-Memorias del Profe-

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“volverán”

Y volver a pasar una noche en tus brazos, volverte a ver a los ojos como la primera vez, desear ser todo tuyo en todas las formas posibles, y es que tu imaginación nos da tantas posibilidades y es que mi disposición nos da tantos caminos.

La Verde Antequera será nuestro testigo nuevamente, volverán a nosotros aquellos días perdidos por sus calles, y nuevamente será un verano por la ciudad de los enamorados, nuevamente seré un joven acompañándote a la Iglesia de Santo Domingo, tras de ti, viendo tu espalda, viendo tu dulce cabello, iré por una calle antigua pensando, “gracias a Dios  porque llegaste a mi vida”.

Volverán a nosotros aquellas primeras emociones, el Jarabe Mixteco y también la Sandunga, volverán la nieve de limón y tus labios con sabor a miel, mis brazos dispuestos a abrazarte frente a todos, mi mirada diciendo cosas que nadie entiende, nadie más que la Verde Antequera, tu y yo.


“tu eterno enamorado del café de la tarde”

Como cada tarde, te espero frente a Santo Domingo con un ramo de alcatraces en la mano izquierda y una caja de besos en la derecha; y espero paciente a que llegues con tu gorro azul y tu bolso al hombro, sonriendo como cada vez, y fingiendo que no te gustan mis regalos pero tomándolos con todo el amor que el mundo nos permite; un café frio en la terraza del italian coffee y una plática como ninguna otra, los motivos que me  mueven a esperarte todas las tardes del jueves aquí,  cuando el mundo se me detiene y me permite mirarte el alma, cuando tu mundo te permite encontrarte con tu eterno enamorado del café de la tarde, y cuando por unas horas podemos ser al fin felices.


“frente a St. Domingo”

Un cielo que estaba de buen humor, con nubes rechonchas como esperando ser fotografiadas, tú llegando retasada pero con tu cámara fotográfica y dispuesta a postergar para siempre imágenes de nuestros momentos juntos, yo esperando como siempre en el segundo piso del italian coffee enfrente de St. Domingo,  y al verte desde lejos sentí a mi corazón dar un gran salto dentro de mi pecho, pague la cuenta y baje a esperarte sobre el andador.

Y es que, siendo sinceros, desde siempre me había gustado hacerte pensar que las esperas eran efímeras, pero casi siempre me habían sido eternas y solía acompañarlas con un buen café frio, pero nada de eso importaba ya, estar junto a ti era todo lo que esperaba, y aun cuando llegases con 15 minutos o con una hora de retraso yo siempre sabría comprender tus atrabancadas palabras de explicación. Vamos ya, que el tiempo se mueve y no espera, a recorrer juntos aquella hermosa iglesia que desde que nos conocimos ha significado tanto para ti y para mi, a ir descubriendo por sus pasillos los secretos que guarden nuestros corazones, a imaginar que algún día nos casaremos frente a su altar, prometiéndonos amor eterno como muchos otros pero como nadie más lo ha hecho jamás.