-Memorias del Profe-

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“aquella primera vez”

Sinceramente no sé como noté aquella primera vez tu mirada sobre mi espalda, no sé cómo me decidí a mirarte a los ojos, y a rosar con mis labios tu cuello; en verdad no sé la forma en que te volviste lo más importante, y mírame, ya no me imagino mi vida sin ti; mírame soy sólo uno más de esos locos que van por la vida cantando viejas trovas de amor, soy sólo un pobre muchacho cuyo nombre decidiste recordar para siempre, y tú, sigues y seguirás siendo lo más importante para mí y vivo feliz desde que estas aquí, ya no le temo al futuro y le agradezco cada noche a Dios por ti, formas parte de eso que el mundo llama la alegría y eres así mismo todo lo que necesito en mi vida; no encuentro palabras para decirte lo mucho que me gusta estar contigo, ninguna de mis miradas es suficiente para darte las gracias por tanto amor…


“aqui”

Como es que no pude evitarlo, esa mañana estabas en aquel restaurant; y al verte no pude evitar el sentirme transportado en el tiempo, me llevaste a otros siglos, me elevaste, me hiciste sentir lo que es el amor, y me diste una oportunidad.

Y mírame hoy, viéndote aun puedo viajar, ya no a aquel pasado maravilloso, solo viajo a aquel instante, y doy gracias a la vida por no haber podido evitarlo; porque por ti conocí lo que es amar; por ti me encuentro hoy en este mismo restaurant, soñando en todo lo que gracias a ti ya fue…


“último suspiro”

Un último suspiro, tus ojos mirando el horizonte y mi mente volando hacia dónde hoy estas; mírame ahora, tan triste y vacía, tan falsa y distante, mi sonrisa es sólo ya un pedazo roto de cristal y mis ilusiones se tiñen de rojo junto con éste atardecer que me toma a la deriva de eso que pudo ser.

Tus suaves dedos, que tocaban mi cara, y tus labios que un día pobre; tu ausencia que me mata y me disipa, y mi necesidad de ti, que sólo te aleja más y más.

¿Dónde éstas desde aquel último suspiro?


“antorchas encendidas en mi piel”

Hoy sé que el sol no dura 24 horas en el cielo, pero esto que siento dura más allá de su tiempo y el del resto del mundo; sé ahora que no debí haberme despedido tan rápido, que debí haber escuchado aquello que tenías que decirme, la verdad la vida no es la misma sin ti, sin tu olor húmedo y reciente en mi cama, sin tus caricias que eran como antorchas encendidas en mi piel, sin tu y yo ardiendo sin luz en la misma recamará que vio también aquellas noches en que el amor le ganó a la pasión…

No me arrepiento del todo pues si te regale aquella medalla que lucía en mi cuello desde el día que me conociste hasta el último instante del nosotros, fue para que siempre que la tengas sepas que me sigues poseyendo a mí, y que de la misma forma que en la primera vez, nos saldrán sobrando las palabras en cuanto tu lo quieras así…


“la única bonanza”

Esa misma noche encontré en otros brazos lo que tú jamás quisiste darme, en su dulce cuerpo me halle como jamás lo había ni siquiera imaginado. Y la verdad agradezco a la vida por haberme apartado de ti, agradezco que ahora si conozco lo que es el amor de verdad, un amor que no lastima ni desestima, que me eleva al punto justo en el firmamento, desde donde ahora veo todo tan claro como a la primera hora de la mañana.

Aquella misma noche supe lo que era ser feliz, y aunque jamás supe nada de ella antes de ese mismo segundo, ella sabía muy bien lo que yo necesitaba, ella sabía perfectamente lo que era en aquel momento, hoy yo sé que sin ella no podría haber seguido, y sé que aunque el destino siempre fue cruel conmigo, ella es ahora la única bonanza que desde siempre necesité.


“si tan solo”

Si tan solo pudieras volver a engañarme como con aquellas primeras fantasías, si tan solo pudieras volver a ser tan dulce como en los primeros días, yo podría volver a amarte con tal frenesí que mi alma jamás se cansaría de ir a tu encuentro:  si tan solo quisieras volverme a besar, y con ese beso te volvieras a entregar, yo podría construir un barco de cristal y zarpar a la deriva de tu búsqueda incansable, si tan solo me dijeras cuanto me amas yo podría quererte con la misma fuerza que se quieren los amantes del cantar de los cantares, y mi piel sería una con la tuya, y tu vientre sería la fuente inagotable de leche y miel, tu espalda sería la atalaya indestructible en donde se guardarían mis más bajos deseos, y tus ojos serían ya la paz que durante tantos años he buscado sin éxito alguno…


“increible”

Te ofrecí mis labios y me dijiste un te quiero en el silencio eterno de un primer beso, supiste encontrarme en donde nadie más había buscado hasta entonces, mírame hoy pequeña: siento que estoy a punto de morir de tanto amor, es difícil de entender que pueda, como dice aquella hermosa canción, amarte tanto y no sufrir del corazón, es difícil de entender que sepas cada una de mis frases, que conozcas cada parte de mi cuerpo, que te hayas vuelto parte de mi esencia,  que no exista un adiós entre tu y yo, y que aunque el mundo no lo entienda , podamos ser tan felices como la primera tarde de abril que vio nacer nuestro furtivo amor.