-Memorias del Profe-

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“indefenso”

¡Qué indefenso me tienes! Mírame, soy una sombra de lo que fui, me has hecho humilde hasta el extremo de no saberme de nadie más que tuyo, me has hecho un poco menos de lo que fui, la justa medida de tu mirada diciéndome que soy lo que tú necesitas, la justa medida de tus labios recorriendo mi espalda y mis brazos, la justa medida de un abrazo que se hizo fuego en mis adentros.

Pero no te equivoques, si me tienes indefenso, no es porque tú lo hayas querido así, más bien se debe a que yo lo acepté.


“oración del Si”

¿Qué serían de mis días si no te hubiera encontrado? Creo yo que no habría podido ver la luz del sol de frente, siento que gracias a ti puedo ahora continuar, y que es necesario que te agradezca, a ti que no conociendo ni principio ni fin, quisiste fijarte en mí: a ti que me hiciste partícipe de lo que es más perfecto, tu tiempo.

No hay más razones que este inmenso amor, que esta respuesta que es total y completa, no más razones que todo lo que me has dado sin siquiera pedírtelo, no hay más pretextos ni uno más; porque soy tuyo desde antes de nacer y lo seré hasta que vuelva a ti.


“pido”

Tiene un tiempo que vengo pensándote demasiado, creo que los días y las noches no me son suficientes.

Pido que me alcancen las horas para pensarte todo lo que quiero pensarte, ruego al cielo por otra señal como la de aquella farola, que me diga que la anterior no fue una casualidad, sólo quiero que te sientas segura en mis brazos, solo quiero que te sepas amada con completa locura, sólo quiero que abras el camino a un destino que nunca se equivoca.

Quiero que me sepas completamente tuyo, desde que me acuesto hasta que me despierto, desde que me despierto hasta que comienzo a soñar, soy más tuyo cada vez que me ves a los ojos, soy tan tuyo, que estoy en tu pelo, en tus dientes, en tus manos, estoy en tu cadera fuerte, en cada uno de tus poros, en todo tu cuerpo estoy por ser tan tuyo como lo es el alma que Dios te obsequió.


“vete ya”

Si te vas, que sea de una buena vez, me he cansado de esperar tus besos, de ser adicto de tus muchos defectos, estoy harto de estar dispuesto a todo por ti, de darte mi tiempo sólo en la medida que tu juzgas pertinente, de darte mi corazón a manos llenas a cambio de la poca atención que eres capaz de darme.

Me he cansado ya de buscarte y no encontrarte, de tenerte por mía mientras eres más que ajena, de necesitarte para respirar mientras tu suspiras su aroma por cada uno de tus poros, si te vas, que sea de una buena vez, porque yo no estaré aquí por demasiado tiempo, quizás hasta mañana, quizás no haya para mí un nunca, pero vete ya…