniste a mí, no hizo falta más que verte a los ojos,  para desearte por el resto de mis días, y claro que ahora si sé cuánta falta me haces.