-Memorias del Profe-

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“perdí”

Contigo perdí mucho más que sólo una tarde conociendo aquella Verde Antequera, contigo perdí los miedos y las cárceles del pasado, me perdí en tus ojos, es cierto, me perdí para jamás recuperarme, me perdí para poderte encontrar en mi vida, ven a mí, toma mi mano, mira como palpita mi corazón de emoción con sólo tenerte cerca, mira como mis palabras no se hilan bien con mis ideas, es el resultado de tu bendita presencia, me perdí en ti, para poderme hallar en un mundo que nunca supo de mi más que mi primer nombre.

Contigo perdí más que sólo un par de horas; perdí la poca fortaleza que me quedaba, perdí mis ansías eternas de esperarte, y ya me decidí a no dejar que pase el tiempo, cuando podría estarme dedicando a sólo hacerte feliz, mi bien amor, mi bondad encarnada, mi destierro sutil, un cristal que refleja sólo lo que quiero ver, me he perdido en ti, pero es mucho, mucho más lo que he ganado.

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“nunca más”

Prometiste volver a aquella iglesia, lo prometiste y creí en tu palabra: me convenciste como a un pequeño, y vendado caí en tus manos, siempre pensé que sería maravilloso tenerte a mi lado, y tú presencia solo fue una herida en mi costado.

Daría lo que fuera por volver a aquellas noches en La Verde Antequera, pero ya no más, nunca más a tus mentiras, nunca más a tu hipocresía, nunca más a mirarte fijamente a los ojos con la esperanza de ver verdad en ellos. Nunca más, a la noche en Santo Domingo y a la madrugada acompañada de aroma de café.


“y nuestras palabras”

Son palabras sencillas las que hoy se desprenden de mis labios, son frases que tu entiendes muy bien; que nadie más sabe comprender ni esperar, todo lo que quiero decir te lo comparto en esta tarde junto a ti, todo lo que quieres escuchar de mi se queda grabado sobre las piedras de este antiguo parque y es que para nosotros la Verde Antequera jamás es igual, siempre habrán calles por las cuales caminar, siempre habrán nuevas personas escondidas entre las sombras, y viejas mujeres apresuradas por sus miedos y opacos hombres prisioneros de sus mentiras, siempre habrán de estar aquellos globos que tanto te encantan, y por supuesto que siempre habremos de estar tu y yo, y nuestras palabras, nuestras palabras ellas también…


“en la noche de rábanos”

Aún puedo soñarte, quiero pensarte tal como nuestra primera vez; revestida de aquel traje típico que tanto te disgusta y todo por verme feliz, en la radio sonando aquella canción de Edgar Oceransky, y juntos camino en un coche a la noche de los rábanos en esa bella ciudad que nos recibió solo para vernos amarnos cada vez más, solo para compartir nuestra felicidad.

Será invierno, y en la radio volverá a resonar fuerte como en la primera noche de rábanos, contigo y conmigo bajo el manto de cristal que fue aquella hermosa noche en la Verde Antequera, sonará el Faro como tantas otras veces, y sonará porque con ella tu corazón renacerá para abrigarnos del frío abisal, será nuevamente lo que fuimos solo por este día, por noche buena y Navidad…