-Memorias del Profe-

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“recuérdame”

No sabes cuánto me has lastimado, pero prefiero que sigas sin saberlo: recuérdame como era contigo, siempre sonriente, siempre feliz, recuérdame por favor, nunca me olvides, no dejes que el tiempo borre mi sonrisa; ni mis besos, ni mis manos, ni mi mirada sobre tus ojos. Recuérdame y déjame vivir en tu memoria. Mi amor.

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“Reglas de la vida”


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“¿ya sonreíste?”


“sonrisa”

Sufrir siempre será una opción, una que decidí no tomar el día que te fuiste: entonces me dije que era el momento más adecuado para intentar ser algo más, para no detenerme en tus palabras, para no congelarme en tus recuerdos, para superar la pena del pasado.

Y si hoy me ves, te aseguro que no lograrás reconocerme, mi sonrisa es un faro brillante, mis ojos hablan de la paz que tanto he trabajado, mis pies se notan un poco más cansados pero muy satisfechos, y mis labios, ya no dicen siempre las mismas palabras, te he superado, me he dejado llevar de la mano por la vida, y ella me ha traído a donde siempre quise estar.

Si me hablas, te saludaré con una sonrisa diferente a la que tú me provocabas, y no habrá ni un solo reproche, te lo aseguro.

¿Cómo has estado tú?


“promete”

En esta tarde, nuestra despedida, no hacen falta más palabras, ambos sabemos que así debe ser, sólo, sólo quiero que me hagas una promesa, por favor, sólo eso y me iré sin decir adiós.

Sólo promete que no olvidarás mi sonrisa, aunque pase un largo tiempo sin que la veas, y promete que volveremos a tomarnos un café, y a platicar de la escuela y el trabajo, que seremos uno mismo como lo fuimos aquella primera vez. Yo por mi parte prometo no olvidarme de tus promesas.

Adiós, y perdón.


“tu ruiseñor”

Gracias a ti la sonrisa no me abandona, y es que resulta muy sencillo ser feliz cuando estoy contigo. Si te doy mi paz y tranquilidad es sólo porque tú me has dado nueva vida, y no tengo con qué pagar tan gran regalo.

Dame tu mirada, y acompáñame nuevamente a tomar un café por la tarde,  ya amo el aroma de tabaco que despide tu ropa, y ya amo la forma en que dices mi nombre, la fuerza con que vibro en tu voz.

Y ser tu ruiseñor por una eternidad o dos, que al fin de cuentas, sea de día o sea de noche, siempre sabré estar para ti, y siempre podrás venir a mí.


“soy más que tu vida entera”

¿Qué más te da ya? Si soy solo un error, un desacierto, un pequeño defecto; pero soy más que eso: soy el dolor de tu frente y la forma en que sonríes con falsedad, qué más te da que te extrañe y te quiera, si nunca supiste en realidad cuánto significaste. Soy poco más que el café que sobro en esa última taza de la madrugada, un libro hermoso que nadie toma por ser de segunda mano, un poema que nadie se atreve a dedicarte por ser un poco grosero, soy la manera excesiva en que comes, y la fortuna de que todo salga como lo deseas, soy dolor en tus piernas después de correr para no extrañarme tanto, soy el aroma que acompaña a tus atardeceres en brazos ajenos, soy la mirada oculta por la rendija de aquella puerta, y soy todo eso porque tú no quisiste que yo fuera sólo una cosa: tu vida entera…