-Memorias del Profe-

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“peco”

Me arrepiento de haber dejado que entraras a mi cabeza, me arrepiento de haber caído en tu tentación, de ser uno más de los que te siguen sin consciencia, sin remordimiento. Mírame, tan fácil para ti.

Y el peor de mis pecados es no poder decirte que no; aunque me niegues, el licor de tus labios; aunque no quieras escuchar, las palabras que suelta mi boca. Peco porque quiero hacerlo, y en mi delirio lo único que me ocurre decir es cuánto te necesito, cuánta falta me haces mujer, ahora que estás sin estar, ahora que permanezco soñándote y despierto deseándote.


“promete”

En esta tarde, nuestra despedida, no hacen falta más palabras, ambos sabemos que así debe ser, sólo, sólo quiero que me hagas una promesa, por favor, sólo eso y me iré sin decir adiós.

Sólo promete que no olvidarás mi sonrisa, aunque pase un largo tiempo sin que la veas, y promete que volveremos a tomarnos un café, y a platicar de la escuela y el trabajo, que seremos uno mismo como lo fuimos aquella primera vez. Yo por mi parte prometo no olvidarme de tus promesas.

Adiós, y perdón.


“perdí”

Contigo perdí mucho más que sólo una tarde conociendo aquella Verde Antequera, contigo perdí los miedos y las cárceles del pasado, me perdí en tus ojos, es cierto, me perdí para jamás recuperarme, me perdí para poderte encontrar en mi vida, ven a mí, toma mi mano, mira como palpita mi corazón de emoción con sólo tenerte cerca, mira como mis palabras no se hilan bien con mis ideas, es el resultado de tu bendita presencia, me perdí en ti, para poderme hallar en un mundo que nunca supo de mi más que mi primer nombre.

Contigo perdí más que sólo un par de horas; perdí la poca fortaleza que me quedaba, perdí mis ansías eternas de esperarte, y ya me decidí a no dejar que pase el tiempo, cuando podría estarme dedicando a sólo hacerte feliz, mi bien amor, mi bondad encarnada, mi destierro sutil, un cristal que refleja sólo lo que quiero ver, me he perdido en ti, pero es mucho, mucho más lo que he ganado.


“un libro, un alcatraz y una oración por ti”

Sufrí de un vomito inspiracional, y con él logré acabar aquellas cartas que jamás conocerás, logré pintarte desnuda con mis palabras: que bello cuadro el que haces en la sala de mi mente, y es tan vivo que logro apreciar ese temblor que tiene tu cuerpo cada vez que tomo tu cadera, esas manos que siempre me jalan hacía ti, y la mirada que elevas al cielo cada vez que las cosas se te salen de control, tu divina figura; adoro como el viento juega con tu pelo.

La epifanía vino después de la taza de café: un libro, un alcatraz y una oración por ti, es todo lo que hoy tengo para dar, y todo por esta terquedad de buscarte en mi vida , y todo porque me sé completamente tuyo, contigo cada día es un mar de palabras y poemas.


“sólo espero”

Me dijo: “te quiero”, y me sentí el hombre más feliz sobre la faz del mundo, un peregrino itinerante mi corazón había por fin encontrado su patria en aquel precioso ser y me sabía afortunado porque esa patria abría sus brazos de par en par para recibirme.

Y así me dijo: “te necesito”, un dulce susurro que se clavó en mi alma, sus ojos un par de estrellas perdidas que por fin habían encontrado su lugar en mi mirada, y ella sabía que no iban a haber más noches sin estrellas, no más tormentas en el horizonte.

Pero hoy, sólo espero que esas palabras se repitan como en aquellas ocasiones, que un día la necesidad de vernos sea tan grande que no se conforme con una llamada telefónica, que nos veamos al día siguiente, en la misma esquina, en aquel mismo parque, bajo ese mismo árbol que solía ver como dos adolescentes de enamoraban mutuamente, con mucho más que un “te quiero” y un “te necesito”.


“tu silueta”

Detrás de tu silueta, encuentro un par de razones para jamás olvidarte; un millón de palabras que quiero obsequiarte, y aún así, hoy me miras desde lejos, hoy ignoras mis versos y mis gestos, ya no hay tiempo dices sin cesar, y yo a cambio te ofrezco mi corazón una vez más.

Todo es en vano cuando te vas, todo es falso cuando no estás, y mírame, aquí, en ésta misma ciudad, en éste mismo lugar, en esta misma calle sin un lucero que me alumbre al pasar; mírame casi muerto, casi extinto, casi olvidado, casi sin ser yo mismo; mírame porque al menos así podre entender que aún te importo, no me ignores más, pues aun cuando me des la espalda, yo siempre te ofreceré mi corazón…


“tanto amor”

A la mitad de la noche, aparece por la ventana tu recuerdo, sólo me queda recibirlo como si fueses tú, sólo me permite una única palabra de bienvenida y entre sus brazos entrego la poca pasión que sobrevivió a la ruptura que nos separó, entre sus brazos se van la paciencia y el esmero de los momentos que ya no volverán.

Entre la horas del reloj, se van perdiendo los días y los susurros, las palabras que decíamos al mismo tiempo, las miradas de las que el mundo jamás se percataba, se van perdiendo de la misma forma en que yo te perdí, se van dejando tras de sí estelas de completa soledad.

Tanta soledad, y tú tan lejos, tanto desamor y tú con tanta alegría, tanto martirio y tú con esa sonrisa eterna, tantas noches y sólo me queda tu recuerdo entrando por la ventana…