-Memorias del Profe-

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“Los 10 mandamientos del Acólito”

1.- Es puntual en todos los actos: reuniones y celebraciones litúrgicas.

2.- Se presenta siempre aseado, tanto en la propia persona como en el vestido y en el calzado. Un acólito se lava las manos antes de la celebración, no se presenta al altar despeinado ni sucio.

3.- Es amable y cortés con todos.

4.- Guarda orden riguroso respecto a los objetos del culto.

5.- Observa silencio en el templo. Evita risas y bromas en lugares y momentos de silencio.

6.- Mantiene limpia su alba y la guarda ordenadamente.

7.- No descuida la oración diaria, la Misa Dominical, la Comunión frecuente y el sacramento de la Reconciliación.

8.- Hace bien su trabajo, con atención, concentración y devoción: no curiosea en el templo ni mira hacia los lados; es prudente y cuidadoso con los utensilios; no hace ruido innecesario con vinajeras u otros objetos y está siempre atento a lo que necesita el sacerdote que preside la Eucaristía.

9.- Estudia y conoce la liturgia de la iglesia: sus signos, ritos y significado. Y así se da cuenta de dónde y cuándo lo necesitan.

10.- Es humilde y sobrio y evita toda forma de ostentación.

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“¡Viva Cristo Rey!”

El día de hoy se celebro la fiesta de Cristo Rey en Parroquia, con tres misas solemnes en las cuales  participó todo el equipo de los servidores del Altar;  y como ya es tradición aprovechamos esta solemnidad para tomarnos una fotografía de recuerdo con nuestro párroco, el Pbro. Mario Medrano Urzúa; les comparto ésta imagen, en la cual aparece el equipo completo de los niños a los cuales atiendo y de los cuales soy responsable.

 Sólo me queda decir, ¡Viva Cristo Rey!


“servicio”

Según mis recuerdos llevo ya poco menos que 7 años en el servicio en parroquia, tres hermosos años con el Padre Genaro que terminaron con su fallecimiento y casi cuatro años con el Padre Mario que vino a darle nueva vida a nuestra iglesia; primero en un grupo de jóvenes y posteriormente (a raíz de estudiar para maestro) como responsable del grupo de Servidores del Altar; desde el primer año de servicio recibí un obsequio muy especial que guardo con mucho cariño, una pequeña cruz de madera que fue traída desde Guatemala por el Padre Genaro, luego de eso poco a poco Dios comenzó a llevarme a conocer a personas maravillosas a través de su camino, y varias de esas personas en diversos momentos me obsequiaron otras cruces de muy diferentes estilos y significados, todas ellas motivos para alegrarme y como muestras de que el camino era el correcto.

Y aunque ciertamente cuando comencé hace casi siete años no esperaba ninguna recompensa material de mi decisión, agradezco que de una u otra forma mi labor no sea indiferente, aun cuando siempre siga la misma premisa en todas mis acciones; “actúa no para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se note”, debo agradecer profundamente a Dios porque mi presencia en el camino de los demás se ha notado de una u otra forma, y porque de esta forma estoy permanentemente convencido de no desistir, de siempre continuar y avanzar.