-Memorias del Profe-

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“necesito…soledad”

Si te detienes por un momento podrías ver que hay detrás de mi mirada, podrías entender los por qué de mis gestos, y de mis acciones; si quisieras conocer más allá de mi nombre, quizás te interesarías por mis miedos y temores, por la debilidad de mi voz al mencionar ciertas palabras como soledad o despedida.

Y quizás, entenderías porque te trato como te trato, porque me alejo cada vez que puedo, porque no desisto de decirte que me dejes, porque no hay otra palabra en mi boca que no sea déjame, pero para comenzar, pregunta qué necesito, y pocas veces la respuesta será diferente, soledad…

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“soliloquio del 28 (II)”

Jamás he sido de las personas que gustan tener demasiadas amistades, supongo que esa decisión determina la forma en que trato a quienes me rodean, no puedo decir que no se amable, pero pocas veces decido confiar completamente en los demás y  recuerdo como una frase personal “siempre hay que desconfiar de los otros”. No se trata de vivir la soledad eternamente, sólo se trata de poner un poco de espacio entre las personas con quienes si hay que tener cuidado, y entre quienes logran superar esa primera barrera.

¿Qué puede hacer quien apenas y conoce mi segundo nombre?, nada hay que las personas puedan hacer más que decidir acompañarme y aceptarme con esos defectos tan notables de los cuales no hay necesidad de hacer mención, a cambio, puedo ofrecer la paciencia que se oculta tras de una sonrisa indomable, la compañía necesaria, la ayuda desinteresada y la necesidad de no quedarme solo.


“adorarte”

No entiendo a la vida, jamás he sido capaz de comprenderla del todo; pero si de algo estoy seguro, eso es que debo agradecerle que te haya traído aquí, cuando en esa noche desierta apareciste debajo de aquella farola, cuando no había por mis rumbos más nada que soledad y tristezas, debo agradecerle que hayas llegado no demasiado pronto y tampoco lo hayas hecho tarde, sino sólo justo a tiempo.

Jamás he sido capaz de entender que es lo que la vida quiere de mí, no he podido descubrir que es lo que el destino prepara para mí, y siempre ha sido mi máxima pena pensar que quizás no haya ni un solo motivo para mi existencia, pero si hay algo que tengo claro, eso es que en mi vida, el único camino desde ahora, será sólo adorarte…


“oración de un desgraciado”

Alguien me dijo un día: en la vida de un desgraciado….como tú… hasta el más pequeño halo de luz merece ser llamado milagro, ¡cuánta razón tenía cuando decidió irse!, cuánto había hecho por mí, y ciertamente sufrí de melancolía, justo se fue cuando yo más necesitaba de algo a que aferrarme, vivía del masoquismo que su recuerdo me provocaba, hasta que tú llegaste a mi vida, y masoquismo dejó de significar lo mismo desde que te conocí; vaya que tienes facilidad para hacer todas las cosas nuevas, vaya que tienes poder para poder curar heridas añejas, vaya que puedes conocer el corazón del hombre: mírame hoy aquí, tal como hace unos cuantos años, en soledad, en nostalgia, quizás aún con un poco de melancolía en la sangre, pero ahora, ahora al menos te tengo a ti mi gran amor; ahora al menos ya no hay miedo, ya no hay más dolor, puede que los recuerdos sigan ahí,  asechando en la oscura noche de mi vida, pero al menos ahora tengo un halo de luz que llamar milagro, al menos ahora, te tengo a ti. Gracias amigo. “así sea”


“acompañarme”

Podrían decirte miles de cosas de mí: que soy un egoísta, que prefiero la soledad y el desvelo a una noche en buena compañía, que digo miles de mentiras y que mis sonrisas son tan falsas como la más barata de las máscaras, podrían decirte que he tenido mil amores pero que ninguno ha sido de verdad, que suelo caminar jorobado y que me da pereza estar acompañado, podrían decirte todas mis verdades; pero todo eso en nada se compara a lo que estoy dispuesto a enseñarte de mí.

Ven, atrévete a probar; quizás podrías sorprenderte, quiero que conozcas muy bien mi nombre, quiero que te sepas de memoria mis anécdotas, y conocerte tal como tú a mí, que tengas en tu cuerpo una antología de mis caricias, un recuerdo que no se borré jamás, aun cuando conociendo mi verdad quizás decidas partir, puedo asegurarte que nada ni nadie me cambiará, pero siempre podrás decidir acompañarme.


“más culpable resulto ser yo”

Culpable es ella de que sonría así, de que hoy vuelva a cantar, y que probablemente mañana vaya corriendo a besarla otra vez; de que no me haya bastado aquella primera noche bajo una luna naciente, que me este ahogando en necesidad de tenerla nuevamente entre mis brazos.

Pero si de culpas hablamos, más culpable es mi alma, de no saberse a gusto en soledad, de siempre haberla buscado en todas partes, es más culpable mi mente que la dibujaba tiernamente en el crisol, que me llevaba a experimentar su amor sin siquiera conocerla , y mucho más culpable resulto ser yo, al haberme perdido tantos años de ella.


“tanto”

Es tanto y tan poco; el reloj de mi espalda que sin querer arreglaste, la mirada tierna que me regalaste la primera vez, es el sol que me visita si me miras tú, es aquel café que jamás se oxidó, eres tanto y es tan poco lo que yo puedo darte; sólo unos cuantos suspiros, solo un poco de mi amor, solamente el resto de mis días, solamente puedo ofrecerte lo mejor de mí.

Tanto lo que has hecho en mí, despediste para siempre de mi vida a la soledad, le quitaste cetro y corona, y te has impuesto el papel central en mi historia.