-Memorias del Profe-

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“en mi oración de la noche”

Ya te lo dije, pero lo volveré a repetir ¿Dónde has estado escondida la última vida?

Te necesitaba mucho antes de conocerte, te deseaba mucho antes de recordarte, y ahora doy gracias a Dios por tu presencia en mis días.

Doy gracias a Dios porque has venido a mí, sin esperarte, sin buscarte, sólo has llegado y te has convertido en el todo.

Lo prometo, hoy estarás nuevamente en mi oración de la noche.

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“sigues”

Me pregunto si quizás hoy piensas en mí, si acaso mi nombre aparece por tu mente, o si ya solo un fantasma de tu pasado, si llevas en tu pulso ese decario que un día te di o si ya lo has olvidado sobre tu buro.

Deberías saber que cada vez que voy por la calle me encuentro por tu recuerdo en cualquier lugar, deberías saber que no respiro por estar esperando a que me devuelvas una de mis llamadas; deberías saber que nunca jamás podré superarte, que desde esa única noche te clavaste en mi terco corazón, que llevo tus brazos tatuados en mi espalda y el olor de tu pelo entre mis dedos.

Eso lo deberías saber ya, pero tú jamás sabes nada de mí, continuas con tu vida como si aquella vigilia jamás hubiera existido, como si la playa no nos hubiera acompañado, como si las palomas jamás hubieran viajado desde lejos, como si el cielo no se hubiese teñido de rojo sobre los dos, sigues con lo que dices es tú vida mientras yo, continúo preguntándome a diario por ti…


“aquel andador”

Creo que pudimos alcanzar a la luna si hubiéramos comenzado más temprano; en realidad nadie sabe qué fue lo que paso entre tú y yo aquella noche en que nos revestimos de cristal, fueron tus labios tan dulces y certeros que atravesaron mi alma, dejándole una enorme herida por donde desde entonces se me escapan los suspiros para ir en tu búsqueda…

Ese día prometí que te acompañaría a donde quiera que fueras, ¿recuerdas como miraste la primera vez?, yo si lo tengo presente, yo si sabría decirte el momento exacto cuando entraste a mi vida, y como aquel andador fue el primero de nuestros testigos…

Y aunque hoy tu certeza es solo una despedida anunciada, puedo asegurarte que volveremos a encontrarnos cuando tú lo decidas, que yo estaré aquí una o dos eternidades para poder volver a verte llegar…


“silencio”

¿Recuerdas aquel día?

Un día de primavera, un día de amor, con tanto tiempo para los dos que nada más nos importaba, con la lluvia yéndose al cielo; con el agua humedeciéndonos el alma, con tu cariño inundando mi mente y contigo ahogándome en pasión.

Ya son tantos años, ya es tanto tiempo, pero todo vuelve a ser lo que fue en aquellos días, el cielo hoy me dice que añora tu lluvia,  mi alma me dice que añora tus besos; y yo aun te recuerdo, te recuerdo en el bullicio pero te recuerdo aún más en mi silencio, hoy solo aspiro a regresar; contigo volviendo a ser lo que fuiste conmigo…y conmigo, conmigo guardando silencio…


“en mi tiempo muerta”

Tan triste desde que tú no estás; pero a veces me toca un rato de sol para volverte a ver por la ventana de la verdad, por la vereda del pasado en bicicleta, en sonrisas envuelta, en mi tiempo muerta, por siempre desierta, como aquella tarde de verano cuando me diste la primera carta con tu rostro lleno de nostalgia…

Tan lejos desde el día que te perdí; pero a veces logro encontrarte en aquella nota musical que pocos pueden escuchar, y como siempre intento atraparte en mis recuerdos para que con cada día te hagas más el viento en mi cara, cada vez más el cielo que me depara y el infierno con que se me amenaza, como un canto difícil de olvidar o de recordar, según cuanto su sonido te duela…


“recuérdame”

 

Recuérdame, como si ni un solo día hubiese pasado, como si el abril jamás hubiera sucedido, tan solo esto te pido; que recuerdes cada beso que te di en las oscuras noches de algún invierno eterno; que jamás suceda nada que me aleje de tus pensamientos, nada que haga que encuentres el amor en otros brazos que no sean los míos, los mismos donde posaste tu corazón aquel día frente al mar de Diciembre. Recuérdame cuando te sientas sola y cuando tomes como cada noche esa taza de café cargado, no me olvides en las frescas mañanas de los meses que vienen, no me dejes ir entre oscuros abismos que jamás me dejaran salir si tú me abandonas hoy.

Recuérdame, como si hubiera sido tu primer amor, como el hombre que más te ha amado y que siempre te ha esperado; solo recuérdame y vive para siempre en un dejá vu, el mismo que me encierra desde el primer día de esta odiosa primavera…